Atrapado en su propio juego
Escrito por Isabel60 (Desconectado Offline), el 27 de febrero de 2008
Atrapado en su propio juego
De los 1.440 minutos que tiene el día, no era capaz de sonreír ni medio segundo. Se volvió descuidado en el aseo. Embustero en el trabajo y despegado de la familia. Mentir era el acto más notorio en su vida.

Aurora era un pedazo de pan. Una buena esposa, dulce y melosa como el arrope, nunca contrariaba a su marido. Llegaba deslomada por el gran esfuerzo que tenia que hacer al restregar algunas prendes grandes como las mantas, que algún abuelo había ensuciado de caca, pises, o algún plato de sopa poco estable que se vertió y mancho el ajuar puesto en la cama.
Era limpia, afable, nunca se quejaba, por eso las voces corrían de unos a otros y era tan solicitada. Cada noche después de la dura jornada, entraba en la habitación del niño, no lo despertaba, solo ponía sus cálidos labios en la frente, besaba y contemplaba como dormía su hijo, allí estaba por un largo rato. Más de un día amaneció sentada en la silla a su lado y acariciando sus manos. Para las madres es muy duro tener que dejar a su hijo para ir a ganase la vida, se decía para sí. Sabía que el niño quedaba en buenas manos, las mejores manos que a ella le cuidaron cuando era pequeña. Ese no era su temor, si no, que el niño se estaba criando solo en la compañía de su anciana madre.


Jerónimo llevaba más de un año enganchado a las máquinas tragaperras. Antes de cobrar el salario del mes, ya lo había gastado. Pedía adelantos y mentía a su jefe, a los compañeros y a lo más sagrado que era su familia. Mentira tras mentira se iba cargando de deudas. Se endeudaba para saldar deudas de juego y así poder jugar nuevamente para eliminar la nueva deuda contraída. Así mismo se decía que todo se solucionaría enseguida, cuando le llegara una racha buena.
Un día y otro, era atrapado por las máquinas tragaperras que con el sonido al caer de las monedas y el derroche de músicas, palabras seductoras y colores en movimiento cada vez lo estimulaba más, lo atraían como la mejor de las amantes. Jerónimo sentía verdadero placer cada vez que la máquina le decía ¡¡¡Premio!!!

 

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Escrito por Isabel60 (Desconectado Offline), el 29 de febrero de 2008
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