UN LABERINTO DENTRO DE UN LABERINTO
Escrito por Simon Hergueta (Desconectado Offline), el 19 de abril de 2008
UN LABERINTO DENTRO DE UN LABERINTO
Al día siguiente, Roberto le telefoneó por la mañana y quedaron en verse a primera hora de la tarde. Roberto le dijo que había hablado con el señor Pendercudlip y que estaba dispuesto a acompañarle para estudiar el asunto del jeroglífico. Larson había estado pensando en el libro durante toda la noche y algunas ideas habían empezado a surgir de su privilegiada mente. La primera que le vino a la cabeza es que la forma en que estaba organizado el ibro coincidía exactamente con la división actual de la Biblia.

Larson estaba maravillado de que casi todas las inscripciones y jeroglíficos que había estudiado a lo largo de su vida le conectaban con la Biblia. ¿Sería la Biblia un gigantesco jeroglífico aún sin resolver? Era cierto. La Biblia está dividida en el Pentateuco, los libros históricos, los libros sapienciales y por último los libros proféticos. Además el Pentateuco estaba dividido en cinco partes: génesis, éxodo, levítico, números y deuteronomio. Esa idea le pareció interesante, ya que tal vez a partir de ahí, podría obtener nuevas pistas y las semejanzas con el libro eran sorprendentes. Mientras se recreaba en todas esas ideas, sonó el timbre de la entrada.

- Tomaré un café si no es mucha molestia - dijo el señor Pendercudlip.

El señor Pendercudlip era un viejecito realmente encantador como ya había dicho Roberto. Era alto y delgado, con el pelo canoso y un poblado bigote. Había perdido un poco la agilidad en los movimiento a causa de una artrosis, sin embargo, debió de tener fuerza y cierta capacidad atlética seguramente fruto de sus trabajos constantes en jardinería. El señor Pendercudlip, había trabajado como investigador en el Jardín Botánico Real de Kew, uno de los jardines botánicos con mayor presupuesto y plantilla de todo el mundo.

- Estos números representan la constitución genética de una planta y hay dos grupos, si estoy en lo cierto, indican también densidades y números - dijo Larson.

El señor Pendercudlip bebió un poco de café y miró los números de las plantas, luego miró un mapa de Gales detenidamente.

- Uhmm... densidades... ¿Qué está buscando?
Larson le miró por unos instantes y se sintió un poco estúpido.

- Pues... - exclamó un poco contrariado - No lo sé...
- Qué curioso... - dijo el señor Pendercudlip.
- ¿Por qué? - preguntó Larson.
- Esos números - dijo el señor Pendercudlip - representan series de genes, como las que hacía Mendel...
- Vaya... - exclamó Larson.
- Son series, pero no puede saberse de qué planta estamos hablando porque son sólo números sin asociar ¿Comprende?, es como un código clasificador único, algo que se utilizó durante un periodo de tiempo muy breve en la botánica, más o menos, durante los años 40 creo...
- ¿Y usted lo conoce?
- ¡No! ¡Por supuesto que no! - dijo el anciano - nadie lo conoce porque era muy malo y no duró mucho tiempo, pero hay libros que lo guardan, podré mirarlo y usted tendrá sus claves para descubrir lo que sea que esté buscando.

Durante los siguientes días, Larson se enfrascó en la lectura de los otras tres partes del libro y si ya le había causado cierto desconcierto la primera parte, las otras tres, le sumieron en una mayor confusión, pues insistían en la existencia de una energía llamada “fundamental” que le tenía intrigado pues nunca había oído hablar de término semejante. Además, las similitudes con la Biblia iban en aumento. Otras partes del libro hacían constantes menciones a determinadas frases de la Biblia, en concreto a los libros históricos y a los sapienciales, muy relacionados con aspectos como el destino y el nuevo mundo. Mientras tanto, Julia no daba señales de vida y en su fuero interno, Larson pensó que lo mejor sería borrarla de su cabeza; no estaba dispuesto ahora a implicarse con nadie. Además, necesitaba estar solo.

Al cabo de unos días, apareció Roberto en su casa junto con el señor Pendercudlip. Por fín habían podido identificar los códigos numéricos de las plantas. Tanto Roberto como Charles se quedaron sorprendidos al entrar en la estancia por el desorden reinante. Todas las habitaciones estaban llenas de documentos, dibujos, libros, mapas y revistas científicas. Larson les condujo hasta una mesa en donde reinaba el más absoluto caos y esperó a que Charles le mostrara los resultados.

- Se trata de biofritas - dijo Charles - plantas criptógramas que tienen alternancia de generaciones; si no me equivoco sus patrones de ADN se corresponden con la Scleropodium cespitans y la Porella pinnata.

Larson sonrió satisfecho. Aquel hombre había hecho bien su trabajo y le había abierto la puerta a la resolución del puzzle. Entonces, le pareció muy curioso que para resolver el jeroglífico se necesitasen avanzados conocimientos de botánica, tal vez, ahí mismo, residía otro mensaje dentro del mensaje, una suerte de guiño del autor. Larson les agradeció el favor y fue a la cocina a por una botella de whisky escocés para celebrarlo. Larson sirvió el whisky en unos vasitos pequeños, después los tres hombres levantaron sus vasos y brindaron.

- ¡Por lo que descubramos! - dijo Larson.

Bebieron unos cuantos vasos de whisky, tras lo cual, la reunión se disolvió. Cuando se marcharon Roberto y Charlie, Larson sintió la necesidad de ordenar un poco su casa, pues tanto desorden empezaba a angustiarle. Empezó con el salón que era el lugar más afectado. Recogió las revistas y ordenó los libros que había sacado de las estanterías. En ese instante sonó el teléfono.

- ¿Diga? - contestó Larson.
- ¿Señor Larson? Soy yo, el señor Blue.
- ¡Alfred! ¿En que puedo ayudarte?
- Necesito hablar urgentemente con usted.

Al cabo de unos veinte minutos, Alfred hacía acto de presencia en las inmediaciones del chalet de Larson con su habitual bicicleta. Larson le invitó a pasar.

- Me va usted a perdonar, pero... - exclamó con la voz entrecortada el señor Blue - Es por lo del paquete.
- ¿Qué ocurre?
- Hace una semana me abordó un hombre llamado Walter Mathew, creo que usted lo conoce...
- Sí.
- Fue él quien me dió el paquete que le traje.
- ¿Cómo? - exclamó Larson.
- ¡Oh Dios mío! - gimió el señor Blue - ¡Lo han encontrado hoy muerto!

 

Escoge el próximo pasaje
Versión
1
div
Escrito por Simon Hergueta (Desconectado Offline), el 20 de abril de 2008
 2 votos · Leído 56 veces · Sin comentarios · 16 pasajes debajo
Larson palideció. Walter, su compañero de universidad y colega había muerto. Se tuvo que repetir la frase varias veces para creerlo, pero era incapaz de aceptarlo. Larson tomó asiento en uno de los sofás. Suspiró. - ¿Pero qué ha ... Leer mas


 
Volver al
Pasaje 3º
Escribe tu versión del
próximo pasaje

 
Comentarios
Nadie dejó comentarios en este pasaje.
Escribe el tuyo
Te gustaría comentar aquí
Solo los usuarios registrados pueden escribir comentarios
Obtén tu cuenta gratis | Ingresa
Leído 105 veces
Privacidad: Pública
Rating
Puntaje: 10,0 (2 votos)
Ideas
Personajes
Argumento
Comparte esta historia
LINK:
Para enviar por mensajería instantánea o e-mail.
HTML:
Para pegar en tu blog, foro o espacio web.
 
Tu cuenta
Ingreso
Obtén tu cuenta gratis
 
 
 
Mensaje


Exito


Error


Aviso