|
Convaleciencia
Escrito por Javier valladolid (
![]() 8
(1-4-2008) Al día siguiente visité a mi primo convaleciente con un regalo. -Te has portado con estos regalos. ¿Cómo era de grande el tesoro? –Preguntó David. -Aparte de las figuras de oro y las cien monedas que te he dado poseía doce pares de espadas cortas, dos hachas de media luna corrientes súper afilados, dos yelmos mágicos lumínicos, una pócima de explosión, un martillo de derivación, un pequeño punzón desintegra-cinturones mágicos, seiscientas cincuenta monedas de oro, mil trescientas veintidós monedas de plata, seis mil monedas de bronce, quince mil monedas de cobre, comida y agua para seis días y unas gafas de visión a través de objetos; los cuales fueron rotas por Ferigneo nada más cogerlas. Me acabo de acordar de que las guardó en la bolsa de su espalda, entre sus alas donde estas se unen, para repararlas más tarde. Oh, tenemos que revertir la petrificación. –Respondí dándome cuenta de la importancia de ese objeto. Llegué al salón del trono donde ya estaban levantados Nabel, la elfa y los criados. Esquivé la imponente figura del karshars y vi la escena junto a un espejo móvil que había en la sala. Un criado preguntaba a su señor manteniendo la distancia de seguridad. -Señor, la imponente estatua de piedra de ese ser no deja pasar a los invitados y súbditos, siendo imposible moverlo. ¿Deberíamos llamar al duende de la desgracia para revertir el hechizo? –Dijo el criado con temor en los ojos. -De acuerdo. Mi criado Sirp romperá el espejo con su maza. Hazle llamar. –Ordenó Nabel. Entonces Xufen hizo algo inesperado por motivos que no desveló entonces aunque más tarde nos contó que sintió el impulso irrefrenable de hacerlo pues pensó que un criado esclavo se merecía lo mismo recibir la maldición que ella. Entonces, en aquellos momentos en que lo imposible parece algo más y algo menos imposible a la vez, Xufen disparó una flecha sobre el espejo, rompiéndolo. -Ya no hará falta después de todo. –Comentó Nabel. El duende llegó corriendo. Lanzó su mala suerte sobre la elfa y comenzó a fijar condiciones. -Quiero 649 monedas de oro, 1320 monedas de plata, 5000 monedas de bronce y 10000 monedas de cobre como soborno. –Exigió Gafín, el duende. -Estos señores tendrán la amabilidad de pagar este soborno con ese tesoro suyo que no nos han mostrado además de ser quienes te han invocado. –Dijo Nabel. La elfa disparó al duende para darle en la pierna clavándosela al suelo con su magia pero la flecha rebotó con las paredes tras un tropiezo de esta, hiriendo a varios criados, entre ellos la criada giganta, pero no rozó al duende. Entonces pagó 4000 monedas de cobre para que deshiciera la mala suerte siete minutos después de encantarla. Entonces colaboró en el sacar al karshars de su estado junto con los mazazos de la giganta. Escoge el próximo pasaje
Versión
1 Escrito por Javier valladolid (
9
El karshars, furioso nada más despertar, sacó de su bolsa una maza y un látigo de nueve colas decidido a vengarse de alguien y lanzó una ilusión de infierno sobre la sala. Lava, fuego, rocas rojizas chillonas, rayos, aire ardiente, ... Leer mas
|
Mensaje |
||
Exito |
||
Error |
||
Aviso |
||