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Ludopatia y cambios en la personalidad
Escrito por Isabel60 (
![]() En un pueblo al sur de Ribagordo en la provincia de Córdoba, vivía una familia compuestas por un padre, la madre, un niño de de 5 años y su abuela.
Viven humildemente con el sueldo del padre que se gana la vida como peón de albañil. La madre ganaba un pequeño sueldo: iba de casa en casa limpiando y lavando la ropa de personas enfermas con mínimos recursos. Los ingresos de estas personas eran una pequeña paga de jubilación. Otros tenían la paga de viudedad, la gran mayoría estaba en condiciones económicas muy precarias, rozando los límites de la pobreza. Por cada prenda que lavaba recibía la cantidad de 50 céntimos. Ella además tenía que llevar el jabón. En su casa cada año hacían matanza y grasa le sobraba. Guardaba manteca que con ella hacia enormes cajas de jabón, de esta forma no le suponía ningún desembolso económico y lo que ganaba era íntegramente limpio. La abuela, que era su madre, también aportaba su viudedad. Una mensualidad muy pequeña, ya que aquí en España solo pueden disfrutar de la mitad de la paga del marido. Mientras ellos se iban a trabajar, la abuela se hacia cargo del nieto y lo cuidaba con cariño y mucho esmero. Preparaba cada día el desayuno. Una hora antes más o menos de que el niño se despertara, ella ya tenía la leche cocida. Leche que ella misma había ordeñado de una cabra que tenían detrás de la casa. Estaba en un corral y sin techo. Allí pernoctaba a la luz de la luna, la compañía de las estrellas y las inclemencias del tiempo. Era un pequeño corral preparado con sobrantes de las obras que el padre aprovechaba. En otro rincón descansaban en el suelo unas jaulas con gallinas. Estas tenían la costumbre de poner huevos todos los días. La Abuela cada día recogía sus huevos y le echaba uno batido a la leche del niño. Le preparaba un ponche para desayunar. Abuela y nieto se tenían un cariño especial. Prácticamente estaban todo el día juntos los dos. Ella le contaba cuentos e historias mágicas mientras calentaban sus pies y manos con el único calor del hogar que había en la casa. Jerónimo pidió un adelanto de su salario, estaba nervioso, su manos y frente humedecidas a pesar de no hacer nada de calor.. Aun eras día 10 y ya había pulido todo el sueldo de ese mes. Así un mes y otro nunca aportaba nada en casa. Poco a poco, las maquinas tragaperras fueron envolviéndole sin que él se diera cuenta. Era como el mejor de los amantes. Se abrazaba a ella y no veía momento de retirase hasta que sin euro en los bolsillos, ésta le repelía, y comenzaba su pesadilla de nuevo. La angustia le ponía una soga al cuello y no era capaz ni de respirar. Sus ojos se desorbitaban, su cuerpo comenzaba a temblar y su boca se quedaba seca como la mojama. Toda la euforia recibida momentos antes de coger varios premios, se convertía en un verdadero calvario una vez echado de nuevo el dinero en el corazón de la máquina. Un corazón despiadado que a él le estaba arruinando como ser libre. No era libre, necesitaba acudir y sentir el ruido de la maquina y ver las luces que alegres le indicaban de un gran premio que se dejaba escapar de las manos. Llegaba a casa desarrapado y nervioso. Gritaba por cualquier cosa sin importancia y a su suegra ya la había propinado algún que otro empujón. No toleraba que ella le dijera que estaba cambiando. Las abuelas son astutas y ven a 100 leguas problemas de las personas que más quieren y a Jerónimo lo quería porque era un buen hombre, el marido de su hija y el padre de su nieto. Pero ella notaba como por momentos Jerónimo perdía sensibilidad, se volvía áspero, gruñón y malhumorado. Escoge el próximo pasaje
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1 Escrito por Isabel60 (
De los 1.440 minutos que tiene el día, no era capaz de sonreír ni medio segundo. Se volvió descuidado en el aseo. Embustero en el trabajo y despegado de la familia. Mentir era el acto más notorio en su vida.
Aurora era un pedazo ... Leer mas
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