NAUFRAGOS
Escrito por Simon Hergueta (Desconectado Offline), el 22 de Mayo de 2008
NAUFRAGOS
Larson observó que en la cubierta del Sirius había dos hombres trabajando junto a uno de los botes de salvamento; lo equipaban con material que traían de una de las bodegas. Lo hacían lentamente, con cierta desgana, a sabiendas de que nadie los veía y probablemente porque acababan de comer y estaban perezosos. Uno de ellos se paró a contar las cajas que habían depositado en el tambucho del bote y después, se quedó pensativo mirando el mar, dejando que el viento le golpeara la cara. Hacía tres días que habían atravesado el canal de Panamá.

Cuando lo hicieron, Julia y Larson habían mirado con frustración lo cerca que estaban de ser libres. En la esclusa de Miraflores se les unió un pequeño barco en donde viajaba una familia. Larson les miró desde el puente y estuvo tentado de ponerse a gritar y pedir ayuda. Para eso tendría que abrir la puerta y salir fuera, correr hasta saltar a tierra y después intentar llegar a una embajada, tal vez a la norteamericana en la Avenida de Balboa, donde seguramente les ayudarían; pero sus poco elaborados planes le parecían demasiado arriesgados cada vez que observaba a los soldados del puente con sus Kalachnikov bajo el brazo.

Por unos momentos había envidiado a todos aquellos turistas que contemplaban la esclusa desde una grada cubierta en donde un guía panameño con micrófono en mano explicaba todos los pormenores del canal en español y en un mal inglés, mientras ellos esperaban a que se realizara el trasvase de agua de una esclusa a otra. Después, cuando pasaron por debajo del fabuloso puente de las Américas fue consciente de que aquella había sido la última oportunidad para poder huir del barco y se recriminó por no haberlo hecho.

El mar adquiría en este lado del océano un color diferente y las puestas de sol eran aún más hermosas que en el Atlántico. El Sirius navegaba feliz partiendo el mar en dos, lanzando a los lados series de olas imperfectas y hacia el cielo una hilera de humo negrísimo que salía de las propias calderas de la embarcación y que producía un romoneo constante que no era escuchado por nadie salvo por el capitán.

Con el paso del tiempo y ante el hecho de estar en alta mar, la vigilancia a la que estaban sometidos se fue relajando. Una noche, Larson salió de su habitación, atravesó el pasillo y entró en la estancia de Julia. Cerró la puerta con cuidado de no hacer ruido y se quedó unos instantes mirando hacia el techo a la espera de escuchar algún ruido que delatara la presencia de los guardianes. Sólo pudo escuchar el ronroneo del motor y unas voces distantes que seguramente provenían del puente de mando. Caminó hasta la ventana del camarote y miró hacia fuera. El mar estaba en calma y había bastante luminosidad debido a la luna.

- ¿Julia? - susurró al oído de ésta.
- ¿Qué ocurre?
- ¡Nos vamos!
- ¿Qué? - dijo ella incorporándose.
- ¡Nos vamos! - repitió Larson - tengo un plan para escapar. Hay un bote de
salvamento en una de las cubiertas, nos podemos hacer con él.

 

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Escrito por Simon Hergueta (Desconectado Offline), el 20 de junio de 2008
· Leído 38 veces · Sin comentarios · Sin pasajes debajo
- ¿Estás loco? ¿Qué vamos a hacer en un bote en mitad del océano? - Podríamos intentarlo, la otra alternativa es quedamos aquí y esperar a que nos... maten. Julia se quedó pensativa. No le parecía nada irreal lo que estaba diciendo ... Leer mas


 
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