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CAPITULO 2 - EL ENCUENTRO (parte 3)
Escrito por ReGnuM (
![]() Hanna desmontó ágilmente de su montura, y se sentó en la roca al lado del príncipe.
—Hace varios días a nuestro campamento, —empezó a explicar la mujer con expresión muy seria— llegaron procedentes de otro poblado vecino unas amazonas, y para nuestra sorpresa, nos atacaron. —Parecían como locas, estaban fuera de sí —quiso añadir su compañera para dejar patente que la lucha fue provocada. «¡Brauuuuuuuuuuuuuuun! ¡Bruuuuuum!». El estruendo que se produjo a continuación trajo de compañero un temblor que, aunque flojo, fue lo bastante potente como para que los tres en medio del claro quedaran perplejos y aturdidos, preguntándose que había sido aquello. Hanna miró a su compañera Eliseth, y ésta a su vez, buscaba respuesta en los ojos estrellados y rojizos del príncipe, pero su rostro delataba el mismo desconocimiento. —¿Qué ha sido eso? —preguntó finalmente el príncipe. —Vino de allí —las amazonas parecían haberse puesto de acuerdo en la contestación, pues las dos contestaron a la vez las mismas palabras y quedaron apuntando con sus lanzas hacia el oeste. Delfolank tomó su macuto, se lo colocó rápidamente sobre su espalda, y salió como una exhalación hacia el oeste. Las amazonas se miraron, y seguidamente montaron sus caballos veteados, y salieron tras él. Θ Otra mañana mas a Ellewyn la despertaban los golpes de espada en el patio de armas. Salió de su cama de un salto a mirar por la ventana con la misma ilusión que lo había estado haciendo estos últimos días nada mas levantarse, se froto los ojos y aguzo su vista, con la esperanza de poder ver esta vez entre los practicantes de esgrima a su hermano Legow. Sin embargo, tras escudriñar concienzudamente a todos los aprendices que en ese momento practicaban las lides no vió que su hermano se encontrara entre ellos. —Aún no ha llegado —pensó para sí misma. De pronto apareció por la puerta de entrada, cruzando el puente levadizo, un joven escudero tirando de las riendas de un animal de modales nobles y cabellos sedosos. Era un caballo tordo de pocos años de edad, pero de considerable tamaño; llevaba una estrella blanca dibujada en la frente y las patas ribeteadas de color gris canoso. Los ojos de Ellewyn se iluminaron, pues adivinaba que aquel potro iba a ser su corcel: el rey Breme le había prometido un caballo con esas características como regalo de aniversario para cuando cumpliera los diecinueve años de edad. Y es que en verdad, Ellewyn era ya toda una mujer, capaz de pelear como el mas diestro de los espadachines o de luchar cuerpo a cuerpo con el mas fornido de los guerreros, pero por mucho que hubiese aprendido técnicas de lucha y supiese manejar las armas, a los ojos de su padre, el rey, seguía siendo una niña. Se vistió deprisa y salió corriendo hacia el establo. Cruzó el patio de armas, observando sin éxito por si veía a su hermano entre los muchachos, y se dirigió directamente hacia su caballo. Entró en la caballeriza, se acercó al que supuestamente sería su nueva cabalgadura, y empezó a acariciar su lomo. Escoge el próximo pasaje
Versión
1 Escrito por ReGnuM (
—Así que por fin has llegado —quedó un momento cavilando—. ¿Cómo voy a llamarte?.
—Princesa, no debería estar aquí —dijo el escudero, que se encontraba oculto detrás del caballo sentado en una banqueta y preparándose para rasparle ... Leer mas
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