¿VICIO O DEPENDENCIA Y ENFERMEDAD?
Escrito por Isabel60 (Desconectado Offline), el 29 de abril de 2008
¿VICIO O DEPENDENCIA Y ENFERMEDAD?
Se dijo así mismo que no, que no quería ir de nuevo a abrazar a una máquina. No estaban tibias como Aurora y a demás sólo le traerían problema si se enteraba su familia. Al mismo tiempo sólo sentía bienestar en ese momento, pero sólo él sabía los remordimientos del después. Presentía que era como tener una amante que se tragaba su dinero y sólo le calmaba su ansiedad y angustia en el momento mientras sentía su sonido, y escuchaba su voz suave y cariñosa que le provocaba a seguir echando y echando hasta dejarle sin una gota de sangre en sus venas: sin una solitaria moneda en sus bolsillos para poder llevar a su casa, cubrir las necesidades de su familia y ofrecerles una mejor atención.

Se decía a sí mismo que tenía que cortar radical con esta amargura que estaba pudriendo su corazón. Si él pudiera desertar de ese vicio como él pensaba que era, volvería a ser el padre y esposo ejemplar que fue tiempos atrás. Podría echar horas en la obra y así, Aurora no tendría que ir a trabajar y dejarse las manos y su belleza limpiando para otros.
Jerónimo había escuchado en varias ocasiones despectivamente decir a otros a sus espaldas
- ¡!!¡¡¡Mira que vicioso!! ¡¡ Está cada día ahí enganchado!!! Seguro que su familia pasa penurias por su culpa.
Nadie se podía imaginar la zozobra que aquello le causaba y la fuerza que ponía para no acercarse a ese lugar. Era tal la desesperación que en más de una ocasión pensó en terminar drásticamente con ello. Aun así, él seguía abrazando la idea de dar un cambio a su existencia. Su decepción y desanimo le hacían volver a caer en la tentación, dilatando su personalidad en la disociación de su otro yo. Era como si otra persona lo suplantara sin perdirle permiso. Él intentaba construirse un dique fuerte para que no se pudiera romper, pero sus sentimientos se desbordaban y caía de nuevo.

Jerónimo en su juventud, se dijo muchas veces que nunca se entregaría tanto a nada como para necesitarlo, y ahora ahí estaba, sumido en dos dependencias que le estaban devastando como persona.
Sus piernas y cabeza, otra vez más, lo traicionaron y terminó de nuevo rodeando y encadenado metafóricamente a la cintura de las máquinas y sus Luces de Neón. Para él era un calvario, una desilusión. Estaba dispuesto a dejarlo en ese día tan feliz que su esposa le había brindado su amor y respeto, y él a cambio, no podía hacer nada para dejar de ser la escoria y el vicioso empedernido en que se había convertido. Se maldijo una y mil veces y se sintió como un pelele, al que fuerza ajena a él, le manipulaba a su antojo como si se tratara de una simple marioneta.

De los 20 euros que llevaba en el bolsillo, sólo le quedaban 5 Euros, y con ellos se dirigió camino de su casa. Con tan mala suerte que se le puso por delante una taberna, y entró en ella para calmar sus penas con algunos vasos de vino. Con esa cantidad de dinero tuvo para diez vinos. A pesar de que en el bar le ponían aperitivos variados de aceitunas, chorizo, alguna sardina añeja que a saber desde cuanto tiempo llevaba frita, aun así, eran muchos vinos y sus piernas se tambaleaban. Sus ojos se pusieron llorosos, sus mejillas y nariz enrojecidas y su razonamiento más confuso. Salió de la taberna y sus pasos eran como una especie de zis zas. Cruzaba la calle de un lado a otro. Más de una persona tuvo que retirarse para esquivarlo por miedo a que se le cayera encima.

A las 21 horas, ya anochecido, Jerónimo estaba tirado en un callejón estrecho y sin conocimiento por el golpe recibido en la cabeza. Bañado en sus propias miserias: sus heces y pises. Si alguien no pasaba por allí y llamaban a la policía, esa sería su cama.
En su casa, su mujer y su suegra, estaban preocupadas por la tardanza.
- ¡Nunca ha llegado tan tarde! - decía Aurora a su madre.
Ella asintió con un pequeño movimiento de cabeza pensando que su hija no se daría cuenta. Pero Aurora estaba que trinaba y no como los pájaros cuando cantan dulces melodías, si no, que era como un manojo de nervios y en esos momentos, que podría ver hasta el aleteo de un diminuto insecto, se dio cuenta que algo callaba su madre.
- Qué pasa madre ¿me estas ocultando algo? - preguntó con decisión
-Nada hija. No te preocupes ya llegará - contestó su madre tratando de tranquilizarla.

Pasadas dos horas más, la preocupación de madre e hija se palpaba en el ambiente. Raquel le contó lo sucedido el día que Jerónimo llego borracho y se cayó en el corral.
- Llegó borracho y muy aturdido. Se desplomó aquí en el corral pero no te dije nada para no preocuparte, pensé que era algo casual…
Sin teléfono ni auto, nada pudieron hacer, sólo esperar a que amaneciera y acercase al pueblo para llamar al trabajo de Jerónimo y poder hablar con él.
La noche se hizo interminable. A penas Aurora había podido dar un par de cabezadas. Raquel, su madre, estaba en la misma situación, y no porque su yerno se lo mereciera no, estaba inquieta por su hija y por el futuro de su nieto más que por lo que le pudiera haber ocurrido a Jerónimo.

A las nueve de la mañana, Aurora se había desplazado como un kilómetro hasta la plaza del pueblo. Allí en un rincón, al lado del ayuntamiento, estaba plantada la única cabina de Ribagordo en la provincia de Córdoba. Marcó el número de la empresa de su marido y allí pregunto por Jerónimo.
- Si, dígame soy el encargado de la obra - contestó una voz áspera al otro lado del teléfono.
Aurora habló con voz temblorosa:
- Oiga. Buuuenosss dííías, mire soy la mujer de Jerónimo, por favor ¿puede avisarle, tengo que hablar con él?
- No, su marido aun no llegó.
Un silencio inundó la estancia de la cabina. Al otro lado del teléfono, el encargado de la obra, sólo escuchaba la agitada respiración de Aurora.
- ¡¡Oiga, oigaaaaaaaaa, señora sigue ahí!!
- Sí, sí, disculpe, dígame usted señor.
- Su Marido, aun no llegó. Últimamente está muy problemático con sus compañeros, es un pendenciero y sólo da problemas. Ya le di ayer un ultimátum, y veo que no ha hecho nada para remediar su problema. Cuando hable con él le dice que venga por aquí para recoger la carta de despido.
Aurora, a punto de desmayarse del duro golpe emocional, poco le faltó para echarse a llorar aun así se mantuvo firme y le pregunto al jefe de la obra:
- ¿Que problemas tienes mi marido?
- Usted debería saberlo – siguió hablando el jefe -. Es su marido. Seguro que anda metido en líos de drogas, juegos, mujeres o vete tu a saber. Tiene gastadas las cantidades de las nominas hasta el mes de julio y además parte de la paga extraordinaria.
- Aurora le dio las gracias al Jefe de la obra y se fue caminado hacia su casa donde le esperaban su madre y su hijo.

Su cabeza era como una lavadora llena de palabras que quería lavar y no encontraba el detergente más adecuado. ¿En lío de mujeres? ¡¡En lío de mujeres no, no puede ser!! ¡¡Juegos y drogas!! ¿Drogas? ¡¡No Dios mío no!! ¿Por qué? ¿Cómo es posible? Se decía para sus adentros una otra vez.
Tranquila Aurora, le hablaba su subconciente. No, hasta que Jerónimo no me lo confirme, no tengo porque creer a su jefe.
No,…

 

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Escrito por Isabel60 (Desconectado Offline), el 18 de Mayo de 2008
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Bien pasadas las 10 de la mañana llegó Jerónimo, todo sucio, vomitado y bañado en pises. Su cara estaba negra por la sangre seca que, a lo largo de la noche, había ido brotando de una herida que se hizo en la frente al chocar su ... Leer mas


 
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