De bruces con la realidad
Escrito por Isabel60 (Ahora online ¡Online!), el 25 de Mayo de 2008
De bruces con la realidad
Mientras que su mujer lo bañaba, él estaba cabizbajo. Avergonzado por el hecho de que era la primera vez que ella lo metía en la baño y lo restregaba como a su hijo de seis años. Nunca recordó, que su suegra un día también tuvo que desnudarle y lavarlo, ese día aun estaba azorado por la borrachera y no se dio cuenta de nada. Al día siguiente no recordaba nada en absoluto.
- ¿Sabes que ayer fue el cumpleaños de Raúl? – le decía Aurora para quitar importancia y la timidez de su esposo.
- Sí me acordé y le compré un regalo, unos bisontes para que cacen sus indios y vaya ampliando el fuerte, pero unos jóvenes que me propinaron una paliza, me los quitaron. Por eso me quedé sin conocimiento y tirado en el Callejón de las Margaritas.
Jerónimo Recordaba que era el Callejón de las Margaritas porque al despertar, fue lo primero que vio. Eso hizo que se orientara aunque no recordaba más cosas. Realmente tenía amnesia, y no recordaba nada. Inventó lo del regalo para salir del paso. No se acordó que el día veinte de abril era el cumpleaños de su hijo. Su angustia por el juego, y después la borrachera por el arrepentimiento de haber jugado y de no haber sido capaz de rechazar las llamadas de las maquinas tragaperras, no le dejaba acordarse de nada que no fuera jugar y jugar. Su cerebro cuando estaba jugando o bebiendo le funcionaba al ralentí, sus neuronas no eran capaces de discernir ni pensar en nada. Era como un mentecato obsesionado con el vuelo de los pájaros que al verlos queda pasmado pensando por qué se desplazan de un lado a otro y no se caen en cámara lenta al suelo.

Desayunaron todos juntos en la cocina. Felicitó su hijo y los dos se abrazan. Raúl quedó enganchado del cuello de su padre y le propinó un gran beso muy sonoro.
- ¿Papito, que me has regalado? - De los labios infantiles de Raúl salió la vocecilla que dejó a su padre totalmente inmóvil y sin saber que decir.
La abuela sacó un papel de estraza donde estaba envuelto un carro de madera tirado por dos caballos.
- Toma Jerónimo, me lo diste para que te lo guarda y para que no lo viera Raúl -, le decía su suegra entregándole el regalo para él se lo diera a su hijo.
- Sí, sí claro, como podría olvidarme de ti cariño - su padre emitía palabras entre cortadas entregándole a Raúl el paquete.
El niño al abrir el regalo y ver la carreta con los dos caballos, se abrazó de nuevo a su padre y le colmó de besos. “Jerónimo para sus adentro se repetía una y otra vez que no merecía tantos besos de su hijo, pero que le hacían sentirse muy bien”.
- Aurora, por favor me gustaría que me acompañaras al médico – pidió Jerónimo, casi rogándole, a su mujer.
- De acuerdo iremos juntos y juntos lo afrontaremos.
Por el camino Jerónimo se confesó a su mujer. Era la primera vez que se comunicaban y se contaban realmente los secretos.

 

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Escrito por Isabel60 (Ahora online ¡Online!), el 30 de Mayo de 2008
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