37. Memoriae (Parte II)
Escrito por Javier valladolid (Desconectado Offline), el 18 de marzo de 2008
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Allora se encuentra un viaje que hizo unos años antes a unos barrancos en medio de la selva amazónica:

Sus tíos no tenían hijos y decidieron llevársela de vacaciones (para ella) a la selva amazónica. En el Barranco vio a unos jóvenes que practicaban un nuevo deporte de riesgo. Volaban unos segundos con el jeck-pack sobre el barranco y utilizaban el paracaídas para evitar morir por una enorme caída cuando se quedara sin energía el jeck-pack. También iban con sus jeck-packs a cruzar a un lugar rodeado de barranco, inaccesible a pie.

Allora, lejos de comprender la temeridad de aquellos jóvenes o el impulso autodestructiva que podían tener o el riesgo calculado que les movía buscando quizás un subidón de adrenalina, lo veía como un juego. Se subió a la espalda de uno de ellos que despegaba y él perdiendo el control de su Jeck-pack se estrelló sobre ese lugar aislado.

Aquel lugar era increíble, había animales y plantas de todos los colores con un exotismo sin precedentes. Estaban perdidos en la inmensidad de aquel recóndito lugar con animales y plantas que no se veían en ningún otro sitio. Era difícil sobrevivir allí pero esperaban poder hacerlo el tiempo suficiente como para que les encontraran.

-Hola ¿Cómo te llamas? –Dijo Aquel Joven a aquella niña de diez años.

-Me llamo Allora. –Dijo la niña un poco asustada.

-Yo me llamo Seudosofista. ¿Por qué saltaste a mi Jeck-pack? Podías habernos matado. –Dijo Seudosofista gritando preocupado.

-Era solo un juego, no imaginaba que hubiera peligro. –Respondió Allora asustada, consciente de que aquel joven estaba algo enfadado con ella.

-Alora, ¿Qué familia tienes? –Preguntó Seudosofista.

-Están mis padres Ángelo y Sera, mi hermana mayor Angélica, mi tía Dorina y su marido Aceito que no tienen hijos, mi tío Vitolo que tiene un hijo llamado Claudio y una esposa llamada Francesca que murió en el parto, de abuelos solo vive mi abuela Fornarina y de otros familiares no sé nada. –Respondió Allora nada Asustada.

-Pues yo tengo un hermano pequeño de tu edad llamado Nick, siete hermanastros, de los cuales solo conozco a uno, llamado Maike y una hermanastra llamada Rina, mi madre se llama Rafaela y mi padre se llama Simón según he descubierto recientemente, mi abuelo se llama Tedious y mi abuela se llama Amelie, de los demás Poison o Angelos o Delfos o Morrison no sé nada. Es posible que nunca vuelva a verlos o que llegué a conocer a los demás. –Dice Seudosofista lamentándose.

-Mis tíos nos estarán buscando. Tienen un coche volador con energía renovable y debido a su trabajo tienen mucho trato con las patrullas de rescate. Son guardas medioambientales del comité por la protección y recuperación de la selva amazónica o algo así, seguro que nos encuentran. –Dijo Allora inocentemente.

-Mi teléfono móvil con GPS está sin batería y no se recarga solo, ¡ojala hubiera comprado uno nuevo y no este móvil tan arcaico! Vine aquí con mi orden religiosa de Los Caballeros Guardianes de Satán para pasarlo bien actuando de forma muy calculada ante un riesgo excitante que era menos peligroso que sin calcularlo pero parece que no se puede controlarlo todo. –Se lamentó Seudosofista entre sollozos y lloros.

-Todo saldrá bien o eso dice mi madre cada vez que hay una situación crítica. –Dijo Allora tratando de ayudar.

-Esta vez no lo tengo tan claro. Puede que nuestra hora haya llegado. No podré cuidar de mi hermano ni enseñarle que es lo que está bien o mal dogmáticamente y absolutamente según parámetros humanos y divinos. –Dijo Seudosofista desesperado.

-Mis padres dicen que los hermanos mayores no pueden hacer de padres de los pequeños y tampoco deben intentarlo. –Dijo Allora.

Seudos calló y viendo que anochecía encendió fuego. Se despidió de Allora y se durmió.

Por la noche, con la luna llena, Seudos se despertó sediento y se alejó unos metros para coger agua en un arrollo. Allí tocó por accidente un sapo venenoso que le inoculó un veneno que le paralizó el sistema nervioso central pero que tardó dos horas en matarle.

Allora lo encontró al día siguiente al despertarse y el grito de terror que emitió se oyó tan lejos que gracias a él la encontró y rescató un helicóptero estando ella en estado de sock.

 

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Escrito por Javier valladolid (Desconectado Offline), el 18 de marzo de 2008
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