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La ilusión dorada
Escrito por keywordmaybe (
La ilusión me acopañó hasta mi casa, donde se acomodó, como los piés se acomodan a un par de viejas ojotas.
Entró para instalarse en las paredes, en los techos y rincones y en las estanterías de tantos libros... tantos viejos amigos, causadores y guardianes de tantas otras ilusiones, hermanas mellizas de esta misma niña dorada que me acompanhaba ahora. Dicen que los animales de estimación nos hacen compañía de una forma muy especial. Casi siempre describimos un perro que se anida a nuestros piés cuando estudiamos, un gato que se nos sube al cuello, un pájaro que regresa a casa por voluntad própia. Pero casi siempre los describimos como rellenando vacíos, soledades. La ilusión era diferente. No llenaba ningún espacio. Era dorada si, pero sin tono ni volumen, era luz, existencia. Era unicamente existencia, y sin ocupar ningún espacio se ocupaba de mí, me rellenaba cada rincón del alma, se me subía al cuello para ver que leía o escribía. Ya hasta espiaba lo que yo intentaba cocinar. Ilusión no me hacía compañía, como lo puede hacer un amigo o un familiar. Ella reinventaba el espacio, transformandolo en un lugar donde se estaba más allá de la soledad o la presencia. En ese espacio, yo estaba ilusionado. Yo era ilusionado y era ilusión. Los amigos venían a casa y rebuscaban los rincones. Me veían feliz, pero no preguntaban que pasaba, porque me miraban, y de alguna forma... entendían. Buscaban y buscaban por los rincones de mi alma, de mi casa, de mis historias, donde estaba la ilusión dorada. Nunca la encontraban... todo lo que se veía era la casa más alegre, amplia, como aumentada en su espacio... Yo también podía ver que las ventanas parecían estar siempre abiertas, escancaradas a un eterno día de sol. Que las flores crecían más rápido en las macetas, y que las ideas florecían en mi cabeza y transformaban mi vida de a poco. Pero también de a poco, fui dejando de ver esa cara dorada que un día me encontrara mirando el piso, sentado en un banco de jardín. Llegaba y encontraba la cálida casa, el confort del hogar, mi lugar... pero la cara dorada la veía menos... Hasta que un viernes al llegar, me dí cuenta que no sabía donde estaba... En un princípio me asusté mucho, y me puse a buscar y buscar, debajo de los muebles, adentro de las cajas... sabía que mí tarea era inútil, ya que lo único que encontramos es eso que no estamos buscando, y más si se trata de una ilusión... Al darme cuenta de esto, dejé de buscar y me senté ensimismado... ?Que le habría pasado? Cuando... en que momento la perdi de vista, de olor, de forma... empezé a sospechar seriamente que quizás nunca hubiera estado ahí, en mi casa... Que quizás nunca la ubiera encontrado realmente... Que podría haber estado, todo este tiempo... viviendo apenas una ilusión... Escoge el próximo pasaje
Hasta aquí llega lo escrito para esta línea narrativa de la historia. Si lo deseas puedes contribuir escribiendo el próximo pasaje.
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