Entrada en el castillo
Escrito por Javier valladolid (Desconectado Offline), el 01 de abril de 2008
Entrada en el castillo
La puerta del castillo se abrió y una giganta saludó con amabilidad pues me reconoció por la descripción que hizo mi primo.

Pasando por la alfombra, la serpentesia reptaba, poco pendiente de lo que había a su alrededor. En un momento dado se paró y se irguió de pie sobre las serpientes que hacían de piernas así como pies. Miró al cuadro con los ojos de esas serpientes de las manos y la cabeza; el cuadro del venerable noble serpentesio Sartrug, quien logró sobrevivir a su derrocamiento como el más malvado de los malvados.

Miró con los ojos de las serpientes de sus pies y vio dos copas. Luego las cogió y las puso sobre unos hoyos en el soporte de piedra de debajo del cuadro. Una pared se abrió a modo de puerta hacia el interior.

Conjuntamente a mis escasas facultades para la pintura y el dibujo hay que tener en cuenta la falta de tiempo para contar en códice todo esto, ni un minuto para copistas o pintores o dibujantes, antes de legarlo a mi única alternativa de traerlo a mi mundo de origen. Aun así no puse grabados más que cuando me parecía necesario.

Una vez dentro vieron una sala pequeña con varias estanterías; algunas de ellas pegadas a la pared además de espacios vacíos en todas las paredes. La elfa se dirigió a una de las estanterías pegadas a la pared y cogió un libro. Este estaba enganchado a un mecanismo y había una cámara secreta.

Una vez entraron, se encontraron con otro pasillo donde había una enorme cola de gente esperando para ver algo.

-Hola, Bienvenidos, la visita a las mazmorras será guiada por mí. Me llamo David y trabajo además en el mantenimiento de esta exposición. Por su seguridad no se acerquen a menos de medio metro de las rejas bajo ningún concepto. –Dijo David, el primo de Quovenim.

Se vieron y se saludaron afablemente. David, pese a ser un hipócrita, mentiroso y ladronzuelo era, lo que en este mundo de malvados se puede llamar un buen hombre.

Entre las visitas se vio un nallare con corona que resultó ser el señor del castillo. Les invitó a quedarse a sabiendas de que en el fondo deseaba clavar en una estaca las cabezas de esos rivales ocultos.

Aparte de los presos habituales había multitud de criaturas de aspecto insólito.

-Al llegar a la mazmorra del último vampiro vivo les rogamos que cumplan las siguientes ordenes. Dejen en sus sacos todos los objetos puntiagudos que tengan (estacas, flechas, virotes, espadas, etc.), armas y pócimas de luz solar o fuego. Así mismo, queda terminantemente prohibido usar conjuros de fuego, telequinesis, luz solar o agua mágica en la sala. No invitéis al vampiro a vuestros aposentos u hogares y no portéis símbolos convergentes horizontalidad-verticalidad ni agua mágica y tampoco lancéis conjuros sobre el vampiro. No inflijáis estas ordenes bajo pena de muerte, gracias. –Dijo una voz joven y femenina como venida de la megafonía de un centro comercial.

 

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Escrito por Javier valladolid (Desconectado Offline), el 01 de abril de 2008
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Aquel ser no se reflejaba en el espejo de la celda y mostraba un aspecto horrendo, solitario, depresivo y ya pan fóbico. Las tablillas que dibujaban imágenes con monóculo incluido no dejaban de activarse con fogonazo de oscuridad. ... Leer mas


 
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