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Preludio de Amor
Escrito por Isabel60 (
Por sus ojos de color miel, brotaron perlas traslucidas que corrieron por su piel pálida, un cutis que comenzaba a adquirir matices del color del durazno que los primeros rayos del sol de la recién estrenada primavera iban tostando con delicia. A medio recorrido de su frágil cara, las gotas saladas escapadas de su mar revuelto (su alma herida), ella recogió con sus dedos índices y secó de su cara las lágrimas con sus dedos corazón. Mientras tanto seguía poniendo el mantel, cubiertos, platos… para poder comer las alubias con verdura y chorizo que su madre había preparado.
Puso la mesa para cuatro comensales aunque intuía que su marido no vendría a comer. Le conocía demasiado bien, sabía que era rencoroso y metería la cabeza bajo el ala como el avestruz para no reconocer sus equivocaciones. No era muy dado a dar marcha atrás y tendría que ser ella quien pidiera perdón. Jerónimo era muy buena persona pero la ludopatía lo estaba volviendo arisco y desconsiderado, cambio su carácter. Nunca fue agresivo y tampoco se comportó mal con su esposa ni su suegra. Por eso a Aurora le dolió el empujón y sobre todo el comentario hacia su madre. Se daba cuenta de que su esposo no estaba pasando por un buen momento y eso le hizo que se pusiera en alerta para ver que le estaba sucediendo. Comió con su hijo y su madre. Recogió la cocina mientras la abuela le leía un cuento a Raúl en su habitación para que se durmiera la siesta. Al poco tiempo se asomó y vio que nieto y abuela dormían placidamente en la misma cama. Entró despacio en su habitación y puso sus labios ardientes en los de su marido. Para ella, eso era el mejor signo de que lo perdonaba y él también lo sabía. Éste se hizo el dormido y se dejó besar. Entreabrió una pizca los ojos y vio como el vestido de su esposa resbalaba sin ninguna prisa por su delgado cuerpo. Llevaba más de un mes sin verla desnuda. Aurora se quitó las braguitas y también el sostén. Eran de color negro y eso a Jerónimo lo excitó. Hizo que su miembro se elevara y él se ruborizara entre las sabanas blancas. En tanto Aurora se fue caminando casi de puntillas al cuarto de baño. Los ojos de su compañero no se apartaban de su pequeño pero duro trasero. Hasta que ella cerró la puerta del baño y dejó de ver el gran monumento, que para él, era el cuerpo desnudo de su mujer. A los diez minutos la habitación se colmó de un aroma a carne limpia y fresca. Ella hacia su presencia envuelta en una toalla blanca. Frente a su marido dejó caer la toalla he hizo intención de subirse unas braguitas color violeta. Pero unas manos que salieron de la cama no dejaron subir más la prenda femenina. Ella se tapó y cruzó las piernas con pudor. Pero su marido la atrajo hacia la cama. Ella movía negativamente la cabeza. Él seguía tirando de su cintura hasta que consiguió atraerla a su lado. Aurora no dijo nada y se dejo hacer. Se entregó en cuerpo y alma a su esposo que, en esos momentos, parecía que le había dado un ataque locura. Vibraba y se emocionaba de la misma manera que lo hacia cuando estaba delante de las máquinas tragaperras, que en ese momento no emitía sonido alguno ni lucia colores deslumbrantes. Pero esa máquina era tibia y blanda. De vez en cuando por sus labios entre abiertos de sabor a caramelo, en lugar de salir monedas, salían besos que se estrellaban en su boca, en su cabeza, en su pecho… Escoge el próximo pasaje
Versión
1 Escrito por Isabel60 (
Aurora sentía que su esposo necesitaba de sus caricias y se acercó dándose por entera a él. Notaba que su sexo iba a saltar en pedazos de tanta palpitación, y sus pequeños y lánguidos senos tomaron la forma de una pera aun verde ... Leer mas
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