LA NOCHE
Escrito por Simon Hergueta (Desconectado Offline), el 20 de junio de 2008
LA NOCHE
- ¿Estás loco? ¿Qué vamos a hacer en un bote en mitad del océano?
- Podríamos intentarlo, la otra alternativa es quedamos aquí y esperar a que nos...
maten.

Julia se quedó pensativa. No le parecía nada irreal lo que estaba diciendo Larson y era cierto que una vez que aquellos hombres tuvieran las claves del mapa, ellos ya no eran necesarios y probablemente no sería nada conveniente que los dejaran en libertad. Se levantó de la cama y se vistió.

- ¡Vamos! - dijo - creo que tienes razón, tenemos que salir de aquí. - Coge algo de ropa.

Llegaron a la cubierta de estribor y anduvieron unos metros hasta bajar a la popa del
barco en donde se encontraba el bote. Larson se las ingenió para activar el sistema de poleas que funcionaba con un pequeño motor. Siguieron las instrucciones de uso que estaban escritas en un panel rojo y consiguieron bajar el bote al agua. Larson había atado un cabo a la embarcación y fue soltando cuerda hasta que el bote se situó a la popa del Sirius a una distancia de unos ocho metros.

- ¿Hay que saltar? - dijo Julia.

Larson se ató el cabo a la cintura, cogió un par de salvavidas y saltaron. Desde el agua
observaron, gracias a la luz de la luna, cómo la silueta del Sirius se iba alejando de ellos. Larson comenzó a tirar del bote hacia sí hasta que lo pudo agarrar con las manos. subieron y se quedaron observando cómo el Sirius se alejaba más y más, hasta que llegó un momento en el que desapareció. Se pusieron ropa seca y esperaron a que se hiciese de día.

Con la luz del sol, sus sospechas de que el Sirius les estuviera buscando desaparecieron. Larson comenzó a investigar las cosas que había en la lancha.

- Por aquí sé que hay algunas islas - exclamó Larson mirando al horizonte como si intentase encontrar en la lejanía un trozo de tierra firme - Podríamos encontramos con una de ellas y por lo menos estaríamos a salvo de morir de sed o ahogados. Estas islas son pequeñas, pero seguramente tendrán cocos con lo cual nos permitirán sobrevivir hasta que llegue alguien...

- El problema no es sobrevivir en una isla, el peligro está en lo que puede llegar hasta
la isla... - dijo Julia quitándose el pelo que le cubría la cara.
- ¿Qué quieres decir con eso ? - exclamó Larson algo nervioso por el tono de misterio
que Julia le daba a sus palabras.
- Estamos relativamente cerca de Colombia. Por estas aguas se mueven lanchas rápidas con cargamentos de cocaína y otras drogas, incluso armas, que venden en Centroamérica siguiendo toda una serie de rutas para introducirse en Estados Unidos y te aseguro que esa gente no es nada amable.

Después de plantearse su nueva y no muy afortunada situación, se dieron cuenta de que el sol empezaba a quemarles la piel, por lo que decidieron montar la vela y protegerse con el toldo. El agua tendrían que empezar a racionarla ya que en esos momentos era lo más importante. Se pusieron cómodos y el barco empezó a navegar del través con cierta ligereza. Larson calculó el rumbo hacia el Norte y se hizo con el timón.

Transcurrieron las horas. Una detrás de otra en una sucesión de falta de acontecimientos, aunque en el mar no existe el aburrimiento y la naturaleza cambia constantemente como si siempre estuviera insatisfecha consigo misma. La sensación deavanzar avivaba el ánimo, ya que el barco navegaba bien y hacia sus buenos ocho nudos. Podrían cambiar de rumbo hacia el oeste en unos dos días de seguir a esta marcha y en esa futura posición las probabilidades de encontrar una isla aumentaban de forma notable.

La noche cayó sobre sus cabezas, no sin antes mostrarles el espectáculo impresionante de la caída del sol, algo que se produjo con sorprendente velocidad propia de esas latitudes. Con la noche, llegó un panorama realmente hermoso. Miles de estrellas hicieron presencia en el firmamento con una perspectiva infinita. Se podían apreciar incluso algunos satélites que circunvalaban el globo terráqueo con una uniformidad maquinal, describiendo arcos perfectos en el espacio.

Al mismo tiempo que la naturaleza mostraba todos esos cambios que hacían olvidar su suerte al más desgraciado de los náufragos, se producían otros cambios de naturaleza más humana en el interior de Julia. En un principio había experimentado una cierta desconfianza hacia Larson yeso le hacía mantener su papel de periodista competente que no debe confiar en nadie, sin embargo, ese papel ya no resultaba útil en la situación en la que se encontraba ahora. Incluso se había olvidado por completo de todo aquel embrollo del mapa que tan preocupado le tenía a Larson y aunque parecía una buena noticia, realmente ¿Qué importaba todo eso cuando su propia vida estaba en peligro?

El peligro había avivado en Julia el instinto de supervivencia, eso que hace a la gente reaccionar de verdad, y por ello estaba dispuesta a aprender todo lo que hiciera falta acerca de la navegación, la pesca, la meteorología, las corrientes e incluso los tiburones. De alguna manera, buscaba desesperadamente tener la sensación de controlar su propio destino tal y como siempre había hecho mal que bien.

Esa noche el bote navegó con soltura y las millas fueron engullidas tenazmente por su proa como un corredor de fondo que nunca se agota. Se turnaron cada cierto tiempo para dormir incómodamente debido a la dureza de la bañera de la embarcación y al hecho de que, aunque no había mucho oleaje, de vez en cuando entraba en el barco una lluvia de agua salada procedente de alguna ola.

 

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