Vigia
Escrito por Javier valladolid (Desconectado Offline), el 09 de abril de 2008
Vigia
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El karshars, furioso nada más despertar, sacó de su bolsa una maza y un látigo de nueve colas decidido a vengarse de alguien y lanzó una ilusión de infierno sobre la sala. Lava, fuego, rocas rojizas chillonas, rayos, aire ardiente, las peores torturas que cada cual pensó en el caso de los presentes además de tridentes con diablillos cornudos fue lo que apareció.

Diez minutos después le hicimos entrar en razón, o más bien la hechicera que nos había ayudado a recuperar el cuerpo con las pertenencias de palafrén (Usó un hechizó de lazó magnético que en este caso no servía). Esquivando los mazazos y latigazos de Ferigneo, lanzó descargas eléctricas por medio de los poros de su piel contra las de Ferigneo además de varias bolas de fuego contra sus alas para reducirle.

(4-4-2008)

-Muy bien, hechicera y maga Nargie (/Nárll~i/). La más habilidosa de las elfas. –Dijo Nabel como cumplido.

Cada cual volvió a sus aposentos menos yo que decidí dar un paseo por el castillo. Contemplé con un monóculo en una torre del castillo la gran variedad de ríos, bosques y montañas de la zona. En dirección sureste vi una ciudad enorme sobre el lomo de Trostend; (5-4-2008) uno de los nueve dragones (Se le conoce como los seres perdidos. Uno fue empequeñecido y cada diez años, a causa de una maldición, renace en su huevo aunque tenga que volver de su destrucción. Otros dos fueron engrandecidos para llevar ciudades nómadas flotantes y protegerlas. Los demás vagan por los cielos en busca de comida, tesoros, bosques y campos que quemar pues los consideran malas hiervas, locos con los que ejercitar sus músculos además de lagos donde beber y refrescarse) que habitan el mundo junto a una escalera corrediza para subir a esa especie de caja con arena, árboles, lagos, bosques, calles y edificios. Hacia el norte se veían las cabañas, cuevas, tiendas de campaña y praderas con zeppelines; tierras de los Quifosen (Un conjunto de seres que podrían englobar lo que en la mitología de vuestro mundo son los ogros, orcos y trasgos u algo parecido pero que aquí son seres de escasa relevancia muy poco estudiados). Finalmente más al norte se extendían tierras diversas y lejos, al este, se vislumbraba el mar.

Me cansé de mirar y decidí volver a mis aposentos pero de camino me quedé parado en un pasillo junto a un mirador donde una ventana. Sip estaba contemplando el paisaje y se encontraba con lo que más tarde descubriría que es un çagomu.

-Hay un gran malvado en camino de alzarse con el dominio de todo y derrocar al actual exterminando a la cuarta parte de los malvados de este reino. Pero más preocupante que eso es la amenaza al equilibrio que está por llegar revolucionando este mundo como nadie más lo ha hecho. –Mintió en lo primero por una suma de dinero considerable más un puesto de consejero principal de la corte que le iba a dar Nabel pero fue sincero en lo segundo.

-A mí no me importa el equilibrio sino solo sobrevivir adquiriendo todo el poder, fama y riquezas que quiera. –Masculló Sirp.

-La amenaza al equilibrio ha de ser eliminada de una vez por todas pues las reglas de conducta han sido quebrantadas. –Dijo el çagomu y comenzó a atacar con sus cinco cabezas a Sirp que se defendía como buenamente podía de sus arañazos, picotazos, golpes telequinéticos, ráfagas de aliento gélido, tornados y remolinos además de soplos enormes de aire.

Yo me enfrenté a él con mi daga, mi plato, el punzón que le lancé, la pócima de explosión que le echó para atrás con la onda expansiva, el yoyo, la ganzúa, la soga y la pluma con el manuscrito y el encendedor. Le clavé mi daga en diferentes partes del cuerpo mientras recibía sus picotazos aun protegiéndome de algunos con el plato. Le tiré el punzó a una de sus cabezas. Le golpeé repetidas veces con el yoyo hasta que lo rompió con su pico. Até una de sus cabezas a una estatua con la soga entreteniéndola durante un rato antes de que la rompiera. Le clavé una ganzúa en sus garras. Le traté de hacer cosquillas con la pluma y, tras encender fuego con el encendedor quemé un manuscrito que ardió sobre sus alas. La dura pelea acabó con nosotros tan malheridos que estábamos cerca de la inconsciencia pero dispuestos a luchar hasta la muerte mientras que el çagomu perdió una cabeza y se quedó muy mal herido. Pese a que quizás hubiera podido matarnos en ese momento prefirió no arriesgar, ya que contaba con acabar con la serpentesia estando sola.

-Nos veremos en Panirén. –Dijo el çagomu al leer mi pensamiento aunque en realidad me dirigía a otro lugar.

Me pregunté porque ese çagomu quería matar a Sip pero no hallé respuesta. Con lo que pasé del tema.

 

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Escrito por Javier valladolid (Desconectado Offline), el 09 de abril de 2008
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