Capitulo XIII Viaje hacia el norte
Escrito por Javier valladolid (Desconectado Offline), el 22 de octubre de 2008
Capitulo XIII Viaje hacia el norte
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Entonces encontraron a un elfo descuartizado. Observando lo que había vieron que se trataba de un elfo de la ciudad de Sandalión, cerca de allí y encontraron entre sus pertenencias una sierra puñal.

Después del horrible crimen del elfo siguieron caminando y contemplaron el arma brutal. Quizás lo más temido de ese arma era su cuchilla en la que cada mini puñal tenía cuatro hojas en forma de cruz muy afiladas puestas como las puntas de un destornillador de estrella. También ocasionaban temor los siete círculos de cuchillas de distintas hojas con distintos tamaños dependiendo del circulo en que estuviera y cuyos tamaños variaban yendo de menor a mayor cuanto más cerca estaba del punto central (Junto a un circulo de hojas irregulares de entre los siete mientras que los otros seis quedaban regulares todas las hojas de cada circulo), donde había una hoja notablemente más larga que las demás. Todo ese conjunto de cuchillas estaba puesto en una pieza metálica como una diana para lanzar dardos de las que vi con mi padre en algún bar familiar un verano. Unido a ello estaba el mango de estaño, dos piezas de oro de empuñadura y una gema al final, incrustada en un pomo de metal por una pieza redonda de oro con un hueco que muestra un poco de la gema.

-Este arma era fruto de una gols y su comercio con los elfos de la fortaleza inexpugnable de Sandalión. Estáis pensando en ir a esa ciudad a por un buen botín. Pues no puedo ir allí. Me tienen condenada a muerte; a morir a manos de ese arma. Os preguntareis porque. El rey del mundo es el dominador del mundo o, en tiempos de caos y empate de poder, una persona elegida al azar por los Climbs, en una de sus islas adelfogeologicas a lo Madagascar. Cuando tenía 64 años, me llevé de la biblioteca de los libros ardientes un objeto que el turlët que la dejó vociferó que era una gorra. La dejé en una montaña en Landust, en una laguna congelada de nieves perpetuas para venderla más adelante por un buen dinero fruto de la especulación histórica.

Tiempo después, cuando tenía 144 años, fui a recoger mi gorra y a venderla en la ciudad de Sandalión, a dos kilómetros del barranco. Una vez allí, entre canto caos político, vi que el rey del mundo era un elfo debilucho y bastante protegido por escoltas que no le traicionaban por evitar un caos político. Desde un alto de un patio, en una torre, se me cayó la gorra en la cara y, para evitar que me robara la gorra, disparé mis flechas. Como no veía por tener la gorra en la cara una flecha le perforó el corazón y la otra el cerebro.
Consideraron que matar así al rey del mundo merecía la muerte y me condenaron a ello; así siguen con la condena, según me informaron la semana pasada; las palomas toxicidas invisibles llevan mensajes explosivos que dicen eso y me llegan cada semana.
Por ello me es imposible ir allí. –Narró Xufen con nostalgia.

Súbito salió una gigante que dijo “Moriréis antimalvados”. He de decir que no entendí bien, en ese momento, que quiso decir con esas palabras. Es bien sabido que los malvados son antimalvados por naturaleza y sino era eso no podía ser otra cosa. Aún así, era sabido que los çagomu hechizaban a ciertos seres para que no hablaran de ciertos tabúes que nadie conocía y que hablaban de forma críptica de ello, incomprensible para cualquiera pese a usar todos la misma lengua, o les hicieran olvidar a todos algo u obligaba a los turistas extramundiales a no hablar de ciertas cosas en sus visitas extramundiales.

Recuperados todos ya de su anterior golpe por parte de la gigante que les alejó de allí con un golpe de dedo, se enfrentaron todos a ella. La giganta, llamada Grandorland, medía tres metros, era incapaz de cambiar de forma y tenía hiper fuerza en su dedo corazón en medio cuando lo usaba a modo de catapulta con su dedo gordo.

Tú mataste a mi padre; prepárate a morir. –Le dijo la giganta y, sin tener su adversaria seis dedos en la mano derecha, quiso arremeter contra ella.

Ella esquivó el ataque y luego Grandorland arremetió contra mí. Me agarró del cuello. Tenía un hacha de doble filo de dos manos en la otra mano y me estaba ahogando mientras luchaba contra David, Zuz y Sip con la otra, hiriéndoles en el proceso. En ese momento, sin que fuera de esperar, Xufen cogió la sierra puñal y se la clavó en la tripa a la giganta.

Ella debió de sentir un gran dolor cuando todos esos cuchillos de distintos tamaños y hojas les perforaron los órganos internos del estomago, pero nada comparado cuando Xufen, examinando a su adversaria con odio, hizo girar las hojas extras de cada puñal, en forma de cruz, como si de una perforadora de la construcción se tratara y sus órganos se entremezclaron, en la tripa, y su estomago se descomponía con su sangre, junto a un montón de músculos y hueso, en una de las muertes más horribles que cualquier ser pueda imaginar.

Los demás sobrevivieron y, tras recuperarse, siguieron su camino sin reanimar a Quovenim.

 

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Escrito por Javier valladolid (Desconectado Offline), el 02 de diciembre de 2008
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