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Mare indagationis
Escrito por Javier valladolid (
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-Sigue contándonos que pasó entonces. –Suplica Nox Nuit. -El sol daba alto mientras volaba en mi coche volador y ascendía cada vez más para que fuera más difícil detectarme pero tan alto subí que me acabé quemando con unas ondas caloríficas que un avión estacionario lanzaba y bajé porque la vitrina hermética presurizada corría el riesgo de romperse y a esa altura era demasiado baja la presión. Tras bajar unos kilómetros un cañón enemigo dio al coche y este aterrizó súbitamente sobre una loma de una montaña de los Alpes. Algunos momentos después me desperté de un sueño un tanto peculiar: Me encontraba en un lugar nocturno con oscuridad, estrellas y un gran haz de luz cubriendo parte de la zona. La tierra bajo mis pies parecía ceniza y era tan grisácea y fría que las tinieblas se profusiaban. La muerte esquelética con su guadaña y sus harapos estaba ante mí. Aparecieron una paloma y un cuervo; a los que la muerte hirió letalmente con su guadaña. –Explica. -Estás en medio de un abismo ante el que no hay manera de escapar salvo una elección y un juego. Jugaremos al parchís y si ganas te librarás de esta para poder tal vez tratar de establecer un record de supervivencia para tu especie y si pierdes no saldrás de esta. ¿Aceptas? –Me preguntó la muerte. -Sí, acepto. –Respondí. Aquel ser tétrico y gran negociador hizo aparecer una tabla de parchís que se elevaba bajo pilares translucidos. Yo tenía unas fichas con la forma de un árbol con una gota de agua sobre su copa. La muerte unas fichas de calavera, otro jugador, que seguía su propia partida contra otro que usaba fichas con forma de cuervos, usaba fichas de paloma. Cómo podéis imaginar usé mis tabas con elecciones correctas y gané. –Explica Sofía. -¿Qué pasó cuando despertaste? –Pregunta alguien cansado de la descripción del sueño. -Me encontraba junto a un paisaje nevado en una loma alta de una montaña a un kilómetro de la cima con problemas para respirar. A pesar del mal de altura lograba pensar bastante bien y mi objetivo era bajar a menos de 3000 metros; lo que no era nada fácil dado que, cómo pude ver, me pisaban los talones quienes me perseguían. Cogí el equipamiento que me habían dado y bajé, mientras daba una ventolera y nevaba, con mi bastón y mi bastón-paraguas que me cubría de la granizada. El frío era tremendo, siendo peor que el temblar ingentemente de frío con el abrigo puesto. Bien equipado bajé con varias cosas en mi mochila cómo aquel invento y llevando unas botas medio adecuadas. Mis pisadas eran apresuradas pero de escaso avance. Bajaba destrepando piedras para llegar antes bajo algún tipo de accidente. Siendo de día había algo de niebla en algunas zonas y los circos glaciares, así como placas de hielo no faltaban. Entre el equipo no había guetres ni palas de nieve aunque sin saber usarlos no me iban a ser de utilidad y podían ser peor que las usara. Sin apenas comida ni agua bajé una serie de metros cayendo de culo varias veces y cogiendo más frío todavía. Luego vi a algunos de mis enemigos armados con pistolas a doscientos metros de mí, saliendo yo corriendo en una bajada que si hubiera llevado zapatillas me la abría jugado por esos caminos nevados bajo riesgo de empotrarme contra un árbol. Con la humedad del aire no tenía tanta sed y bebía menos agua pero aun así no me abundaba. Con poco tiempo para descansar y comer algo me costaba mucho huir hacia un destino incierto buscando a alguien que podía ser verdaderamente un aliado o tratarse de una trampa enemiga. Tras varias marchas en montaña con amigos y guías especializados había aprendido a deslizarme y frenar en situaciones semejantes. Además había descubierto que, aunque la mayoría de las veces la prudencia lo más recomendable, en algunas situaciones la temeridad bien encauzada era más segura. Acabada la ventisca y pegando el sol, a 3000 metros empecé a notar el frío del sudor y me puse gafas de sol para que la nieve no me cegara cuando los rayos del sol se reflejaran sobre aquella agua blanquecina medio solidificada, aun siendo mejor que hubiera llevado gafas de nieve que no tenía. Abrieron las pistas de esquí y bajé por debajo de 3000 m, descendiendo sin acercarme a nadie para no ponerlos en peligro. En un lugar nevado a media ladera usé mi pala y enterré el invento. Luego bajé más pero agotada, empezando a nevar de nuevo, saqué el piolet y con una capa de montaña hice un vivac, algo generalmente absurdo en situaciones así pero con el agotamiento y con mis posibles captores al acecho me parecía el mejor modo de disimular. Dormí sin incidentes y sin que se sucediera ningún alud. Finalmente me fui a un hotel. –Cuenta Sofía manteniendo poca distancia con las vivencias narradas. -¡Huau! .Dicen todos al unísono. -¿Y Allora donde está? –Pregunta Sofía extrañada. -Era una gran líder tan aclamada como líder que Orateur pero tras conseguir una identidad falsa, la única que la base podía otorgar, se marchó con el coche Perseo hasta Asturias después de dimitir y tener una cálida despedida. –Explica Nox. Escoge el próximo pasaje
Versión
1 Escrito por Javier valladolid (
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Allora y Sofía aparecen en un lugar con paredes completamente negras, varias puertas y varias ventanas. A la luz de unas velas ellas contemplan a tres ancianas tejiendo tapices.
Allora y Sofía reanudan la respiración y tosen ... Leer mas
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