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Un día de suerte
Escrito por Isabel60 (
Jerónimo acudió a su trabajo con un dolor inmenso de cabeza por la bebida consumida el día anterior. Resaca, a eso se le llama resaca. Seguro que si llega a olerse lo que allí le esperaba, ese día no hubiera acudido al trabajo.
Además de tener una sed intensa, dolor de cabeza, mareo, visión borrosa, dolor muscular, y malestar general con nauseas y acidez de estómago, se le añadió que su jefe lo llamó a la oficina y le echó una gran charla. Él no estaba para esas zarandajas ese día por la mañana. Tuvo que morderse la lengua para y no contestar a su jefe de malas maneras. Aguantó el tirón mientras sus oídos y hasta las uñas de los pies le dolían considerablemente. Su jefe le dijo que acudiera al médico ya que no estaba en condiciones de subirse a un andamio y poner en peligro su vida y la de los demás. Además le dijo que allí no quería trifulcas y que de un tiempo a esta parte, él se estaba peleando con todos sus compañeros. Desde el oficial de primera, hasta con los aprendices. No había hombre en la empresa que no hubiera tenido roce verbal con él. Salió de la oficina y echó a correr como alma que lleva el diablo. Al doblar la esquina y perder de vista el edificio donde trabajaba, se serenó y fue más pausado en sus pasos. Realmente no sabía qué camino seguiría. Tomaría cualquiera menos ir al médico. Su cabeza se puso a divagar multiplicándose el dolor. Y se decía a si mismo que tenía que cambiar porque eso le arruinaría la vida y también la de su familia. En su mente se hizo buenos propósitos que quería cumplir y llevar a cabo en el menor tiempo posible. Dejaría el juego y no bebería. Seria el hombre amable y coherente que antes había sido. Sin proponérselo llegó hasta una casa de juegos. Era como si las maquinas tragaperras lo tuvieran atrapado y desde la lejanía como una dulce sirenita acudiera a su vocecilla. Todos los buenos pensamientos y cambios que unos minutos antes tenia en mente, se fueron al carajo. Su cara se transformó de la tristeza a una euforia total. Allí había montones de maquinas alegres, con colores llamativos y cantarinas para embaucar al los más débiles. Estaba visto que él sería incapaz de curase solo y necesitaría la ayuda de profesionales. Rodeado de música, voces y color, pasó toda la mañana con 50 euros que le pidió a su jefe, éstos serian restados de la paga del mes de julio. La paga extraordinaria ya había comenzado a gastarla antes de su tiempo. Aún no había terminado el mes de abril y ya tenía dilapidadas las mensualidades hasta julio y comenzaba con la paga extraordinaria. ¿Cómo un padre de familia podía llegar a esos extremos de fundir, quemar el salario en unas tontas maquinas que a cambio le daban color y palabras bonitas? La soledad de las personas nos puede llevar a cometer atropellos como el que Jerónimo, estaba cometiendo. El dinero que estaba destinado a cubrir los gastos familiares y alcanzar el ansiado bienestar, estaba siendo dilapidado, depositado en el cajon de la máquina, y a cambio realmente de tan poca cosa, pero que para las personas adictas, es como si tuvieran el mejor de los orgasmos. También era una forma lastimosa de paliar su soledad. Necesidad de jugar y lo hacia compulsivamente. Ese día parece que la suerte le vino a visitar. Había ido perdiendo a lo largo de la mañana los 50 euros, pero después tuvo un golpe de suerte y fue cambiando de maquinas y recuperó lo que otros habían echado en ellas. La suerte estaba de su lado. En esos momentos, iba hacer un nuevo cambio de máquina para abrazar a la Diosa Fortuna o la pérdida de todo su caudal, y no tuvo más remedio que ir al baño: en un intento de aligerar su tripa de gases que le hacían daño, se le escapó un pedete acompañado de heces blandas. Tuvo que dejar de jugar e ir al baño para limpiar, con papel higiénico, su calzoncillo manchado y el ojal por donde se escaparon algunos restos de su mórbida defecación. Afortunadamente se le descompuso la tripa y no pudo seguir echando a las maquinas. Estaba incomodo por la humedad que tenia en sus nalgas y el olor que desprendía su calzoncillo. Regresó a casa con 150 euros que parecían le quemaban en la mano. Allí se encontró con su esposa. Está sorprendida y él también, no supieron que decidirse. Se saludaron y besaron sus mejillas, muy coloradas las de él, y con cierto temblor en la voz al preguntar a su esposa que qué hacía allí a esas horas…. Escoge el próximo pasaje
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1 Escrito por Isabel60 (
Aurora le contestó que no se encontraba bien y ese día había vuelto a comer a casa, no iría a trabaja por la tarde. Ya tenía cita para que la visitara el médico estaba agotada y requería que la recetara unas vitaminas o algo para ... Leer mas
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