OTRA DE MIS CLASICAS “TORTILLAS MENTALES

Escrito por: José Luis Hernández Zurdo (Desconectado Offline), el 11 de abril de 2010
OTRA DE MIS CLASICAS “TORTILLAS MENTALES
Sinopsis
Un cuadro es como un hijo al que has creado y dado forma en ellos no irán tus genes pero si una parte de tu personalidad reflejada en cada pincelada ¿a que si? Esta frase dicha desde el cariño y la sensatez por parte de Isabel Gabriel, una Pizarreña convencida (Gracias AMIGA, por tan bellas palabras), es en esta ocasión la entradilla para seguir narrando de manera más o menos elocuente, mis historias, las del José Luis.

Hoy me apetece iniciar esta nueva parte de mis historias personales relacionadas en base a mis inquietudes vivenciales ya sea la “pintura”, la fotografía en todas sus facetas, las manualidades, a veces no suficientemente bien entendidas, o mi inclinación por principios naturales o la defensa del Medio Ambiente como forma profesional, o como condición de vida, asumida en plenitud de sentimiento, pues forma parte de la lucha por la existencia misma del ser humano en perfecta sintonía con su entorno.

Sin ningún género de duda, la pintura fue una parte de mi incipiente formación en el mundo del “ARTE” con mayúsculas, pues mayúsculo fue el lio en que yo me metí, al intentar desarrollar tan apasionante actividad sin recursos ¡y porque no decirlo!, sin apenas conocimientos, (si es que en algún momento de mi dilatada vida los he tenido, sea dicho esto de paso) como os conté en capítulos anteriores, cuando empezaba a “aprender”, algo, va y se me larga a Guadalajara mi “Maestro” en la distancia.

Cosa muy diferente fue la del Medio Ambiente, ya que por aquellos entonces la necesidad obligaba ¡y a mí me obligaba mucho!, sobre todo en lo concerniente a la manduca (comer día a día) pero como algo hay que tener yo tenía un abuelo materno, que hacia maravillas con las cosas del campo, parecía un piel roja (tribu apache) encontraba lo que no está escrito en los manuales de subsistencia como aditamento alimenticio.

Salir al campo con mi abuelo Anastasio, era siempre una autentica clase en vivo de naturaleza, no había cosa de la que no entendiera y a mí me regalaba continuamente la sabiduría suya, adquirida en sus largos años de vida, era natural de un pueblo de la provincia de Ávila, Madrigal de las Altas Torres, nunca me hablaba de su pueblo aunque era de talante abierto se hacía mucho de respetar, era recto pero asequible y siempre dispuesto a aclararte cualquier duda que le expusiera “que no eran pocas por cierto”. Siempre que salíamos al campo me cantaba una canción que yo no entendía mucho y que decía más o menos así; ahora que… vamos despacio… ahora que… vamos despacio…vamos a contar mentiras…tralara…vamos… a… contar… mentiras…tralara…vamos… a… contar… mentiras…por el Mar… corren… las liebres…por el Mar… corren las liebres…por el monte las sardinas…tralara…por el monte…las sardinas… y seguía con una retahíla imparable. Yo os decía que no la entendía mucho por aquel entonces, pues aunque no conocía físicamente el Mar, savia por el mismo lo que era y me preguntaba ¿Cómo por el Mar van a correr las liebres…? ¿Y por el monte las sardinas…?, pues por entonces no identificaba, “vamos a contar mentiras” con que esto en sí lo era.

Bueno volviendo a lo de la manduca que me pierdo en los recuerdos, con las cosas de mi abuelo, ¿pero qué queréis? si yo lo quería como si no hubiera mas ser en el mundo a quien querer, el me enseño a distinguir las plantas comestibles de las que no lo eran, al igual que las setas, que él adoraba y yo ¡para que contaros!, sobre todo las de cardo, eran y son verdaderamente exquisitas y sobre todo como las guisaba el “jodido puñetero” (esto dicho con cariño con mucho cariño…como no podría ser de otra forma). Al contrario que mi abuelo que me enseñaba como subsistir con las plantas del campo, entre otras muchas cosas, como os decía en anteriores batallitas sobre mi vida pictórica, mi tío Pepe “que estaba casado con una hermana de mi madre”, me enseño que también había otro tipo de alimentos en el campo que por aquellos entonces, e inclusive en nuestros días, se conseguían “muy fácilmente”, aunque hoy se realice la actividad que os explicare, con mejores medios para desgracia de quien iba a formar parte de esa alimentación, no es que este absolutamente en contra ¡NO! Si no que no comparto los métodos del matar por matar, a los animales. Matar por matar ¡sí! Ya que muchas de las veces se sale al campo, no en busca de un alimento, en ocasiones imprescindible, al menos por aquellos tiempos, si no por la mera satisfacción de cazar (matar se mire como se mira), pues de eso os estaba ablando en mi párrafo anterior, solíamos ir a cazar, a lo que se llamaba ¡la rivera! Que no era otra que la del río Manzanares en las inmediaciones de la finca de Casa Eulogio, entre los términos municipales. De Getafe, Pueblo de Vallecas y Rivas Vaciamadrid, en Madrid.

Mi tío solía pasar a buscarme por casa de mis abuelos, sobre las cinco de la madrugada, pues el recorrido que teníamos que realizar era muy largo y había que hacerlo a pie los aproximadamente tres kilómetros que había de distancia ¡Que a mis aproximadamente, cuatro años se me hacían eternos!, antes pasábamos a recoger a dos de sus compañeros de cacería, que vivían en lo que se conocía como el pozo del tío Raimundo, el susodicho se encontraba en una zona del Puente de Vallecas, en la parte que con el paso del tiempo se conocería como Entrevías. El pozo de tío Raimundo en realidad no se llamaba por aquel entonces así, se llamo muchos años después, cuándo colonos de otras partes de España, habilitaron sus casas rudimentarias en estos lares por absoluta necesidad, ya que el hambre no perdona y en todas partes de España “cocían habas” (dicho castellano) y sobre todo en muchos pueblos Andaluces.

No puedo por más que contar, que el “pozo” en cuestión estaba dentro de la huerta del tío Raimundo y que por cierto, sus aguas eran un poco duras pero muy frescas, de él nos aprovechábamos para abastecernos, llenando unas cantimploras de aluminio recubiertas de una tela color verde, como de terciopelo, que nos servían para beber durante nuestro largo día de caza. Si he de ser sincero, beber agua, lo que se dice beberla, la vivía yo solo, pues ellos ni la cataban, ya que llevaban sendas botas de vino hechas de cuero de las que se abastecían durante todo el día y que decían ellos “como forma de alivio” para su sed, en realidad quitarles la sed no creo que se la quitara, pues no paraban en ningún momento de echar un trago y de exprimir la bota. ¿Qué queréis que os diga? Que para mí no serian tal vez un buen ejemplo, pero yo me lo pasaba en grande viéndoles al cavo del día, mucho más contestos que cuando llegábamos.

La caza consistía en ir colocando sobre los lomos arados de las huertas de la rivera, las ballestas que llevábamos, estaban hechas de madera en su base principal en forma de cruz, rematadas con unos alambres gruesos en forma de circunferencia cuando estaban abiertas y dispuestas como trampa para los indefensos pájaros, estaban unidas por un muelle que unía sus dos mitades a las que colocábamos hormigas de alas, como cebo para atraer a las aves insectívoras, estas “las hormigas” las cogíamos el día anterior mi tío y yo rebuscando en los hormigueros de nuestro barrio, por medio de una piqueta, las hormigas de alas que iban apareciendo, las echábamos en un frasco de cristal en cuyo interior habíamos echado tierra del propio hormiguero, cubriéndola posteriormente con su tapa metálica, a la previamente habíamos realizado en la misma, sendos agujeros por medio de un clavo, este era el medio de transporte que utilizábamos hasta el lugar de caza.

Bueno y hasta aquí esta nueva aventura de mis vivencias de retoño, las cuales continuare, ya que en esta quedo sin dar respuesta a unas cuantas historias sin concluir, deseo que al menos os hayan entretenido y como siempre digo, de no ser así, el cometario corre por vuestra cuenta, las gracias a la lectura y los abrazos como de costumbre si...eso son gratis, así que quedaros con los que queráis, pero eso sí, no paséis de largo sin dejarme las “tiritas correspondientes” aunque estas dejen huella y causen daños colaterales ¡No seáis roñas!...
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Comentarios
Muy entrañable...tu infancia tuvo que ser muy agradable pese a pasar penurias según tus relatos, un besazo muy fuerte José Luis y sigue escribiendo
Escrito: 4 meses atrás
gra dijo:
Hola amigo!!!!!!!!!!!!!!!!! una vez mas leo y me entretengo y disfruto de tus
vivencias......y sabes una cosa??????????? me encanta
gracias por compartir cosas tan ricas.
un abrazo
gra
Escrito: 4 meses atrás
Muchas gracias por tu paso y por tus alentadores consejos, intentare si la pereza no me absorbe continuar con mis "tortillas mentales" en base a mis recuerdos de mi niñez, un beso muy fuerte para ti también
Escrito: 4 meses atrás
Me alegra un monton tu paso por estos lares, asi como tus reconfortantes comentarios, muchas gracias por todo y un abrazo si...eso AMIGA GRA
Escrito: 4 meses atrás
maripaz dijo:
Me preguntas que me pareció?, hermosa, una manera hermosa de traer al presente esos recuerdos, me gusta mucho como escribes, Jose no dejes de escribir y de compartir tus textos.
Escrito: 3 meses atrás
Hola tú, creador de tortillas mentales, de cuadros reflejo de lo que representa tu alma, de palabras que pintan tu vida, de la vida que ha dado color a la mia, y una gran carencia de cabello a la tapa de mi olla; resultan bastante reconfortantes tus palabras pues cada vez que las leo comprendo aun mas el significado de mi vida, la razon de mi existir y el camino a tomar en cada momento, eres mi ejemplo y por ello, por como tu eres, por lo que aprendo, te doy las gracias!!! Un besazo...si eso
Escrito: 3 meses atrás
Y yo me pregunto... ¿Qué es belleza?...Belleza es contemplar la grandeza de tu alma en este escrito tan cargado de ternura y recuerdos del pasado... que no pudieron olvidarse...belleza es el leerte... con ese tu estilo aterciopelado que eleva la mente a lo sublime y que no permite en su profundidad... que puedan los sentidos relajarse...belleza es recordarte...sin impedir por ello un escalofrió en estos fríos medios… sin siquiera tener con el paso del tiempo la belleza de olvidarme.
Un abrazo si…eso ISMAEL
Escrito: 3 meses atrás
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