Capitulo XI Sueño Risueño
Escrito por Javier valladolid (Desconectado Offline), el 04 de agosto de 2008
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El sueño resultaba gracioso para cada uno. Hubo contemplaciones de los propios mundos y el mundo de otros. Xufen contó haber visto un objeto con forma parecida a la de una ballesta pero mucho más pequeño y sin el arco, echando fuego en medio de una casa y golpeando con una especie de virotes metálicos pequeñitos a unos individuos indefensos. Xufen empuñaba el arma y se alegraba de su muerte, argumentando que ahora tenía su venganza.

David soñó que Ferigneo se enfrentaba con Dagda y este creaba y destruía todo a su paso. Finalmente se unía a él. David tocaba el arpa, haciéndolo en sueños al poco de empezar, que hizo despertar a Ferigneo de una caverna gris de sombras. Luego vio David a Taranis y le cambió su tridente por su martillo; ya, con la corona, no hubo trato.

En el sueño de Sip apareció un callado. Necesitaba subirse a él para buscar algo que hacer y el hacha de la humana enorme que no dejaba de reflejar su cuerpo de serpiente.

-Dana, Dana, dame una rama infinita en extensión para rodearla con todas mis fuerzas y trepar en perpetuidad. –Pedía Sip; quien era ahora una única serpiente.

De repente vio una especie de gancho unido a un palo y alguien la cogió en una selva. Entonces se sintió atrapada en la jaula y volvió a su forma normal.

Zuz, por su parte, soñó que estaba en una caverna con un gran puente y que un grupo de guerreros de muy distinto parecer(unos grandes, otros pequeños, unos magos, otros guerreros y otros arqueros). El arquero del grupo tenía una puntería certera, en contraste con la penosa puntería de los arqueros orcos.

-¡Mantas! ¡Qué sois unos mantas! Dejadme a mí. –Dijo Zuz.

Entonces se acercó a un trasgo y fue trasgo, perdiendo a su propio yo en un ciclo maléfico de posesiones intelectuales de trasgos, un balrog molesto por despertarle tras miles de años y criaturas oscuras que nunca habían visto la luz del sol en las profundidades cavernosas o un troll apesadumbrado. En el instante en que era orco, disparó una flecha con el arco. El elfo la esquivó con dificultad y trataron de seguir. Una vez completó el ciclo, vio, en una sala contigua a la lluvia de flechas, un lugar donde una orca recibía a diversos sementales orcos para su procreación.

-Esto no es para disfrutar sino para recuperar nuestras filas de las bajas que se están produciendo. –Dijo la orca durante la copula de uno de ellos; lo cual le pareció muy bien a Zuz. Y así permaneció viendo como usar los venenos, trampas y tal, que había por la zona.

Yo, por mi parte, soñé con un castillo defensivo protegido por arqueros habilidosos y con un estandarte de varios leones y escudos. Luego vi una sala grande donde había un códice escrito con letras muy semejantes unas de otras. Un individuo lo estaba leyendo, enfadado. Salió de allí y, al igual que hubiera hecho yo, Quovenim, se decidió a trazar un plan muy estrambótico. Lo que el definió como un bioordenador estaba estropeado y busqué en el libro una idea para salir de allí. Vi la semejanza de las ilustraciones con lo que se vivía en Pantakakistos y el mago de Oz. Luego observé un hospital con gente muy enferma y una joven altruista y amable, caritativa, cantarina, que despertaba los ánimos de la gente con su guitarra y de nombre Ine; según sus canciones. Oz, su colega muy querido, rogaba a Dios por ellos y veía la vida en su plenitud, aún con las circunstancias amargas que se pudieran suceder. Yo no entendí nada de aquella escena.

Entonces aparecí junto al resto. Todos juntos miraban a su alrededor mientras Silbárdaga se golpeaba contra una estalactita al no verlo. Mab les contó que no tenían suficiente poder. Les explicó que en el hipermundo había una serie de objetos de poder que, puestos en el lugar indicado, concedían al que pusiera, de ellos, el ultimo, un grandísimo conjunto de poderes mayores que la suma de los poderes individuales de los objetos. Les dijo que no se pasaran por el submundo aunque no se convirtieran en ceniza al pisar tierra, cuando salieran de allí, como algún mito había extendido.

Entonces despertaron. Sip compartió lecho con Jag y, en esos instantes en los que los serpentesios dejan todas las serpientes de sus cuerpos menos la principal en estado mortecino, que no necrótico, y con ausencia de respiración más inactividad de sus cerebros junto con las demás funciones, tras la fecundación, en pleno clímax. En aquel momento le asfixió, tapándole la boca con sus bocas.

-¿Pero por qué? –Pregunté.

-Me he quedado preñada y no he quedado satisfecha. Hay que honrar a la muerte antes de ir al nido donde se dejan los huevos. –Respondió Sip.

Entonces dejaron el rincón donde dormían para hacer una excursioncilla a ese nido. Todos menos David, quien se metió en algún lío. Finalmente, acorralados por los enanos, saqué el bastón endagado y lancé con él una ola de esferas rosadas estrelladas contra ellos, ardiendo este tras el hechizo accidental y desintegrándose en combustión espontánea. Malheridos, comenzaron a atacar y apenas pudimos esquivarles. Entonces, Xufen disparó una flecha hacia la caverna de Morgana y ésta procuró un grito. La flecha le había dado en el talón. Entonces llegaron a pasar, mientras todos se tapaban los oídos ante una escena que llegaría a ser proverbial en ese mundo. Así lograron salir y escapar como alma que lleva el diablo.

 

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Escrito por Javier valladolid (Desconectado Offline), el 26 de octubre de 2008
· Leído 42 veces · Sin comentarios · 1 pasaje debajo
Un día de estos saldrá la continuación con las aventuras del vampiro y la hechicera elfa en su busqueda del bien para derrotar a Zanatos y demás çagomu. Guión provisional. Leer mas


 
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