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Capitulo XIV Playa del vacío
Escrito por Javier valladolid (
![]() 14. La playa del vacío
1 (21-10-2008) El recuerdo del lanzamiento con el dedo, por parte de la giganta hasta varios kilómetros más allá en distancia y seiscientos metros de alto, todavía prevalecía. Tuvieron la suerte de caer sobre un Frogtoby, un sapo gigante con nariz de perro, y este, que no estaba hambriento, no se comió a Zuz y tragó momentáneamente a todos para eructarlo con un sonido retumbante en una tos con asquerosas flemas, lanzados a varios kilómetros a la redonda y les despertaron por lo asqueroso de aquel estado. Comenzando a luchar una vez recuperados. Pensando en las iguanas gigantes con lengua perruna de Derramar, olvidaron el horror escatológico que vivían y lograron ponerse a combatir, limpiándose mágicamente con una convocación de nube. Después de morir la giganta, siguieron su camino hacia la derecha y yo, Quovenim, no dejaba de dormir inconsciente. En mi mente llegaban imágenes de la leyenda de Berghielo; el iceberg oceánico, gemelo de Hiceiceberg. Emplazado el primero junto a una isla nallare ya perdida. Recordé que había poderosos magos decididos a crear un anabasismetro para ver sus progresos en sus intentos de asemejarse a los seres humanoides de energía. Varios de ellos se quedaron en Babia y luego empezaron a discutir sobre el nombre del invento; unos quisieron llamarlo ascensiometro, otros anabametro, otros anabasimetro y otros anabasismetro. Tales discusiones desembocaron en guerras y pusieron en peligro la situación porque compitieron por ser los primeros en asemejarse a los seres de energía y tener ventaja en las guerras. Previendo los seres de energía una nueva guerra, erradicaron a su especie menos a un individuo, y destruyeron la isla; usando a ese ser para que diera lugar a los demás a través de su sangre y que, siendo líder de ellos, los creara a través de la esfera de mana. Entre tanto, por un sentimiento que no lograban comprender, empezaron a darme cuidados. Tan incomprensible era la pena para ellos. Finalmente, en medio de una llanura con caminos y árboles, desperté. En medio de la llanura, vieron un árbol extraño de ramas caídas y una playa. Zuz, ni corta ni perezosa, se bañó en las olas de ese mar flotante que se sustentaba en un pieza de una concha invisible. Se puso a nadar en medio del baño y empezó a caer al vacío. Resultó que todo era una ilusión, movida por fuerzas de agarra mágicas y que no había tal concha. Los demás intentaron agarrarla por las piernas, unos a otros y al árbol, pero era inútil. -¿Por qué no le has agrandado o ensanchado para que no pudiera caerse y se golpeara con los lados de la fosa? –Preguntó Xufen. -La verdad es que nunca se me ha dado bien eso de ponerme a cambiar el tamaño y las dimensiones de las cosas. Cuando me pongo, es que no controlo. –Confesó David. En ese preciso momento, las águilas socorristas llegaron desde la otra montaña alta, a muchos kilómetros. Rescataron a los demás y se fueron al emplazamiento del árbol ilusor; como les explicaron las águilas. -No hacía falta. Podía haber salido de ese embrollo sin más. Iba a hacer un conjuro y salir de ahí. –Dijo Zuz a modo de queja. -En cinco horas, para cuando tuvieras el conjuro de metamorfosis de tu coraza en alas hecho hubieras estado muerta en los vapores o por las barreras de energía. –Repliqué. -Soy Narath el águila. Ahora que os hemos salvado nos toca recibir la recompensa. El servicio de socorrismo no es gratis. ¿Quién pagará? –Preguntó el líder de las águilas con toda la paciencia que le fue posible. Después de someterlo a sorteo, salió que David. Le quitaron el riñón a mordiscos y luego este se regeneró. Estando en paz, las águilas se marcharon. -¡Me has costado un riñón! –Exclamó enfadadísimo David a Zuz. Ésta, decidida a sofocar la rebelión, sacó la sierra puñal y le amenazó con ella; a lo que David respondió estando pálido y callado. Entonces, viendo un riachuelo entre las montañas y a un elfo, caza gatas sanguinarias (Qué vivían en esa cordillera montañosa a cuerpo de rey), montado en un Zoud, tapando el riachuelo; para facilitar su transitibilidad, pensaron en ir directamente, pero un asunto más urgente les ocupaba. Como si fueran malas hierbas, corté el árbol ilusor con mi hoz de aro de Bamith. A partir de ahí, fuimos a la montaña sin percances. Escoge el próximo pasaje
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