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ESCLAVOS DEL SEXO
Escrito por Isabel60 (
Antonio quedó conforme y pensativo a esa afirmación tan rotunda de Elvira. Ya pensaba en la cita con ella y su cabeza maquinaba lo que haría una vez sentado en la oscuridad.
¡¡Iluso!! ¡¡ Pobre hombre!! No sabía que toda la fila que había tras él de caballeros, ya obtuvieron en su día ese sí tan contundente. Elvira se quitaba los moscones de encima, como ella decía, con un sí que significaba un no ahogado que luego llevaba a la práctica. Y ese hombre no iba a ser más que todos los demás. No eran de su estilo y de su atracción todos los varones que superaban los 40. No le interesaban. Eso sí, se contoneaba delante de ellos y sacaba sus gélidos pechos escondidos tras una camiseta fina de algodón, que dejaba ver bajo ella dos guindas duras y jugosas. Los hombres que tanto la admiraban no se daban cuenta que ella era sólo una calienta braguetas. Elvira era una mujer atractiva, muy sexy y ella lo sabía. Sus gustos para fornicar eran los jóvenes que recién cumplían los dieciocho. A ella le gustaba dominar la situación y con ellos, con su poca experiencia, los dominaba. En sus días libres se paseaba por la universidad y embobalicaba a algún joven con sus contoneos y vaivenes de sus generosos pechos. En cuanto tenía oportunidad metía su felina mano en la bragueta de algún imberbe y cuando su falo se endurecía y se ponía recto como una vela, ponía sus carnosos labios produciendo una felación. No importaba el lugar, ella se las ingeniaba para dar cremallerazo al pantalón y succionar. Beber el fresco elixir del joven que, no se podía resistir a tan placentera situación, y tenía uno de los mejores orgasmos. Era tal el placer, que sus gemidos llegaban a dar más luz a los rayos del Sol. Las hojas de los árboles aplaudían y reían mientras por su tronco corrian gotitas de una resina espesa al sentir los gemidos de Elvira y el joven. Los pájaros entonaban una linda canción y copulaban en pleno vuelo. A las 21 horas ya bien anochecidas, allí estaba Antonio como un clavo, esperando ver a Elvira. Se había bañado y perfumado con Sculture, un perfume añejo, que su esposa en algún momento antes de morir le había regalado. Su pelo engominado daba aspecto de banquero o un alto ejecutivo. Su olor llegaba a todos los rincones. Algún hombre afeminado que pasaba por allí le echaba algún piropo. Pero de Elvira no quedaba rastro alguno. Al ver que los guardias de seguridad cerraban el comercio les pregunto y ellos dijeron no saber nada de la tal Elvira. Decepcionado y con el rabo entre las piernas, marcho hacia su casa… Escoge el próximo pasaje
Versión
1 Escrito por Isabel60 (
Sumido en un profundo enfado y decepcionado por el plantón que le había dado, bebió y bebió varios cubatas. Estuvo todo el fin de semana borracho y descuidó su higiene. Su cabeza, con tanto alcohol no andaba muy bien que digamos y, ... Leer mas
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