CAPITULO 2 - EL ENCUENTRO (parte 7)
Escrito por ReGnuM (Desconectado Offline), el 19 de agosto de 2008
El gigante había recuperado su arma y también su posición, y permanecía atento observando la escena. Al igual que los orcos supervivientes y el mago peludo. Cuando se asentó la calma, un socavón tremendo en el suelo les hizo pensar que tanto el vampiro como las amazonas habían sido sepultados entre el montón de piedras y arena, o quizá sus cuerpos se habían volatilizado por el impacto. Así y todo, el mago peludo se adelantó unos metros indicando a los orcos por donde habían caido supuestamente los cuerpos.
—¡Mirad bien por ahí! ¡Tienen que estar!.
Justo desde debajo de un árbol roto, caído detrás de la montaña de escombros, Eliseth la amazona arrastró el cuerpo de su compañera tirando de los brazos y trasladándola hacia un escondite improvisado, al tiempo que le ayudaba a recobrar la consciencia y le hacía señales para que se mantuviese en silencio. Al lado, a pocos metros, el leñador agazapado y otro hombre vestido elegantemente ayudaban al vampiro a incorporarse, y lo apoyaban sobre una roca. Delfolank con la cara sucia de ceniza y aún desorientado por el golpe, reconoció al leñador, mientras trataba de entender la situación y averiguaba a distinguir quien era la otra persona que tiraba con fuerza de la pernera de su pantalón.
Un orco pasó andando por encima de lo derribado a un metro y medio escaso de distancia, con la cabeza agachada y mirando abajo concienzudamente, hacia los escombros, pinchando con un palo por entre los agujeros y sin advertir la presencia del grupo escondido.
Todos mantuvieron la respiración un momento, temiendo ser descubiertos en cualquier instante.
—Ya he cumplido. Han quedado sepultados. —se dijo para si mismo el mago peludo— ¡Volved todos al vivac, y decidle a Gromar que el mensajero a sido eliminado!.
A la orden del mago los orcos se fueron agrupando, y cuando estuvieron todos reunidos dispuestos a regresar por el lugar por donde habían venido, el mago peludo desapareció con un hechizo de teletransportación.
—Se ha ido el mago. —susurró Hanna al resto del grupo.
—Permaneced en silencio y esperad a que se marchen. —ordenó Delfolank a los demás haciendo señales con el brazo.
Eliseth advirtió como se clavaba la mirada del leñador en sus pechos, dado que la postura que mantenía resultaba bastante erótica.
—Como no dejes de mirarme te sacaré los ojos. —advirtió la amazona al leñador, amenazando con su lanza. Y éste bajó enseguida la mirada al suelo, mientras se le coloreaban las mejillas.
—¡Callaos!. —ordenó de nuevo Delfolank a media voz con rostro severo.
El grupo permaneció en silencio y escondido hasta que por fin los orcos miugras, con el gigante de cristal en la retaguardia se iban alejando.
«...decidle a Gromar que el mensajero ha sido eliminado...»
El príncipe vampiro había deducido por las vestiduras que el mensajero al cual se refería el extraño mago cubierto de pelo era el hombre que los acompañaba. Llevaba una casaca azul típica de los hombres de la ciudad de Albathor en el reino de Brenia, aunque sucia y desgarrada, y portaba una caña hueca de las que son utilizadas en Brenia por los mensajeros para llevar pergaminos y manuscritos.
Aún no estaban demasiado lejos los orcos ni el gigante de cristal, ni había salido el grupo todavía de su escondite, cuando un gruñido los sobresaltó. Seguido de mas alaridos de orco, y una voz de mujer.
Delfolank asomó la cabeza por instinto al oír la voz femenina en apuros, saltó en medio del claro y fue a la carrera a prestar ayuda a la mujer que estaba siendo atacada. Las amazonas salieron tras él, mientras el leñador y el mensajero de Albathor salieron despavoridos hacia el bosque al ver como los orcos y el gigante de cristal estaban atacando a un tremendo lobo que parecía fuera de sí y a una jinete que blandiendo su espada se enfrentaba al gigante sin mucho éxito.
La escena siguiente fue aterradora: el lobo perseguía y derribaba a los orcos mientras les mordía con su poderosa mandíbula, las amazonas lanzaban bolas de fuego contra el gigante que poco a poco fue cediendo y rompiéndose en pedazos, la doncella guerrera atacaba desde su montura a cualquiera de los orcos que se le cruzara delante, y Delfolank, ojos de águila, apenas tuvo que hacer esfuerzo. Después de una sencilla batalla que duró poco, en el suelo, por todas partes, se podían adivinar pedazos de los cuerpos de los orcos, a la vez que había trozos de cristal del gigante esparcidos por el lugar.
Ellewyn había sufrido heridas. Así que la trasladaron a la orilla del lago, y con agua le iban limpiando, mientras que Eliseth trataba de sanar los cortes con algunas raíces medicinales.
—¿Y vos quien sois?. —preguntó Delfolank dirigiéndose a la doncella guerrera.
La muchacha de pelo violeta acariciaba al lobo plateado para tratar de tranquilizarlo. Estaba inquieto por la pelea y por ver a su dueña malherida. Ellewyn quería demostrarle al lobo que se encontraba bien y, a su vez, que las heridas que sufría no eran graves.
Se había fijado en el colgante que pendía del cuello del príncipe vampiro: era un abalorio moldeado en plata trenzado a una correa de cuero en el que se mostraba la cabeza de un unicornio. A Ellewyn le llamó la atención porque le recordaba al cuerno que le había sido entregado a su hermano Legow hacía poco tiempo como legado de familia.
—Soy Ellewyn de Talp, doncella guerrera a las órdenes del Rey Breme de Brenia. —la princesa quiso ocultar su alcurnia de momento y dar a entender al vampiro su rango de batalla. Así no iba a dar a conocer su linaje ni su posición social, y de momento daría una apariencia mas de combate— Llevas un colgante precioso.
Delfolank se miró hacia el pecho y lo tomó por la correa mostrándoselo a Ellewyn. Era un collar que le había acompañado desde pequeño y al que no prestaba ninguna atención, pero al que tenía una estima considerable.
—Bueno, lo es... —empezó a decir el vampiro.
Se detuvo al ver en el suelo un trozo de pergamino. Lo tomó, y lo leyó.
—“Pueblo de Nokthar: Es de vital importancia y de extrema urgencia...” —miró el pedazo de pergamino roto intentando hallar mas pistas del mensaje pero no vio nada mas— Es un mensaje a mi reino. Y parece urgente. ¡He de encontrar a ese mensajero!.
Hanna le dio un codazo a Eliseth.
—Nosotras también. Esos estúpidos se dirigen derechos hacia nuestros bosques, y tenemos que impedirlo. No queremos más intrusos en nuestras tierras.
—Esta joven esta herida. —dijo Delfolank señalando hacia Ellewyn— Deberíais quedaros aquí y cuidar de ella. Yo iré a por los dos hombres y los traeré aquí.
—Yo también voy. —sentenció la princesa guerrera— Se cuidar de mi misma, y además, estas heridas no son graves.

 

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Hasta aquí llega lo escrito para esta línea narrativa de la historia.

 
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