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Encuentro fugaz
Aurora le contestó que no se encontraba bien y ese día había vuelto a comer a casa, no iría a trabaja por la tarde. Ya tenía cita para que la visitara el médico estaba agotada y requería que la recetara unas vitaminas o algo para que su cuerpo tuviera fuerzas.
Después de ese saludo tan frío, Jerónimo se metió en el baño para lavarse, aun tenía la humedad en sus nalgas. Mientras caminaba de espaldas, Aurora le observaba y se daba cuenta de la desunión que había entre ellos dos. Realmente eran dos desconocidos. Por un momento se alegró de encontrase en casa y poder hablar con su marido. Mientras tanto éste no veía el momento para salir del baño. No quería encontrase con su esposa y pensó que dado que tenía dinero en sus manos repondría la cantidad extraída de los ahorros que su esposa iba guardando para la educación de su hijo. Salió del baño con cuidado de no cerrar la puerta para no hacer ruido. Iba por el pasillo de puntillas como si de una joven bailarina de ballet se tratara. Entró en la cocina y dejó la puerta entre abierta e introdujo su slip sucio en la lavadora. Rápidamente movió el mueble donde se encontraba la baldosa que custodiaba el dinero para el futuro de su hijo. Allí no había nada, debajo de la baldosa no estaba la bolsa transparente de la que un día sacó 130 euros. Con mucho sigilo puso de nuevo el mueble e hizo el menor ruido posible pero, por la rendija de la puerta, vio a su esposa como le miraba mientras terminaba de colocar el mueble en su sitio. -Jerónimo, quería hablar contigo de este asunto – le dijo su esposa señalando con el dedo la baldosa que había debajo del mueble -. Casualmente el otro día quite de ahí el dinero. ¿Tú has cogido dinero de ahí verdad? - No, no, yo no.... Bueno sí… pero iba a ponerlo en estos momentos. Lo tomé prestado para dejárselo a un amigo. Me lo pidió porque iban a operar a su hijo y al final no le han operado. - ¡¡Dámelo que yo lo pondré de nuevo en su sitio!! – contestó con énfasis Aurora. Jerónimo sin rechistar le dio los 3 billetes de 50 euros. – Aurora, necesito el cambio de 20 euros. Yo tomé 130 y los 20 euros me hacen falta para comprar tabaco. - ¿Desde cuando fumas? No sabía que fumaras. - Llevo fumando unos días. - Parecemos extraños no nos cocemos, ¿que nos está pasando? Jerónimo asintió con la cabeza diciéndole a su esposa – tú no estás nunca, hace muchos días y diría meses que no te acuesta conmigo. Pero si que tengo que aguantar a la arpía de tu madre, porque no se va ella de esta casa y te quedas tú aquí. - No es necesario que salgas a trabajar - decía con reproche Jerónimo. Nuestro hijo no hace falta que vaya al colegio. Tú no has ido y yo tampoco y vivimos, no nos falta de nada. Nunca nos faltó y éramos una gran familia. Tú siempre estabas aquí y lo tenías todo a punto. Hablábamos y nos queríamos y ahora a penas nos vemos, casi se me había olvidado lo guapa que eres. Y rodeándola con sus brazos y las manos, la trajo hacia su cuerpo. La dio un beso mientras la metía la mano por el escote para tocar sus lánguidos pechos que para él eran los mejores: canela en rama. -No, no me toques, y no te consiento que hables así de mi madre. Ella se desvive por tu hijo. Como puedes decir eso de ella. Además, tu suegra está en su casa ¿o es que se te ha olvidado que somos nosotros lo que vivimos de prestado? Jerónimo la dio un empujón que la hizo tambalearse, apunto estuvo de caer al suelo. Él dio un energético portazo y se fue a la habitación, afortunadamente, y se metió en la cama. Eran las 14 horas y Raúl, como casi todos los días, estaba con su abuela en el corral recogiendo los huevos y dando de comer a las gallinas. Este trabajo solían hacerlo por la mañana, pero ese día se quedaron dormidos y tuvieron que hacerlo a esas horas. Eso hizo que ni viera ni escuchara ninguno de los reproches que se hacían sus padres. Escoge el próximo pasaje
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1 Por sus ojos de color miel, brotaron perlas traslucidas que corrieron por su piel pálida, un cutis que comenzaba a adquirir matices del color del durazno que los primeros rayos del sol de la recién estrenada primavera ... Leer mas
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