Krasin malhumorado
Escrito por Javier valladolid (Desconectado Offline), el 01 de abril de 2008
La sapiencia parecía brillar por su ausencia en aquel lugar donde violadores, estafadores, ladrones, asesinos, usureros avaros; homicidas con quienes no pagan, estafadores y timadores eran premiados y causa de venganza a partes iguales. Las leyes las marcaban los gobernantes según sus designios, dándose el papel del abogado como el mago de la palabra capaz de convencer al gobernante de que los supuestos hechos opuestos a lo imperado por el gobernante eran una ilusión o jamás sería posible su planteamiento al tratarse de burdas mentiras, evitándose así las medidas coléricas del gobernante.

Curioso mundo el que hablo pues podía ser un mundo donde la libertad no existiera en términos absolutos pero a la vez hubiera más que en ningún otro salvo su homologo del bien. Esto era así porque nunca se elegía entre el bien y el mal con múltiples matices sino entre incalculables pero limitadas opciones malvadas fruto de la suma de creatividad y respecto a la tradición.

En las proximidades al medio día, según el reloj solar, junto al guardián, este miró a los caminantes con recelo usando esos ojos que nunca cierra.

-¿Quiénes osan entrar en el palacio sin ser invitados? –Preguntó el Krasín con autoridad.

-Yo soy Quovenim y mi primo trabaja en la corte. Así que queremos visitarle lo más pronto posible. –Respondió con quietud.

-No intentéis nada. Mi grito se oirá antes en palacio que aquí. Si pretendéis pasar sin mi consentimiento lo pasareis mal pues una cuchilla mágica de un metro de ancho y la largura de la llanura más un doble filo y poder bumerán, estando a medio metro del suelo o metro y medio dependiendo de la inclinación. –Explicó el Krasin como advertencia.

Palafrén le convirtió en un arbolito pequeñito del tamaño de un bonsái. El Krasin se retorcía y el torsus se partía de risa. Xufen cogió la flecha desencantadora que había ganado en el torneo y se lanzó sobre el árbol, volviendo a la normalidad.

-Meteré a este torsus en vereda aunque sea a base de infiernos y latigazos. –Replicó Ferigneo.

-Es demasiado tarde. Ya está hecho. –Respondió el Krasin, elevándose al momento para echar a volar.

El torsus se adelantó en pisar la hierva bajo el cielo ennegrecido al pasar por la llanura. Un hoyo en la tierra con un hechizo agrandador le convirtió en enano y se elevó medio metro con un final francamente doloroso.

El resto de la compañía lo contempló sin saber que hacer desde varios metros antes de llegar a entrada entre piedras por una calzada junto al puente. Una maga de la ciudad ayudó a recoger los objetos de Palafrén pero no quedaba nadie a quien acudir para pasar al otro lado de la llanura. Solo una idea en la cabeza; no tocar la llanura.

 

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Escrito por Javier valladolid (Desconectado Offline), el 01 de abril de 2008
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La tristeza por la muerte de aquel miembro de la compañía estaba muy oculta o no estaba aunque en mi caso, paradójicamente, sentí un deseo de venganza coartada más un pelín de tristeza; sentimientos inusuales que no manifesté. ... Leer mas


 
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