Sinopsis
En un sueño errante vago,
hacía el despertar, despertar amargo. Alicaídos están mis párpados como gaviotas sin destino, esperando el ocaso, para resguardarse en sombras abatidas por el tétrico paisaje. Paisaje tétrico, repleto de ramas entrelazadas, manchadas de barro víl. Y yo, allí, postrado, exhalando rumores que se descuelgan de centenarios árboles, semejándose a lianas serpentinas. Y yo, alienado, envuelto en sombras, junto a la gaviota, sigo errando por sueños errantes, que se ondulan como las ramas arqueadas, corrompidas, arraigadas en el terruño suelo, a su vez arraigado en el cemento grís. Y yo, desalienándome, envuelto en sombras, junto a la gaviota, no miro, observo, a esas ramas que adquieren formas humanas, llenas de inhumanidad, entrelazándose unas con otras. Mis párpados amenazan con abrirrse. Abiertos, -!yo, despierto!-, disgustados mis ojos, no perciben ramas, sino formas humanas; personas. Sólo una cosa en ellas me recuerda a las cínicas ramas; el barro, el barro con el que están cubiertas, barro adherido a su piel. Con los ojos abiertos, percibo el vivir, de personas sin sentir. Y yo, palpito infeliz, en mi despertar, rodeado de gentío, me encuentro solo; admiro al cándido río, que yace rodeado de montañas y en su profundidad; calma, soledad. Quietud inquieta, golpea mí latir, al oír gente en tropel; felíz, porque sí. Entonces, por qué yo, por qué yo, y no ellos. En la oscuridad de la helada mañana, escucho un susurro invernal, que me dice: "Déjate arrastrar, por la masa de barro, sin más". No obserbo, miro y veo, lo que quieren que vea, alienado al fin estoy ?seré ahora...? Etiquetas
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