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Empieza un día
Escrito por julesbravia (
En el reino del confort, un minúsculo mundo a salvo de todo, embozado en mi vieja manta roja y lanuda, el traidor me llamó por mi nombre. De un manotazo sacudí su cabeza que rodó mesilla de noche abajo para toparse con un último ser nocturno, que así tuvo que perecer en retirada, por no guardar su flanco superior. Lo supuse por lo amortiguado del golpe y el aliento acogotado muy propio de las expiraciones vanas.
Puse mis pies en mis flamantes alpargatas, recien llegadas del super junto a la caja de cereales de colores hirientes. Era extraño, por un momento me pareció oir la ducha en pleno funcionamiento, quizás mi pensamiento se había adelantado a mis pasos, o bien en mi pesado sueño olvidé que ya estaba aseándome. Con la espalda aún mojada ordené a mi fiel guerrera de los cafetales colombianos que produjera entre estertores y suciedades estimulantes un buen nectar negro de cafeína de olor sensual. El espíritu se apropió de mi tras el primer sorbo, más bien me pareció regresar a mi cuerpo tras un largo viaje, repleto de incómodas estancias en abarrotados trenes del sur del continente asiático. Tras el último suspiro de este prólogo, tan solo el largo pasillo apuntalado por habitaciones y ventanales, me recordó la monstruosa soledad que se escondía en cada pequeño detalle de mi casa. ¡Bum!, algo resonó en mi cabeza, cuando todavía no se habían apagado los ecos del placido "clash" de la puerta de la nevera, a la que algún día dejaré descansar de la pila de cajas preciosas que amontono en su parte superior. Mi diálogo interior subió el volumen, era un bar donde la gente por algún extraño motivo realimenta los tonos de sus conversaciones, reclutándolas y adoctrinándolas en la religión del bullicio arrítmico de las noches perdidas. La palabra estúpido en todas sus formas bailaba claqué entre mis orejas sin rozar la membrana de los tímpanos, con sumo cuidado. ¡Qué olvido más curioso!. Escoge el próximo pasaje
Versión
1 Escrito por julesbravia (
No bajé la escalera hasta la calle con rapidez, por el contrario me regodeé en aquel requiebro de mi absurdo comparecer en esta vida. Al llegar, me fijé en la mugre que cubría el maletero de mi coche, una suciedad pegajosa por el ... Leer mas
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