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CAPITULO 2 - EL ENCUENTRO (parte 2)
Escrito por ReGnuM (
![]() Eran dos amazonas —juzgó él— de piel desnuda y tintada de forma natural a rayas negras y blancas. Tenían un aspecto salvaje, pero a su vez, estaban completamente integradas estéticamente con sus respectivas monturas que también mostraban en su piel rayas negras y blancas, y esto les daba una apariencia hermosa en todo su conjunto. Sus cuerpos eran de curvas definidas y de líneas bien formadas, y no llevaban ropas que tapasen sus atributos, dejando ver sus pechos dibujados con trazos enredados hechos con algún tipo de pigmento negro. Montaban las dos un par de caballos grandes parecidos a las cebras pero de mayor envergadura, y al igual que ellos también llevaban una especie de cresta en la cabeza de pelos negros y blancos. Al parecer solo portaban como equipaje una lanza corta de punta larga y redondeada, con la que apuntaban ahora hacia el extraño personaje que se habían encontrado en medio del bosque. Sin embargo, no parecían haberse sorprendido.
—¡Tú “viajero”! —la palabra viajero había sonado como un insulto—. ¿Dónde vas? ¿Acaso no te han enseñado que hay que respetar la vida de las plantas?. Delfolank, que así es como se llamaba el vampiro, mesuró la posibilidad de librarse de aquellas dos jinetes con un solo tajo de espada, sin embargo admiro su valentía. —Sois dos jinetes muy osadas, —empezó explicando— o muy estúpidas, si pretendéis enfrentaros a mi con tan sólo unas lanzas. —Y tu un “viajero” muy engreído si subestimas nuestras habilidades por el hecho de ser mujeres, y llevar armas de adorno. —replicó la otra—. Estas en nuestro territorio. —Contéstanos.. ¿Quién eres?, ¿Y qué haces en nuestro bosque?. —Me llaman Delfolank, Ojos de Aguila, y no pisaría estas tierras si no tuviese una misión importante que llevar acabo. —¿Ojos de Aguila? —interrumpió una de las amazonas—. Si tus ojos son rojos, y no se parecen en nada a los de un águila. —Mirad, fijaos. ¿Veis allá a lo lejos entre las nubes la ciudad de Cielaire?. Las amazonas se miraron la una a la otra con desconcierto, temiendo que aquello fuese algún tipo de estratagema para pillarlas por sorpresa y desprevenidas, pero no pudieron evitar mirar hacia las nubes de soslayo. —¿Te crees que vamos a apartar la vista de tu espada?. Sabemos que Cielaire esta muy arriba, y bastante lejos, es imposible que puedas ver la ciudad desde aquí. —Pues ya sabéis porque me llaman Ojos de Aguila. —¡Basta! —interrumpió una de las amazonas bruscamente—. Ya esta bien de cháchara. Tenemos que conducirte a la linde del bosque. Tu no puedes estar aquí, tienes que marcharte. —Si no lo haces por tu propio pie tendremos que obligarte —añadió la otra. —Intentadlo —dijo el vampiro con una media sonrisa en la cara. Una de las amazonas envistió hacia él con su lanza en ristre, y éste se ladeo dejándole paso y evitando su ataque. De un salto se puso encima de la roca, y tomo posición de defensa. —¡Espera Hanna! —gritó la otra jinete, y salió detrás de la que ya había envestido. —Mira su colgante, es igual que el del caballero de la dorada armadura que nos ayudo hace días. —¿Dorada armadura? —se extraño el vampiro— ¿Acaso estáis hablando de mi lord Azrael? —¿Tu lord? —preguntó Hanna. —Mi lugarteniente —replicó Delfolank—. Yo soy el príncipe de las Tierras Nubladas, y voy de camino en busca de mi lord de combate para efectuar unas maniobras. Delfolank no concluyó la explicación, pues pensó en ese momento que quizás estaba dando demasiada información a unas extrañas. Por momentos, las mujeres dejaron su actitud hostil, y se acercaron hacia el vampiro. Escoge el próximo pasaje
Versión
1 Escrito por ReGnuM (
Hanna desmontó ágilmente de su montura, y se sentó en la roca al lado del príncipe.
—Hace varios días a nuestro campamento, —empezó a explicar la mujer con expresión muy seria— llegaron procedentes de otro poblado vecino unas ... Leer mas
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