Primeros indicios sospechos...
Escrito por Isabel60 (Desconectado Offline), el 07 de marzo de 2008
Primeros indicios sospechos...
Raquel, aprovechando que Raúl ya estaba durmiendo, salió de la casa para acallar las voces que su yerno daba dentro del corral. Un corral limpio que ella, por la mañana, se había ocupado en recoger las bolichas de abono que la cabra esparcía por el corral. También había limpiado las gallinazas de las gallinas para abonar las patatas que aun tenían que crecer y engordar en la mata. Las gallinas sin tanta mierda dentro de las jaulas, tenían más espacio para poder moverse y romperían menos huevos.

Percibía un olor extraño y no era de los animales ya que ella misma se encargó por la mañana de su limpieza. Apestaba a pis revuelto con alcohol y heces humanas. Una mezcla explosiva que al respirar le arañaba la garganta y hacía daño en sus pulmones. Pero no era momento de pensar en el desagradable olor si no, en aligerar y quitar de allí aquellas miserias para que su hija, al llegar a casa, no se encontrara con tan deplorable espectáculo.

Raquel era una abuela de 69 años de edad, su fuerza no era mucha, no podían resistir el peso de un hombre joven y grande como era su yerno Jerónimo. Aun así, saco fuerzas de su corazón y con la ayuda de Jerónimo, logró que éste se levantara a pesar de ir tres veces al suelo. Por fin él hombre puso un poco de su parte y logró mantenerse en pie.

Su suegra lo llevó hasta el baño y allí lo despojo de sus ropas. Transportó éstas dentro de una bolsa negra de la basura, y rápidamente la llevó hasta la pileta del corral para que no hubiera mal olor en la casa.
Le ayudo a lavarse, le seco, puso el pijama y sujetándolo de un brazo, lo condujo hasta el cuarto del matrimonio dejándolo sobre la cama.
Fregó bien el cuarto de baño con lejía y ventilo toda la casa.

Aurora llegaba agotada, el duro día restregando tantas ropas la estaba dejando sin fuerzas. Su madre ya la tenía un buen tazón de leche calentita, bien endulzada y colmado con sopones de pan del día anterior. Esa era la cena de cada noche. Trabajaba y trabajaba y no veía prosperidad en su hogar. Cuanto más trabaja, más pobre estaba. Saco de su pecho varios billetes arrugados que guardaba entre el sujetador y sus diminutos senos, algo lánguidos, por haber amamantado a su hijo hasta los 27 meses de edad. Movió uno de los muebles de la cocina, quitó la baldosa donde guardaba los ahorros que con tanto esfuerzo ganaba. Ese dinero, era la llave que abriría las puertas para que su hijo tuviera acceso a un buen futuro el día de mañana. Aurora pensaba y luchaba por darle una buena educación con el dinero ganado con el sudor de su frente y sus desgatadas manos . Tomó la bolsa transparente donde había más billetes y se dio cuenta de que faltaba bastante dinero. De pronto su corazón dejó de latir, la bolsa estaba menguada, alguien había sacado dinero de allí.
Esa noche entró en la habitación de su hijo para verlo y besarle igual que hacía cada noche. Allí amaneció al día siguiente. No pudo hablar con su marido para preguntarle en qué había gastado el dinero que faltaba de la bolsa.

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Escrito por Isabel60 (Desconectado Offline), el 12 de marzo de 2008
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