Álvaro
Escrito por cuartoalbero (Desconectado Offline), el 09 de abril de 2008
-¡No os volváis y tirad las armas! -gritó alguien tras los tres encapuchados.

Marcos, el tío de Adán, giró levemente la cabeza hacia sus compañeros y asintió de una manera casi imperceptible para las personas que los habían hecho detenerse. Los tres soltaron las armas y alzaron las manos.

-¡Cabrones! -dijo una voz diferente a sus espaldas. Álvaro y Adán reconocieron a Kike-. No sé cómo podéis seguir tan tranquilos después de lo que habéis hecho.
-No lo entenderíais...
-¡¡A callar!! -gritó María Portillo, intentando contener su furia.- No tenéis derecho a hablar después de lo que nos habéis hecho.

Los tres encapuchados soltaron sonoras carcajadas, regodeándose en su éxito, saboreando la victoria... riéndose de sus víctimas.

- ¡¡Yo los mato!! -gritó Kike. Y se lanzó a por el encapuchado del centro.

"Grasso" error, ya que ese era el tío de Adán y había estado en el ejército. Kike apenas tuvo tiempo de reaccionar. Marcos se dio la vuelta rápidamente, inmmovilizó a Kike con una llave y sacó la pistola oculta en el tobillo y apuntó con ella a la cabeza del alumno.

-¡Quietos! -gritó Marcos.- O esparzo los sesos de vuestro amigo por todo el parque.
Adán y Álvaro se giraron. Allí estaban María Portillo y Cristian, que habían estado siguiendo a Álvaro y a Adán desde que salieron del instituto.
-Recoged las armas -dijo Marcos, sonriente bajo la capucha.

Ambos encapuchados recogieron sus armas del suelo y apuntaron a Cristian y a María.
-Al que se mueva... me lo cargo -dijo Adán con tanta frialdad que no paecía el muchacho calmado y callado que habían conocido a principios de curso.
-Esposadlos.

Con unas tiras de plástico (más seguras que unas esposas normales), ataron a los tres entrometidos estudiantes. Álvaro disparó al candado de la puerta de la ermita y abrió la metálica puerta de una patada.
-Adentro -dijo éste secamente.

Cristian, Kike y María entraron en la ermita. Álvaro hurgó en sus bolsillos y sacó una granada. Los tres alumnos miraban temerosos el objeto, mientras el muchacho encapuchado lanzaba y recogía la granada. Adán cerró la puerta de la ermita. Álvaro seguía lanzando y recogiendo el explosivo. Parecía pensativo. Miró a los tres secuestrados y soltó un suspiro.

-Siempre que crees conocer a alguien éste te sorprende con algo inesperado -dijo tranquilamente el captor. Se encogió de hombros y le quitó la anilla a la granda.- No es nada personal.

Por las aberturas de la reja, coló la granada. Los tres encapuchados se alejaron de la ermita.

Lo último que oyeron antes de colocarse en sus posiciones de francotiradores, a una distancia segura de la ermita, fue un "¡NO!" colectivo y lejano...y la explosión de la granda.

La fase uno había terminado. Comenzaba la fase dos...

 

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Escrito por cuartoalbero (Desconectado Offline), el 13 de abril de 2008
· Leído 37 veces · 1 comentario · 5 pasajes debajo
En el instituto (o en lo que quedaba de él)l reinaba silencio. Un sepulcral silencio. Parecía tan desierto, solo y peligroso si observabas el instituto desde allí... Y, sin embargo, !era tan seguro! María, Fátima y Marta se auparon ... Leer mas


 
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Pasaje 39º

 
Comentarios
Por favor, el siguiente que de cuerda como para que yo diga que nos hemos escapado por favor, ¡QUIERO VIVIR! María Portillo.
Escrito: 4 meses atrás
Buenísimo lo de "No es nada personal", Álvaro. Me parece que ni Superman te salva, María, jajaja.

El Profe.
Escrito: 4 meses atrás
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