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La ciudad viva
Escrito por Javier valladolid (
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(15-11-2008) La llegada a la ciudad viva se produjo sin problemas en un día lluvioso. -Maldita lluvia. ¡Cuánto detesto mojarme! Por eso sólo mantengo un río para beber. Mi origen es un poco incierto. Me encontraba en un lugar llamado “El Fin de Pantakakistos en Yesfodú” cuando una voz me despertó con un aliento a moho y un sonido grave y frío con cierto tono a sabio. Me indicó el camino el camino desde esa torre hasta Derramar, atravesando, en época del mar Yermo (Una vez entre 3 o 4 años), las tierras espejo sin tocarlas y verlas. Así llegué a la ciudad de Agrave. En aquel lugar, lejos de las furias de los conjuros de siete horas de convocar tsunami o huracán propios de los seres humanoides de energía, un inmortal descansaba. Me había mojado nadando, tanto como para coger un constipado y que mis piedras empezaran a desgastarse. Arribé enterita en la costa y vi que el inmortal tapaba el arrollo directo al mar, removiendo la arena, y le avisé. Este dijo que iba a comprobar su inmortalidad; a diferencia de Homero y su ciudad archí caótica de escalera hacia abajo; según vio en otro mundo, buscando a otro inmortal distinto a él, habitante de un desierto perdido. Hice amistad con ese inmortal y éste me indicó un buen emplazamiento para quedarme. Así, fuimos juntos allí y vivimos en armonía, con visitas frecuentes del inmortal a mi emplazamiento. Así sería inmortal mientras él me visite, insuflándome todo su poderoso aliento vital. –Narró Astú en soliloquio; soliloquio escuchado por los miembros de la compañía. Caminaron por las calles de esa ciudad viva. En un banco de piedra estaba sentado el inmortal escuchando a la naturaleza y respirando, después de comprobar que era inmortal. “¡Ya sé que soy inmortal! ¡Lo he comprobado!” No paraba de gritar de un sentimiento llamado jubilo por el mismo. David y Quovenim sacaron la sierra del macuto que llevaban de trastos. Entre tanto los demás observaban impacientes por saber el final de un ser supuestamente inmortal, quizás estrangulado, o como saldría de aquella liquidando a los otros miembros de la compañía como buen limpiador. -¿Desea comprobar si verdaderamente es inmortal? Si lo desea su cabeza puede rodar y volver a su lugar en menos de un jornal. –Dicen aquello con la sierra entre las manos y seguros de que si era realmente inmortal recuperaría su cabeza cual juego de navidad de viejas leyendas turlët. -No gracias. No es necesario. –Dijo Inmortal con amabilidad, disimulando su temor. El inmortal se marchó a las tierras Yermas, según pudo verle con vista lejana Quovenim. -Yaderión ¡Cuánto me alegro de verte. ¿Cómo te anda la vida? –Preguntó Inmortal. -Bueno, la muerte mejor. Ya sé que de esas cosas no entiende pero quiero decir que mi tiempo por resurrección resulta más entretenido que en el oráculo. Antes tenía demasiado que hacer. Sí yo te contara. –Dijo Yaderión contento. -Cuente, cuente. Le acompaño un rato a donde vaya y charlamos entre tanto. Tengo toda la eternidad a mi disposición. ¿Le apetecen unas tapas? –Dijo Inmortal alegremente. Entonces los miembros de la compañía se adentraron en las entrañas de la ciudad. Escoge el próximo pasaje
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1 Escrito por Javier valladolid (
6
(7-8-2008) Las dunas eran hermosas y homogéneas. El paisaje resultaba monótono y aséptico-visual. El viento modificaba esa monotonía a intervalos regulares y el miedo al mundo interior estaba presente. Después de mucho caminar, ... Leer mas
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