![]() Sinopsis
Después de la batalla, miles de soldados han quedado muertos. Después de cientos de choques de metal la vida continua, si muriera tal vez no regresaría con mi familia. Apenas puedo moverme, encuentro a un lado del camino un montículo con la cima curveada, lo suficiente como para protegerme de la lluvia y acobijarme junto a los matorrales que tiene, frente a mí hay un lago, me acerco, bebo copiosamente, sabe a gloria. Este lugar no es cómodo, pero es lo que tengo y a mi cuerpo no parece importarle, me exige descansar, me exige dormir aun cuando hay sol. Me quedo recostado mirando más allá del lago.
Y el cielo con sus nubes densas se funden con la montaña, cubriendo la nieve con espesa neblina de la tormenta próxima, mientras sus faldas son contrastadas por árboles de otoño y el solo que se oculta a mis espaldas los riega con su manto, dando un color dorado a toda la flora, el agua da el nítido contraste que me hace soñar despierto por instantes, recordando a mis hijos. Todo es un cuadro perfecto. Mis ojos empiezan a pesar, me desvanezco acobijado por el rastro de calor, mi capa desgarrada sirve de cobija… que suerte tengo de seguir vivo. La llegada del Padre Con ojos vivos y verdes la niña insiste a su madre en preguntar ¿cuándo llegará su padre? La mujer la mira con benevolencia y sabe que dará una respuesta que se escuchará a mentira a los oídos de la pequeña. - Posiblemente mañana mi amor – le dice con el cariño que es capaz de dar en ese momento. - ¿Mañana? ¿Cuándo es mañana? Todos los días son mañana y a este paso jamás llegará el mañana de Papá. La mujer la mira de nuevo y da un suspiro, no sabe que más contestar, lleva dos años diciendo que mañana, ya han sido tantos que el mañana ha perdido el significado. Cada noche la mujer recuerda a su marido partir. - Miyi, regresaré cuando termine la guerra. Lo prometo. - No tienes que ir, puedes mandar desde aquí a tus soldados – dice Miyi sin titubear, su marido hace un ademan con la cabeza en señal de desaprobación. Miyi se desespera y añade – ¡Acaso no somos importantes Garp! - No quiero ser grosero – dice Garp mientras la abraza y baja el volumen de su voz, al grado que le susurra poco a poco al oído – pero, ¿te has puesto a pensar en que no eres la única esposa que llora por la partida de un ser amado? Ustedes son lo más preciado de mi vida y por las dos quiero cumplir con mi deber, jamás me perdonaría el no ir y que un día los Templarios llegasen y arrasaran con nuestro pueblo. - … – Miyi lo mira en silencio, es como si le hubieran dado con guante blanco, en silencio una solitaria lágrima escapa de su prisión, abraza con amor a su amado. Sabe bien que podría ser la última vez que lo haga. El recuerdo es doloroso, hoy ella se acercará al fuego de la chimenea, esperará a que su hija duerma y llorará en silencio. Desperté en medio de aquel cubil que me ha guarecido increíblemente de la lluvia. El piso de mí alrededor tiene mi silueta seca. Yo creí que nada podría sorprenderme. Me duele todo el cuerpo. Siento como los arañazos de la batalla incordian a mi modesta serenidad, en los sueños regrese a mi hogar y las heridas me regresan a la realidad. Me quedo sentado un par de horas más, hundido en un estado de sopor aletargado, mi cuerpo me pide que no avance aun. La lluvia de nuevo se hace presente. Es un canto contrastante con mis molestias. Me pongo de píe y salgo a bañarme con la naturaleza, voy a pasar frío, no hay elemento para poder hace un fuego, pero mientras me olvido de ello y siento el correr del líquido por las palmas de mis manos, mis ingles empiezan a recibir esa sensación de frío al pasar el agua por ellas, un latigazo en mi espalda me recuerda lo que es estar vivo, mientras por momentos las aberturas de mi piel se impregnan de ardor. El hambre revela su escondite, podría comerme un cuerpo del campo de batalla, pero estoy seguro que cada bocado me sabría a dolor. Dejo mi ropa colgada en el matorral, se moja con la lluvia, pero aquí en este refugio apenas hay espacio para mí, me cubro lo mejor que puedo con la capa, esperare a que la lluvia cese para poder empezar mi regreso. Pasan solo unos minutos y mis ojos vuelven a perder contra el sueño. Durante esos dos años Miyi aprendió como arar la tierra, a dar de comer a los animales y a regatear en el mercado cuando los dueños querían pasarse de listos. Su hija, Denne ha empezado a hacer mandados a los vecinos, le pagan apenas algunos centavos, pero le han servido para ahorrar y comprar algunos gustos de niñas de su edad, dulces y pastelillos realmente. Denne pasa toda la mañana con su madre, aprendiendo sobre los oficios de la tierra y del ganado que tienen. Unas guantas gotas me han despertado, el agua se ha filtrado a través de la tierra. Pero empieza a parar de llover, de hecho solo son unas cuantas gotas las que ya caen. Me desperezo y abro la boca para beber a cuenta gotas lo que la naturaleza me ofrece. No puedo creer lo que veo, mi ropa parece seca, la tomo y si, está así. Qué maravilla, y siento como el dolor me ha disminuido considerablemente, puedo empezar el retorno sin más demoras que el hambre, cuando me percato que enfrente de mí hay un enorme filete… y puf. Desperté con esa sensación del estomago vacio, mi ropa sigue húmeda, pero al menos la lluvia si ha parado y las nubes se mueven al son del viento, dejan entrever que dentro de un rato la noche será más bella que el anfiteatro de la ciudad. Me apresuro, me llevo la ropa bajo mis brazos, está fría. Rodeo el lago en busca de algo de comer, esos manzanos servirán. Mientras corto algunas manzanas observo que hay algo entre dos árboles, me acerco y es el cuerpo de un soldado, la desgracia de uno es la dicha de otros, sus botas están mejor cuidadas que las que traigo y aunque me queda un poco grandes son lo suficientemente gruesas para quitar un poco del frio que siento en las plantas. La luna ilumina como si el mismo sol existiera en las noches. Algo más lleva este soldado, una esfera sostiene en su mano, color azul turquesa, parece valiosa, si llego al pueblo podré cambiarla por algo de comida, sino estoy equivocado llegare en dos días. Empiezo mi andar, doy una bendición a mi hermano caído en batalla y me retiro del lugar, sus ropas no me son de ayuda… Entonces una sensación inocua me invade, como si me encontrará en una realidad distinta, mi percepción de las cosas es distinta, miro todo como si fuera… como si fuera más real. Observo la corteza de los árboles y la luz que lo tiñe parece separarse, es decir no la veo como luz que se fusiona sobre los objetos, sino como la luz que me muestra los objetos, las hojas parecen moverse independientemente unas de otras y aun cuando sé que es así, aquí parecieran como si cada una de ellas fuera única e irrepetible, mi perspectiva cambio de un momento a otro, si no puedo entenderlo, sino puedo trasmitir la sensación ni puedo explicarla del todo, es por el hecho de que nunca he vivido algo parecido. Sigo avanzando con mi “nueva” percepción de la realidad hasta llegar a la bifurcación del camino, un momento de reflexión y no recuerdo si el camino fácil es el derecho o si el camino directo es el complicado. Empiezo a sentir el cansancio, he caminado por horas. - Yo te guiaré – escuche una voz, proveniente de mi cabeza. - ¿Quién…? - Si confías en mí, yo te guiare – repitió esto tantas veces hasta que el sopor me invadió y me deje guiar. Es extraño, mi cuerpo reacciona por sí solo, me siento como en un estado aletargado, donde no puedo moverme a voluntad pero mi conciencia de las cosas está intacta. He caminado por tres horas sin parar, carezco de sensaciones, donde había hambre ahora hay una nada, donde estaba el dolor ahora solo está el vacío… - No te preocupes – dice de nuevo esa voz – yo te guiare. - ¿A dónde? – pregunto mientras me percato que no hablo, sino que lo digo para mis adentros, estoy prisionero en mis pensamientos. - A casa – me respondió. - ¿Quién eres? - ¿Acaso importa? Te llevare al lugar que tu corazón clama. - Sí, me importa, dime quién eres. - Puedes llamarme Selene. Y así el silencio se hizo presente. Camine por día y medio hundido en ese extraño estado de conciencia y ahora me encuentro en la entrada de mi pueblo, a unos minutos de encontrar a su amada. Miyi ha tenido la sensación de que no volverá a ver su esposo, ha visto que algunos otros soldados han vuelto de la guerra, ha preguntado por todos los lugares posibles que si le han visto, pero ninguno le ha visto desde que se dividieron en batallones. Mientras Denne mira con entusiasmo a los recién llegados, está ansiosa por ver a su padre. El soldado recién llegado observa sus manos sucias, por instantes le ha parecido que puede volver a mover su cuerpo, empieza a entrar en su estado de conciencia habitual, toma un leve descanso pues la sensación de mover sus músculos a voluntad le parece extraña. De repente observa a Denne en la plaza, ella al mirarlo corre, le extiende la mano y le da una flor. - Tenga señor. Un obsequio por salvarnos de las personas malas. ¿Acaba de llegar verdad? - Sí – responde titubeante. - Usted debió ser un gran guerrero señor. Mi Papá también lo era – dijo ella con gran orgullo. - Ya veo ¿cómo se llama él, pequeña? - Gard señor ¿Le conoce? – le pregunta mientras la esfera de la mano del soldado se desliza como la arena entre los dedos. - Temo que no – dice el soldado mientras recoge el artilugio. - Yo creí que sí. Mi Madre me ha dicho que el llegará mañana, pero eso fue ayer, así que hoy es mañana, tiene que estar por aquí cerca. Y si le puedo decir un secreto – su tono sonó más a pregunta que a afirmación. - Dímelo por favor – dijo plausible. - Mi Papá llevaba colgando una esfera igual a esa. El soldado se queda callado, en un silencio que no le es incomodo, sino en un silencio de reflexión, cruza su pierna derecha sobre la izquierda y observa disimuladamente el nombre que se inscribe en cada par de zapatos para identificar a la persona si es que llega a caer en batalla. - Ten la esfera si gustas – le dice con amabilidad. - ¿De verdad? – le dice con entusiasmo – Papá se pondrá contento cuando observe que tengo una esfera igual a la de él. - Cuida de ella – le dice con toda la amabilidad que en ese momento su estado de shock le permite. - ¿Cuál es su nombre señor? - Jeremías. - Señor… ¡Gracias! Una opresión dolorosa se hizo presente en el pecho de Jeremías. Varias familias se encuentran en la plaza, parece que ha sido el día en que más soldados han regresado, y mientras algunas mujeres y niños lloran desconsoladas por la pérdida de su ser querido, otras ríen y desbordan lágrimas de menester al encontrarse de nuevo. Denne se pasea por la plaza hasta entrada la tarde, mientras Jeremías va directo a su casa, sus vecinos le informan que un año atrás su familia murió de tuberculosis, fue una desgracia pues nadie más enfermo. La conmoción invade su alma para convertir con el tiempo la esperanza en aceptación. Jeremías regresa a la plaza con los ojos hundidos en llanto, absorbe moco, se sienta en una banca y observa el atardecer, se da cuenta que Miyi va con su hija, las ve sentarse en una banca, con la mejor cara que le permite su estado se les acerca para saludarles. Su cara denota la tristeza, decide quedarse a platicar, algo bueno puede salir de ésta situación, siente que ya no tiene algo que perder. Denne corre por la plaza asustando a las palomas, le agradece varias veces a Jeremías por la piedra, ha obtenido un objeto invaluable para recordar a su padre. Miyi se siente agusto con Jeremías, es la primera vez que habla con un hombre sobre otras cosas que no sean trueques o regateos, ya no esperará más a su esposo. Reflexivo, Jeremías, se dice a sí mismo: “tal vez las noticias malas viajen en pares”, mientras con una piedra talla con fuerza el nombre escrito en la bota. Etiquetas
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1 Escrito por creadordemundos (
Las nubes se ocultan en el horizonte, como si quisieran huir de lo que está a punto de ocurrir. Diez años atrás la tierra tembló, el mundo se sacudió y la luna casi desapareció de Denla.
Tierras húmedas
A veces siento que ... Leer mas
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