|
TRAS LOS MURKUS
Escrito por Simon Hergueta (
![]() Un hombre de cabellos oscuros y ojos negros caminaba al frente del grupo y lo hacía con gran determinación. Era joven, tan joven que aún no se podían distinguir en su rostro las huellas de la guerra. A su lado caminaba un hombre bajito de mediana edad que iba cargado de unas grandes bolsas hechas con piel de animal.
- ¿Estás bien? - preguntó el hombre bajito. Patrick le miró con afecto y en su interior agradeció que se preocupase por él. La pierna ya no le dolía tanto como antes lo cual era una buena señal. Había temido perderla y la sola idea de tener que vivir así le había aterrorizado. Ahora estaba mucho mejor, aunque había cosas en su pasado que aún no le dejaban dormir tranquilo, otras heridas mucho más complicadas que parecían no curarse tan espontáneamente. - Gracias Enric, estoy muy bien - dijo con una sonrisa en su rostro y dándole una calurosa palmada en la espalda. Se detuvieron ante la entrada de un bosque y Patrick observó con atención los alrededores. Estaba aprendiendo a identificar las señales que la naturaleza le mostraba al igual que aprendía día a día a interpretar las señales que provenían de su interior. Después de unos segundos decidió continuar por una senda diferente a la que habían tomado en un principio. El grupo lo siguió como hacía siempre. Patrick dirigía la expedición que estaba formada por un grupo heterogéneo de individuos y en su mirada se podía apreciar un brillo especial que denotaba un afán extraordinario por encontrar algo que ni él mismo sabía lo que era. Pronto caería la noche sobre ellos. En esta ocasión Nula y Gaba coincidían en el firmamento y eso tenía como consecuencia una mayor luminosidad y un cierto halo mágico. El paisaje era extraño y no muy parecido al terrestre, pues la evolución había tomado sendas diferentes al estar sometido el planeta a unas condiciones ambientales más agresivas. Había zonas en donde parecía que ningún organismo vivo había estado jamás. No obstante, si se prestaba atención a los detalles, se podía observar rastros de tipo animal, pero no eran rastros comunes, de animales conocidos, eran rastros de especies raras y desconocidas, algunas de ellas muy peligrosas. La vegetación estaba compuesta de enormes árboles aislados y rodeados de lianas que caían a su alrededor, permitiendo la interacción de diferentes especies, e invitando a subir a un espacio apacible y silencioso. Todos andaban en hilera, eran cinco hombres, cuatro mujeres y dos niños. También llevaban algunos animales de carga y shirks. Miraban el paisaje con atención y desconfianza, esperando que de pronto ocurriese algo o que surgiese una figura de algún lugar, porque lo cierto es que tenían la impresión de que alguien les estaba observando. Según iban caminando a paso lento, bordearon la orilla de un enorme lago cuyo final no se podía ver debido a la niebla espesa que lo rodeaba. La niebla era blanca con tonos grisáceos y en uno de los puntos de aquella masa gaseosa apareció un débil contorno que fue progresivamente ganando presencia. La difuminada mancha de color pardo se fue transformando en una canoa que avanzaba en la dirección del grupo con fuerza y velocidad, pero apenas produciendo sonido alguno. En la canoa había un grupo de nativos zuluok que prácticamente andaban desnudos y tenían sus rostros pintados en diferentes tonos amarillos, rojos y verdes. Patrick hizo una señal al grupo para que los ignoraran y así hicieron, aunque no podían dejar de mirarlos. Uno de los nativos se bajó de la canoa, era un niño. Comenzó a perseguir a Patrick mirándole a los ojos, pero éste no le prestaba atención. Sin mediar palabra le dio la mano. Patrick se detuvo y le sonrió, parecía que estaba jugando con él. Los nativos querían que se quedase en la región de pastraduni para protegerles de eventuales ataques de los tamtays, pero tenían una misión que llevar a cabo y no podían quedarse atrás, de ahí aquel juego de símbolos que nadie entendía. - Russtem bruhle nai-po - dijo el niño. - Kay sam nai-po ? - le contestó Patrick con un tono de voz dulce. Intercambiaron unas palabras que nadie más que ellos entendían, a excepción de los niños que habían aprendido algo durante su estancia con los zuluok. El muchacho nativo se dio por vencido y desapareció entre el follaje. No se le volvió a ver más. Pronto el grupo empezó a tener complicaciones para proseguir su travesía. El territorio se fue volviendo más y más hostil a medida que la densidad de los troms aumentaba. En algún momento tuvieron que hacer uso de sus armas y a punto estuvieron de resultar mortalmente heridos varios de los componentes de la expedición a causa de una manada hambrienta. Se hizo de noche lo cual no era nada tranquilizador. La expedición siguió caminando dos horas más a la luz de Nula y Gaba que permitía ver con claridad. Llegaron a una suerte de promontorio rocoso que parecía esculpido en la roca por alguien. Era una forma rectangular, casi perfecta y de grandes dimensiones, sobre la que subieron para observar lo que había al otro lado. Treparon casi con sus últimas fuerzas al borde superior del macizo rectangular. Lo que observaron desde allí fue una de las imágenes más increíbles que probablemente habían contemplado en sus vidas. Escoge el próximo pasaje
Versión
1 Escrito por Simon Hergueta (
Hay momentos en los que uno despierta de un sueño y no tiene la más mínima noción de dónde se encuentra. El despertar en esos casos es como una vuelta a la realidad y durante unos segundos la desorientación es total y el sentido del ... Leer mas
|
Mensaje |
||
Exito |
||
Error |
||
Aviso |
||