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Un pajarillo friolero
Escrito por Isabel60 (
Martes 15 de enero de 2007, día de mucho frío y con niebla. Me bajé del autobús para dirigirme al hospital y en lo alto de un árbol visualice a tres hermanos. Parecían arrecidos de frío y agotados, al parecer habían jugueteado mucho. Se pararon en el árbol desnudo de ramas oscuras pero que aun guardan su magia. Cada uno de ellos se puso en una rama y los tres mirándose. Eran hermanos gorriones que seguro tendrían miles de aventuras que contar, y en la cima de los árboles, habrán escuchado llantos y risas, alegría y penas…
Joaquín le decía a su hermano Serafín: - Pareces temblar venga no seas blandengue y echa otro vuelo más. Pero a Serafín estaba a punto de salírsele en corazón de los latidos tan fuertes que tenía. – No, estoy muy cansado- dijo Serafín a penas sin tener fuerza para que de su piquillo salieran estas palabras. - Bueno pues nada, tú te lo pierdes dijeron - Joaquín y Eugenio -. vámonos, este hermano está vago y muerto de frío. Así que ellos echaron a volar y allí se quedo pasmado Serafín. En esto que yo habiendo observado y escuchado me puso a hablar con él: – Oye pajarito que haces ahí, no ves que te quedaras frió y enfermaras – le decía, pero él no me escuchaba, tenía el ala cubriéndole parte de la mitad de su pequeño cuerpo que tiritaba. Volví a insistir: - Ehh gorrión vuela, vuela hasta otro lugar donde tengas más calor. Pero el pobre gorrión seguía sin escucharme. De pronto saqué mi cámara de fotos y le hice una instantánea. Quitó su alita y me miró con ojos tristes como diciendo: – Estoy muy cansado puedes ayudarme. – Naturalmente - le contesté - . Ven yo te cogeré y te daré calor. Vino hacia mí y lo puse dentro de mi abrigo en uno de mis bolsillos. Quedó acurrucado y cerquita de mi corazón. Al sonido de los latidos se quedó dormido y entro enseguida en calor. Mientras esperaba a que me tocara mi turno para hacerme una analítica, se despertó y me estuvo contando historias muy bonitas. - Sabes una cosa - me decía Serafín -, yo aquí en verano y en primavera me lo paso muy bien. Hay muchos niños que se asoman por las ventanas y yo les canto canciones que les hacen sentirse muy felices. Jugamos al escondite. Les hago cosquillas en sus manitas y en algunos que no tienen pelito por la quimioterapia, me subo a su cabecita y juego a patinar por ella. Ellos echan la mayor de sus sonrisas. Yo me pongo muy alegre al pensar que tal vez con mis juegos les puedo alegrar el día y hacer más llevadera su enfermedad. Bueno, esto también lo hacen mis hermanos, Joaquín y Eugenio, y alguna mariposa también viene a jugar con nosotros. Algunos días estamos aquí todos juntos y hay una algarabía de niños y niñas cantando y jugando. Serafín seguía contándome: - Con los abuelos también lo pasamos bien. Algunos no pueden oír, y entonces nosotros hacemos lo posible porque nos vean, vamos de un lado a otro de la ventana. Nos unimos en cadena las mariposas y nosotros y formamos un Arco Iris que ocupa todo el hueco de la ventana y al reírse se les ven sus bocas desdentadas, pero son felices. A los que no pueden ver y si que oyen les hacemos cantos españoles, gorgoriteos… ellos silban y así formamos el sonido más autentico y maravilloso de todo este lugar, haciendo que hasta los niños en sus incubadoras les llegue el sueño y no lloren más. - Menudo pájaro más parlanchín eres Serafín – le hablé cariñosamente. A la salida del hospital allí en las ramas del árbol estaban sus dos hermanos esperando y preocupados por él. Yo abrí mi abrigo para que Serafín pudiera salir del bolsillo. Él, que ya había recuperado el calor en su cuerpo y estaba muy descansado, emprendió enseguida vuelo hacia el árbol. Primero revoloteo un poco a mi alrededor como despidiéndose, y con alegres trinos se reunió con sus hermanos en el árbol. - FIN -
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