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Egipto…Egipto
Escrito por Javier valladolid (
![]() Hacía tiempo que Himhotep permanecía inquieto en el campamento del desierto en territorio nubio. No sabía nada de su amigo y la única noticia de Egipto que le llegó fue de un nubio que, tras ser capturado en el desierto, perdido, sin montura y enfermo por deshidratación, dijo que Egipto iba a ser atacado por su pueblo.
Los espejismos y la tortura, no dándole agua mientras no hablara, le hicieron mella para contar ese secreto. No era ninguna novedad pues cuando no los tenían sometidos a su yugo o como aliados comerciales estos eran un pueblo muy belicoso; lo que había supuesto conflicto armados con ellos durante la última parte de la historia de Egipto. Lo que sí preocupó más a Himhotep fue que ese guerrero de un pueblo visto como inferior por cualquier egipcio, menos tal vez por el raro de su amigo el príncipe, comentara la enorme crisis económica de su país. Cierto que era solo un rumor pero ante él lo mejor era volver a Egipto a avisar. Pero, por otro lado, su amigo le hizo prometer que no volvería a Egipto sino iba él en persona a llevarle hasta allí. Tampoco había que olvidar que no podía volver por el sencillo hecho que seguramente estaría el nuevo faraón en el poder pues era difícil, por no decir imposible, que aun sobreviviendo a su empresa hubiera logrado apoyos como para derrocar al otro dios. Pese a todo estaba dudando pues una invasión nubia haría aun más daño al pueblo de Egipto aunque no pudieran dominarlo a causa de su inferior poder y unificación cultural. Si ayudaba a evitarla el nuevo dios le perdonaría la vida y le permitiría regresar. Desesperanzado solo le quedaba de su amigo el testimonio de su vida en aquel papiro que guardaba a buen recaudo en una vasija cerrada. “Apedemak”. Dijo el nubio en su lengua que el traductor aseguró que estaba diciendo el nombre del dios Pan-jere-Meki. Entonces sacó un cuchillo oculto, atacó a varios de los presentes y cortando una de las cuerdas de papiro de la tienda tratando de darse a la fuga. Fue detenido a tiempo a espadazo limpio sin tiempo para la agonía. Menos mal, las cosas habrían sido mucho peores si hubiera cogido un arco ya que es bien sabido que un nubio con un arco en las manos es una gran amenaza. Poco más sabían con claridad de sus vecinos aunque Himhotep tenía la hipótesis que, aparte de los estereotipos de la mayoría de los egipcios sobre esa cultura, se traba de una cultura tan compleja como la suya. De todas formas no podía verlo debido al nulo contacto objetivo entre ambos. Ahora, en un rincón apartado del interior noroeste del territorio conocido por los asirios como Kush, las preocupaciones por un ataque de los nativos eran más acuciantes que el comprobar esa hipótesis. Sin contar que Asirios, Persas, Griegos y Macedonio también podían intentar atacar Egipto. Más de dos siglos atrás los hititas ya habían desaparecido igual que otros muchos pueblos como por ejemplo los sumerios pero las amenazas al divino poder egipcio seguían vigentes. Egipto ya había tenido veinte dinastías como poco, sin contar la vigente, según los cálculos históricos que le dieron a Himhotep y la usurpación fue un duro traspiés para su concepción de la legitimidad dinastica en un futuro que, siendo extraño, sería mejor que lo anterior. Deseaba someterlos a la esclavitud por ello como a los nubios pero nada podía hacer y tampoco habría sido justo. A todo esto Himhotep permanecía inquieto en territorio nubio junto a un montón de soldados, mercaderes y demás personas asignadas por el príncipe; las cuales no llegaban al centenar. No dejaba de sentirse como el protagonista de la historia de Sinue pero tampoco podía hacer nada más. Allí en mitad de la noche quería explorar la zona pero su prudencia se lo desaconsejaba mientras había supersticiones sobre dioses y espíritus malignos que podían hacer mucho daño como pájaros gigantescos rojizos que enrojecen el cielo nocturno, atacando a los caminantes desprevenidos que se alejan de sus campamentos durante la noche. Finalmente se durmió pensando en los bosques del sur a varios días de allí. Escoge el próximo pasaje
Hasta aquí llega lo escrito para esta línea narrativa de la historia. Si lo deseas puedes contribuir escribiendo el próximo pasaje.
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