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Ensayo Nocturno
Escrito por von-newman@hotmail.com (
![]() Ensayo nocturno
Mucho se hablan de las musas, de aquellas por las que simplemente el genio poético se enamora y comienza a escribir versos para ganar su amor. Muchas de estas musas son reales, imaginarias o ambas viven en el mismo plano, se entremezclan fundiéndose y confundiéndose en la cabeza, simplemente merodeando por la noche para cautivar a un incauto. Es la misma noche que se hace musa, con todo su encanto que fascina al poeta, aquel que por esas horas escribe, por el efecto del néctar negro, para poder apreciarla mejor y por un momento, tan sólo por un breve instante, hacerla suya. La noche es el espacio donde la pluma se encuentra en estado alfa, capaz de recibir las sensaciones que ésta le transmite con toda su magia, para poder crear el puente entre dos mundos: “este estado es como el crisol donde se mezclan los elementos que van a dar origen a la obra de arte y que nacen tanto del estímulo físico como del movimiento emocional: sensaciones, imágenes, recuerdos, fantasías, sueños…” Cuando se tiene un avión, un velero o yate, un camión o un auto y se está perdidamente enamorado de alguien, se le bautiza poniéndole el nombre de la persona amada. Así mismo, el poeta lo ha hecho con su enamorada. El título de “Nocturno” se le ha puesto a tantos poemas en honor de esa bella musa y, como en la vida cotidiana no sólo existe una Ana, o una Alicia o una Karen, sino que existen muchas mujeres con ese mismo nombre, así como lo hubieron y lo seguirán existiendo. Sin embargo, no es necesario que todas las Anas, las Alicias o las Karen sean idénticas, o tengan un rasgo característico –además de ser mujeres- para que se puedan llamar de esa forma. Los nombres engloban no sólo un color de cabello o de piel, tampoco el sólo color de ojos o de labios, no sólo engloban el dulce olor, o el tierno caminar, la grácil sonrisa o las fervientes caricias, sino que hacen referencia a toda una mujer y su contexto. En este caso el poeta tiene la ventaja de que al crear un poema sobre la noche, puede tomar un dato característico que de ella se ha inspirado para escribir esos versos, e incluso que para nosotros no sea el punto central del cual podríamos fijarnos. Así, por ejemplo, si pensáramos que de Karen escribiríamos sobre el rojo carmín de sus labios, o de su piel que es como la nieve, o de sus frágiles manos y silueta, podríamos mejor escribir sobre la sensación de celos que produce cuando va caminando por el súper mercado comprando fruta. Todo depende del poeta. Todo parte de la imaginación del poeta, quizá de la época en la que se desenvuelve, de las historias personales que ha vivido, de lo que es como persona, de las personas que están a su alrededor y que de cierta forma también le crean un tipo de ecosistema que es lo que él ve y en parte de lo que él escribe. Por tanto: “…toda obra literaria se compone así de una parte de imaginación, de recuerdos y de hechos, de nociones e informaciones recibidas durante la vida mediante la palabra y los libros, y de las raspaduras de nuestra propia existencia” . Por tanto, aunque dos poetas se fijen en Karen cada uno desarrollará su propio poema a cerca de ella, según todo lo que el poeta sea y todo lo que la dama le inspire, así se escriba por diferencias de décadas o de géneros. Manuel Acuña y Xavier Villaurrutia se han fijado en la misma dama -aclaro que no fue Rosario de la Peña ni Karen para que no se armen de un cuento melodramático-, y que ella los ha cautivado para crear hermosos versos que a su vez han cautivado a muchas generaciones. Acuña (27 de Agosto de 1849 – 6 de Diciembre de 1873) fue médico y poeta mexicano, nació en Saltillo, Coahuila y aunque su carrera literaria fue breve, es uno de los más grandes representantes de la segunda generación romántica de la historia literaria mexicana. Estudió medicina en la Escuela de Medicina en 1868, pero la dejó inconclusa, tan sólo cursó hasta el cuarto año debido a que éste se suicidara ingiriendo cianuro a los 24 años de edad. Manuel Acuña era parte de un grupo de escritores y pensadores de esa época en donde la genialidad radiaba por la puerta y las ventanas de la casa de Rosario de la Peña, una mujer ligada a los últimos años del poeta e incluso se llega a pensar que la causa mejor fundamentada de la trágica muerte de Acuña fuera el desamor por parte de ella. “Triste en el fondo pero jovial y punzante en sus frases, sensible como un niño y leal como un caballero antiguo” , así lo describe uno de sus amigos, Juan de Dios Peza, el mismo que narra en ese texto que el Nocturno a Rosario no fue su obra postrera, sino que varios de sus amigos ya recitaban de memoria esos versos tres meses antes del 6 de diciembre. La nostalgia y la sombra de muerte eran parte de la esencia –por lo visto- del joven Acuña, además de que su estilo era el tardío romanticismo del cual se inspiró muchas veces en Bécquer, un clásico modelo de literatura romántica, triste, arrojada, sombría, en desamor. La musa de la noche que visitó a Acuña, llevaba el disfraz del desamor cuando el poeta escribió su Nocturno a Rosario, poema que se declama con entusiasmo cada generación y que es un símbolo del infortunio amor. El poema consta de diez estrofas de diez versos cada una y cada verso de siete sílabas, por lo que hablamos de una armonía cuadrada y perfecta, su rima también es armoniosa y melódica. Contiene una variada gama de figuras retóricas como: el hipérbaton, la elisión, el encabalgamiento, la anáfora, la exclamación, la metáfora y en sí, todo el poema es un oxímoron por decirlo así. Acuña percibe una noche triste y desesperanzada, sombría y alucinadora, toda su nostalgia y enfermedad la pone en función del desamor que recibe por parte de Rosario y, él en vez de olvidarse de esa quimera se aferra más al dulce tormento, bendiciéndola, amándola, pensándola. En el poema también podemos ver la maravillosa observación, producto de los recuerdos de Acuña acerca de su hogar, como lo narra Juan de Dios Peza: “el sol de la mañana detrás del campanario, chispeando las antorchas, humeando el incensario, y abierta allá a lo lejos la puerta del hogar...” (VI) El Nocturno a Rosario es la obra más conocida de Acuña e indudablemente un símbolo del romanticismo que deja huella en cada estudiante o en el amante profundo de las letras. Mas no sólo destacó con este hermoso poema, sino, que también destacó como dramaturgo y periodista. Acuña se desenvuelve en una época de grandes cambios en la historia de México, incorporándose a sociedades literarias con el pensamiento de imprimirle a las letras mexicanas un sentido de nacionalidad y patriotismo y un elemento activo de integración cultural ante el triunfo reciente de la República y el renacimiento cultural mexicano. Manuel Acuña llevó hasta el extremo el sentido romántico de la vida y del amor, lo que en verdad no sólo con sus palabras sino con su muerte da un claro ejemplo del romanticismo puro. Por lo que se refiere a Xavier Villaurrutia (1903 – 31 de Diciembre de 1950) es sin duda la figura más importante en la literatura mexicana durante la primera parte del siglo XX. Nació en la ciudad de México y cultivó los géneros de poesía, crítica literaria y dramaturgia. Comenzó sus estudios superiores en derechos, aunque abandonó la carrera para dedicarse de lleno a las letras. Hizo estudios de teatro en el Departamento de Bellas Artes. Después fue becado en 1935 para estudiar un año en la Universidad de Yale, de New Haven, Connecticut, Estados Unidos, arte dramático. A su regreso aceptó una posición de maestro en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y colaboró en producciones del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). A su vez, Villaurrutia también formó parte de un grupo de genialidades de pensadores, escritores, periodistas y cultos del inicio del siglo XX. Los contemporáneos era el nombre de ese famoso grupo, al cual Diego Rivera hiciese un mural llamado “Contemporáneos”, en honor de ese círculo liderado por Villaurrutia. Miembro fundador de la revista Contemporáneos y cofundador de periódicos y revistas como Ulises, La Falange y Barandal. Xavier Villaurrutia, fue tan notable con sus letras, que a los cuatro años de su muerte, se instauró en su honor, el Premio Xavier Villaurrutia de escritores para escritores, que en definitiva es una corona de laureles para el mejor escritor, que conceden la Sociedad Alfonsina Internacional (SAI) y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, a través del Instituto Nacional de Bellas Artes de México. En la poesía, inspirado por López Velarde, pero influido definitivamente por el surrealismo, sus obras se distinguen por su oscuridad y referencias a imágenes de abandono, de desolación, de sobriedad y nostalgia y en definitiva de una presencia y relación constante con la muerte. Sus trabajos más destacados son Primeros poemas, Reflejos (1926), Nocturnos (1933), Nostalgia de la muerte (1938), Décima muerte (1941) y Cantos a la primavera y otros poemas (1948). Para Villaurrutia la musa de la noche no sólo le visitó una vez, o mejor dicho, él no sólo escribió una vez a cerca de ella, en su antología de Nocturnos muestra claramente la idea de la gran variedad de temas que la noche inspira. La musa lo visitaba cada vez vestida de alguna forma diferente de Mar, de Sueño, de Muerto, de Miedo, de Grito, como Eterno, En que nada se oye, incluso de Los Ángeles, de la Rosa, en su Alcoba, de Estatua y más. Cada poema, cada Nocturno, hace alusión a la noche, a la muerte, al amor, a la sensualidad, al miedo, al sueño… y toda esta gama de características de la musa la fusiona con otra más, menos profunda y más sensible a lo cercano. Es como si estuviese hablando de la misma mujer pero alguna vez siendo rubia, otra castaña, otra morena, una más pelirroja y así cada una de ellas y a la vez la misma inspirando formas nuevas e ideas arrebatadoras. Quisiera enfocarme en su Nocturno a la Rosa, por intentar hacer un juego de palabras con el Nocturno a Rosario de Acuña. Dos de los más grandes poetas dedicando su amor, su ingenio, su pasión y sus versos a la musa nocturna que es capaz de mostrarse en tantos disfraces. El Nocturno a la Rosa consta de once estrofas con diferente número de versos y éstos con distinto número de sílabas; tres estrofas de seis versos, tres estrofas de cuatro versos, dos estrofas de cinco versos, una estrofa de diez versos y una estrofa de tres versos. Cuenta con variadas figuras retóricas como: el hipérbaton, la elisión, el encabalgamiento, la exclamación, la metáfora, el oxímoron y la anáfora, de la que hace un uso extraordinario en el poema y es utilizada en demasía. Los dos primeros versos son los que nos hablan en sí del contenido del poema: “Yo también hablo de la rosa. Pero mi rosa no es la rosa fría” (I) Así, se pasa hablando de la rosa que no quiere hablar, de la que deja de lado como si ya se hubiese escrito de ella, hasta los dos últimos versos de la novena estrofa es cuando menciona de la rosa a la que le canta el poema: “es la rosa labial, la rosa herida. Es la rosa que abre los parpados, la rosa vigilante, desvelada, la rosa del insomnio desojada. Es la rosa del humo, la rosa de ceniza, la negra rosa de carbón diamante que silenciosa horada las tinieblas y no ocupa lugar en el espacio.” (IX, X, XI) Me voy a permitir emitir un juicio completamente personal de estos últimos versos, los cuales son todo lo contrario al tema de Acuña, ya que en éstos, Villaurrutia habla del sexo femenino, de esa rosa que es desojada en la noche, de la misma rosa de la musa a quien tan genial y magníficamente canta Villaurrutia. Con este juicio emitido denota la diferencia de temática en profundidad de la que hacen referencia los dos poetas, Acuña que le escribe al amor, pero a ese amor imposible, sin esperanza, al desamor que vive en sus noches oscuras; mientras que Villaurrutia le susurra al amor, el que provoca la pasión, la sensualidad, la cálida compañía de una mujer en la noche. Dos grandes escritores, dos grandes poetas de la literatura mexicana, que vivieron en épocas de transición, rodeados de genialidades de escritores, que encontraron en las letras su razón de vivir y que por ello dejaron inconclusas sus carreras, y uno de ellos incluso, Acuña, su razón de morir. La gloria dada a Manuel Acuña y a Xavier Villaurrutia después de su muerte no es tan grande como la que ganaron de la musa nocturna en vida, aunque esa misma musa fuese tan caprichosa dejándose enamorar por Villaurrutia y enamorando perdidamente a Acuña. Escoge el próximo pasaje
Versión
1 Escrito por von-newman@hotmail.com (
Nocturno
Si has de acercarte a mí
déjame decirte que tengo mi antídoto,
que no pienso si quiera mirarte,
¡Oh medusa!
¡Oh sirena inquietante!
Que embrujarme quieres con tu canto
y con tu belleza embriagarme.
No intentes seducirme,
... Leer mas
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