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CAPITULO 2 - EL ENCUENTRO (parte 5)
Escrito por ReGnuM (
![]() —Es una locura —apuntó el muchacho—. Si te descubren y ven el caballo ensillado, sabrán que te ayude, y entonces si que tendré problemas.
—Lo he hecho otras veces. ¿Qué te crees que no sé salir y entrar del castillo sin que me vean?. Había un par de muchachos revolcándose por el suelo, enzarzados en una lucha cuerpo a cuerpo mientras otros a su alrededor animaban la pelea y alentaban con entusiasmo a los participantes. La princesa se subió a la yegua y, cuando estuvo segura de que no había guardias, aprovechando un momento de jaleo salió a toda prisa del establo. Cruzó el patio silenciosamente y se alejó del castillo cabalgando al trote por un camino estrecho situado en el lado norte del puente, que conducía directamente hacia el valle, por un sendero oculto en parte por los árboles anchos y bajos. Justo detrás del caballo y la princesa salió a su caza un lobo de piel plateada, y cuando estuvo a su altura, brincaba y se cruzaba entre las patas de la yegua. Era un animal grande y peludo, con una larga cola, tenia cabeza alargada con un hocico prominente y una mandíbula poderosa, sin embargo, parecía todavía un cachorro, a juzgar por la vitalidad de sus movimientos todavía torpes y sus ganas de jugar. Ellewyn reconoció a Aeran, su perro lobo, que aunque había crecido bastante este ultimo año seguía siendo tan revoltoso como siempre. Se alegró de poder dar un paseo con su mascota y su regalo de aniversario, y disfrutar de la mañana soleada, la verde hierba, y la brisa suave del viento procedente de las montañas. El Solulari que acompañaba con su calidez y el tiempo apacible, hizo que la princesa perdiese por momentos la noción del tiempo. Su padre, el Rey, la había tenido confinada en su habitación, castigada mucho tiempo por uno u otro motivo, y ahora pasaba las horas ensimismada disfrutando del paseo por el prado y de su nueva montura. Cuando se dio cuenta realmente de donde estaba, rozaba ya casi la línea imaginaria y fronteriza que separa el reino de Brenia con el de Naudilun, y se encontraba medio perdida y desorientada. Después de cabalgar sin rumbo varias horas, le llamo la atención una larga hilera de humo que asomaba por el horizonte y dirigió los pasos de la yegua hacia un montículo cercano. Detrás se extendía una amplia llanura verde de hierbas altas y hojas puntiagudas, y más allá se podía observar un pequeño lago. Al otro lado de la orilla, una cabaña de leñador ardía, mientras varios individuos pintorescos daban alaridos. Ellewyn no adivinaba a distinguir en la lejanía las figuras de los personajes más pequeños, pero le parecieron miugras, uno de los clanes de los orcos; éstos eran sin duda una evolución de la raza, más inteligentes, peligrosos, y un poco, aunque muy poco, menos desagradables. Se preguntó que hacían tan al sur unos orcos de esa especie. Y sobretodo, se fijó en uno de los personajes: era enorme, al menos media dos metros y medio, todo su ser era como transparente, y relucía cada vez que los rayos de Solulari chocaban contra su cuerpo. Escoge el próximo pasaje
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1 Escrito por ReGnuM (
Cuando ya se disponía a dar media vuelta sin prestarle mayor importancia, un estruendo seguido de una sacudida resonó por todo el valle, la cabaña de maderas se deshizo rompiéndose con facilidad y a duras penas pudieron salir varios ... Leer mas
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