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CAPITULO 2 - EL ENCUENTRO (parte 6)
Escrito por ReGnuM (
![]() Cuando ya se disponía a dar media vuelta sin prestarle mayor importancia, un estruendo seguido de una sacudida resonó por todo el valle, la cabaña de maderas se deshizo rompiéndose con facilidad y a duras penas pudieron salir varios campesinos de su interior salvándose de quedar aplastados.
Ellewyn tomo su espada, salió al galope hacia la orilla más cercana del lago para tratar de ayudar y observar mejor los acontecimientos. Quiso seguir avanzando pero no encontraba lugar por donde acercarse. Tendría que bordear el lago, costeando la orilla hasta llegar al otro lado, y esto suponía un contratiempo, ya que la vida de aquellos lugareños estaba viéndose claramente amenazada. Θ Llegó Delfolank junto con las dos amazonas a un abierto entre los arboles y se dieron cuenta de la situación enseguida: un enorme gigante de cristal de dos metros y medio aproximadamente, estaba apunto de descargar su cachiporra sobre un indefenso leñador, que yacía en el suelo tumbado e intentando cubrirse para defenderse con los brazos. A pocos metros unos orcos de aspecto abandonado con la piel putrefacta, que se les caía a pedazos por los saltos que pegaban, e insuficientemente vestidos, perseguían a tres cochinos y a un par de gallinas, pareciendo saborear su carne antes de hora; mientras en un rincón un poco más alejado de la escena, enfrente de una cabaña derruida por completo y ardiendo hecha trizas, los tres pudieron ver a un hombre totalmente cubierto de mechones de pelos largos marrones iluminados por la hoguera y las maravillosas luces que despedía con las manos. El príncipe vampiro de las Montañas Nubladas apareció de entre las sombras de los árboles como una maldición alzando su espada y cercenando la cabeza de uno de los orcos que cayó al suelo con un sonido hueco. Se había situado estratégicamente entre el leñador y el corpulento jayán de vidrio en posición de defensa, y había podido evitar que descargase su maza sobre el desvalido aldeano. Aprovechando el factor sorpresa y el desconcierto del gigante, Delfolank lanzó una tajada con su espada de doble filo que golpeó en el pecho de cristal al hombretón, pero sus manos, que agarraban fuertemente el arma, no sintieron más que el temblor que se produce cuando se golpea una roca con una espada de acero. El gigante retrocedió dos pasos tambaleándose por el golpe, pero en su cuerpo no se advertía ni el más mínimo rasguño, aunque por el momento el príncipe había conseguido desconcertarlo y que perdiese la cachiporra que salió volando varios metros. Las amazonas habían dejado sus monturas atrás para poder adentrarse en el bosque a través de los arbustos y dando saltos en ziszás se habían colocado una junto a la otra unos pocos pasos por detrás de Delfolank. Aguantaban absorbiendo los impactos de rayos mágicos y los proyectiles de energía que les lanzaba el felpudo viviente que tenían delante, un hombre con el cuerpo cubierto de pelo, y respondían al ataque con bolas de fuego de colores verdes que hacían brotar en sus puños, y que luego lanzaban como si de piedras se tratase; para sorpresa de Delfolank, que no esperaba de unas amazonas aquel despliegue de aptitudes mágicas, y las observaba maravillado con el rabillo del ojo. —¡Cuidado! Eliseth, la amazona de cuerpo más robusto, gritó una advertencia a Delfolank justo en el momento preciso para que éste se advirtiera y esquivara a un orco que venía hacia él a la carrera con la intención de ensartarlo con un palo. Con un movimiento ágil, el príncipe vampiro rodó sobre sí mismo, y estando justo detrás del orco se giró sin apenas mirar. Otra cabeza de orco cayó al suelo. El gigante se iba incorporando, e intentaba recuperar su arma, pero se movía con lentitud. Delfolank aprovechó la situación para recobrar el aliento y situarse en mejor posición. «¡Brooooooooooooooooooommmm!». Desde su situación, el hombre peludo había lanzado un conjuro que levantó una polvareda de miles de piedras diminutas, que conforme avanzaban hacia el grupo arrasaron con todo a su paso. El vampiro y las amazonas, salieron despedidos por el aire y fueron a parar entre los escombros de la cabaña derruida. En un momento la humareda se desvaneció, y se hizo el silencio. Escoge el próximo pasaje
Versión
1 Escrito por ReGnuM (
El gigante había recuperado su arma y también su posición, y permanecía atento observando la escena. Al igual que los orcos supervivientes y el mago peludo. Cuando se asentó la calma, un socavón tremendo en el suelo les hizo pensar ... Leer mas
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