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37. Memoriae (Parte III)
Escrito por Javier valladolid (
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Allora recordó un suceso que tuvo lugar cuando tenía 15 años. Se había mudado recientemente a la ciudad de Merhaba, una prospera ciudad con gentes muy diferentes fruto de la inmigración y coexistencia cultural de los 35 años anteriores. Algunos edificios tecnicístas eran con amplias torres proporcionadas, plantas hexagonales o circulares y edificios cilíndricos conectados entre sí por unos puentes con suelo cristalino. Los edificios tenían helipuertos en el tejado plano y se conectaban entre sí a trabes de una enorme pirámide de vidrio con vidrieras de colores que unidos recreaban el nombre de la ciudad y pinturas paisajísticas dejando diversos huecos para la salida de naves. Los monumentos eran cristalinos como las Torres Kio, verticales, altos y con cristales de colores. A Allora le encantaban, a diferencia de su hermana, la lectura y habiendo unas 300 librerías y 20 bibliotecas en la gran macropolis de 5 millones de habitantes así como cuatro veces Madrid en extensión. Paseaba de unas a otras casi todos los días conociendo nuevos lugares constantemente y devorando libros cada vez que tenía tiempo. El colegio y el instituto no eran la panacea ni su peor pesadilla estando bastante a gusto allí. Iba en metro hasta allí aprovechando para pasear por unas extensiones boscosas enormes siendo su padre jardinero en una de ellas. Tenía unos cuantos amigos tanto buenos como malos y sufrió traiciones y pérdidas por las circunstancias. Su relación con su hermana era buena aunque eran muy diferentes en muchas cosas como la afición al atletismo de la hermana que era una de las supuestas locas que practicaban el deporte de fondo de pasear por la calle recorriendo decenas de kilómetros dentro de la ciudad. También le encantaba a Angélica hacer fotos a las diferentes cosas que veía y le interesaban siendo una ventana a su pasado (metafóricamente hablando) y congelando con ello aquel tiempo inamovible pero percibido siempre en movimiento con todos aquellos instantes y recuerdos perdidos, además le encantaban las imágenes que transmitían algo de forma intuitiva junto al goce estético. Angélica no era una fotógrafa aficionada como tal sino una realizadora de fotos, atracadora de retazos de tiempo en su contexto realizando fotos incluso de prueba. La vida iba bien para Allora y Angélica. Su madre trabajaba de guarda de seguridad en las redes de metro. Recibían noticias de su tío Vitolo y de su primo Claudio afincados en un pueblo asturiano de nuevo cuño al estilo clásico llamado Landas del Cabrales en España. Claudio era un joven conflictivo y poco entendido, académicamente bueno en cuestión de notas; casi siempre. Tenía una gran intuición matemática que solía ser buena aunque a nivel de cálculo numérico racional flojeaba. A menudo no tenía problemas para captar la esencia de la música sin tener apenas talento para tocar, tal y como le ocurría a su madre. Su padre Vitolo era granjero y fue un gran estudiante en todos los sentidos. Aun así no era bueno tocando instrumentos. En Artes plásticas sus manualidades eran cutrecillas, carentes generalmente de un propósito con un sello implícito de la esencia del arte. Solo captaba aquella esencia algunos días buenos en que dibujaba y pintaba pudiendo llegar a ser una obra de arte. Otros, su arte dejaba mucho que desear como cuando dibujó una ciudad en el cielo que se contaba en un cuento popular de narración futura. Franchesca era escritora. Tenía la vocación de escritora tan arraigada en su persona como la de filósofo en sus padres realizando el arte de escribir con un alto grado de motivación por autosatisfacción pero sin olvidarse de pensar en el lector. Su trabajo, a diferencia de escritores de libros y escritos técnicos, era de 24 horas: Por un lado estaba el hecho de escribir lo que se quería contar. Por otro la investigación y los estudios (cuando se realizaban) para enfocar los conocimientos y saber de lo que se hablaba incluyéndose ahí testimonios recopilados (si había) y experimentos prácticos (si había). La cocción de las ideas en la cabeza para todas las cosas que se quieran contar o se pueden querer contar (todo ese proceso mental en la composición) y la actividad durante el sueño que participa directa o indirectamente en la composición de la historia y lo que se quiere contar, sobre de que manera se quiere contar. Por último estaba la parte de vivir la vida (A la hora de un texto técnico podía carecer de importancia pero para un creador de historias era esencia) gracias a la cual se inspiraban muchos elementos de la historia, se configuraban de un modo más completo, emocional, real y humano contando inevitablemente algo más que la historia en sí y transfigurando en cierta forma vivencias (propias o de otras personas aparte de hipotéticas) en sucesos y personajes de la historia. Franchesca era una contadora de historias que vivía en un apartamento discreto junto a su marido Vitolo antes de que unas complicaciones en el parto acabaran con su vida. Esa era la historia de Claudio, con una madre a la que no conoció, y Allora, con una tía que tampoco recuerda con lo que tampoco le supuso una carencia. Mientras Allora vivía en Merhaba, la vida de muchas otras personas seguía su curso ajena a lo que habría de acontecer años más tarde. Escoge el próximo pasaje
Versión
1 Escrito por Javier valladolid (
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Allora y Sofía permanecían en la parada del autobús lloviera o nevara, tronara o hiciera sol; cosa que pasaba cambiando con diligente celeridad. En el asiento ven una carta:
Para Luna Oscura ... Leer mas
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