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Heridas curadas por la pasión
Escrito por Isabel60 (
Aurora sentía que su esposo necesitaba de sus caricias y se acercó dándose por entera a él. Notaba que su sexo iba a saltar en pedazos de tanta palpitación, y sus pequeños y lánguidos senos tomaron la forma de una pera aun verde y durísima. Sentía que sus órganos sexuales podrían lastimarse de tanta excitación contenida, y apreciaba una mezcolanza de sabores con el solo roce de los dedos de su esposo sobre sus pechos ardientes, y los cálidos y húmedos labios de su compañero al estar entre sus firmes pero flacas nalgas. No aguantaba tanta excitación. Su boca emitía alaridos de placer que su marido ponía en silencio tapando la boca con la mano que tenia libre en ese momento. Aurora tenía una pasión incontrolable y se olvidó por completo del mundo y de que varios metros más allá, en la habitación de al lado, dormían su hijo y su madre. Ella nunca se había comportado de manera tan salvaje, tampoco en el tiempo que llevaba con su esposo, había sentido tanto placer, hasta el punto de que su cuerpo se moviera a la velocidad de un ciclón. Alcanzaron juntos un hermoso orgasmos que los dejó fuera de combate y quedaron abrazados consiguiendo un dulce sueño juntos por primera vez en más de un mes.
Aurora se despertó sobresalta, tenía cita con el médico a las 16:35 horas y eran las 16:05. A toda prisa recogió las braguitas del suelo y tapo su sexo desnudo. Se colocó el sujetador. Buscó un vestido lo más cómodo posible en el armario, y lo metió por la cabeza como el que mete un suave guante de seda. Calzó sus pies con unas ligeras sandalias de color crema que hacían juego con el vestido que eligió. Recogió su bolso, llaves y salió corriendo hacia el consultorio médico. A las 17:15 horas, Raúl y su abuela estaban en la cocina merendando un trozo de pan con nata y espolvoreada de azúcar. Esta nata la conseguían cada día al cocer la leche de las cabras. Nieto y abuela se querían mucho ya que compartían mucho tiempo juntos. -Hola Raúl hijo, dame un abrazo - se escuchó en la cocina desde la puerta donde su padre estaba con los brazos abiertos esperando que su hijo tomara carrerilla y se le subiera encima. Así lo hizo Raúl dejando en la mesa el pedazo de pan. Jerónimo con el niño en brazos fue donde estaba su suegra y la saludó con unas buenas tarde. - ¿Quieres tomar algo? – preguntó Raquel a su yerno. Ella sabía que no había comido. - No, no te molestes Raquel, gracias, ya me pongo un poco de café y un trozo de pan con nata - contestó Jerónimo - ¿Donde está Aurora? - Está en el médico - dijo Raquel con voz suave y algo temblorosa. - Ella está algo delicada, últimamente trabaja mucho y come poco. Nada más se dijeron. Jerónimo tomo su ración de leche y pan con nata, y salió de la casa. Esa tarde después de hacer el amor con Aurora, se había hecho la firme promesa de no volver a entrar en un local de maquinas tragaperras. Por más intentó que hizo de no ir hacia el lugar, era como si el lugar tirara de él y lo arrastrara como las olas arrastran la arena de la orilla del mar... Escoge el próximo pasaje
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1 Escrito por Isabel60 (
Se dijo así mismo que no, que no quería ir de nuevo a abrazar a una máquina. No estaban tibias como Aurora y a demás sólo le traerían problema si se enteraba su familia. Al mismo tiempo sólo sentía bienestar en ese momento, pero ... Leer mas
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