Capitulo 40 viaje en el museo pasaje III
Escrito por Javier valladolid (Desconectado Offline), el 19 de julio de 2008
Capitulo 40 viaje en el museo pasaje III
(19-7-2008) Sofía aparece a la vera de un puente largo y poco claro. Hay diversos ríos negros a su alrededor y la vereda del río queda muy difuminada en medio de un cielo anaranjado. En ese momento aparece en la entrada del puente una mujer de aspecto realmente decrepito, cara grisácea y de aspecto lúgubre-momificado. La mujer no para de gritar y Sofía se tapa los oídos.

-No tengo tiempo de prestar atención a lo que me intentas decir ni de esta realidad que pretendes que conozca bien. –Exclama Sofía molesta.

Entonces la señora dice:

-Me llamo Crush. Tarde o temprano te convendría prestarle un poco de atención mientras sigues el camino a través de este puente. Puedo estar un poco desquiciada pero aun así deberías tener mis palabras en cuenta. –Dice Crush con convencimiento de lo importante de su consejo.

Luego pasan dos figuras ataviadas de negro y muy sombrías. Sofía apenas las mira y tampoco las saluda. Tras el alejamiento de Sofía, Crush vuelve a gritar.

Una vez cruza el puente ve una nueva sala con una planicie y una elevación de tierra desde la costa con rocas sedimentarias y lo que parecen pizarras. El puente de madera va a parar a un puente de metal. Sofia salta de espaldas y se agarra al final del fino puente en plan Lara Crof y salta aparatosamente a la planicie contigua.

Contempla los relojes que marcan el eterno precipitar del tiempo a su etereicidad y la persistencia de la memoria en una fragilidad que la curva y cambia hasta quedar ajena a la objetividad. Hay un árbol cuya espalda tiene marcada en bajo relieve la palabra “Dalí”. Pisa uno de los relojes y comienza a caerse.

Logra agarrarse al reloj y empieza a bajar como si estuviera tirando de una cortina. Al final cae pero no se hace daño. Ve una concha gigante que escucha, buscando el sonido de eco de una venus a pesar de oír sólo una fecha “1931”, y luego piensa en la inestabilidad de los recuerdos; esenciales en nuestra vida pero no del todo fiables y a la vez nuestro único vinculo significativo para nosotros mismos con el pasado. Entonces llega un barco pilotado por una alegre y fanfarrona capitana llamada Moma y se van en el barco.

Una vez sube al barco la marcha se hace rutinaria. En un rato está en medio del mar y la tormenta no deja de mostrar un mar embravecido en el cual las sirenas se ven en penumbra, peces gigantescos tienen el peligro de comerse el barco y las gaviotas comen sabrosos manjares en un mar a ratos amarillo a rato azulado con fuertes olas. Y el atardecer resulta hermoso con colores anaranjados, marrones y amarillentos.

Así marcha y acaba por salir del cuadro. De nuevo en el museo opta por entrar en otro cuadro. En él hay un caminante observando un mar de niebla.

-Hola. ¿Cómo te llamas? ¿Por qué estás aquí? –Pregunta Sofía con cierto descaro.

-Me llamo Hayal y llevo aquí varios siglos contemplando este mar la niebla pero sin atraerme a adentrarme en él. Desde que Friederich, un amigo mío romántico, me sugirió venir aquí no he podido dejar de contemplar esta hermosura. –Comenta con regocijo Hayal.

-Montañas y más montañas. Niebla y más niebla. Nunca había estado aquí y no sé como ayudarte pero tengo un dejavu brutal. –Dice Sofía.

Entonces aparece mi personaje.

-Debes de tener un jamás vu brutal porque no hace tanto que estuvimos aquí. ¿Acaso has olvidado lo que hablamos Nick, tú y yo en la neblina. Preguntas en múltiples idiomas un día y te entienden pero al siguiente lo olvidan. ¿Acaso hay derecho a eso? A mis casi veinte años, a falta de meses, me encuentro con que la realidad y la ensoñación pueden tener la misma cantidad de sentido y sin sentido. Lo ilogismos y logismos son difíciles de compatibilizar en una vida en que parecen ser carentes de sentido. –Dice mi personaje.

-Javi, cuanto me alegro de verte. ¿Has visto a Ayna? –Pregunta Sofía con ilusión.

-Lo lamento, hace rato que no la veo. Deberías ayudar a este despistado, que no ve la salida, y tratar de buscarla. –Sugiere mi personaje con convicción.

Así lo hace Sofía y le guía en el mar de niebla a una nueva obra.

 

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