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Voraces
Escrito por nemo (
Voraces…
Le dijeron que los botara a todos en el patio y después, sin voltear, caminara hacia la entrada de la vecindad. Su profesionalismo le dictaba que lo hiciera al pie de la letra pero la curiosidad era una diminuta espina en el dedo que exigía mirar. No le había importado las extrañas condiciones con las cuales le contrataron. Por cincuenta mil, las preguntas no existían; era realizar el trabajo y ya. Le tocó “limpiar” tres departamentos del lado sur. Siete “pelados” en total. No matar, solo inhabilitar. De las tres dagas que le dieron solo le quedó una que le tuvo que arrancar del cuello a ese tipo robusto de cara parecida a la de un mapache. __La del recuerdo, pensó. Una vez terminado el trabajo, “Frías” lo esperaría a bordo de su “kingRanch” en la esquina siguiente y le pagaría. Llegó al pasillo de acceso y se detuvo un momento al escuchar un golpeteo en la azotea. Sin notarlo, estrujo con su mano el escapulario ámbar que llevaba en el pecho, (tómalo como tu gafete de presentación para que los “jefes” sepan que estas de nuestro lado, le había dicho “frías”) se recargó en la pared húmeda y se escondió entre la fila de medidores de luz empotrados en el muro que parecían soldados con sus cascos lustrosos. Solo miraría un minuto. Solo eso. El patio de la vecindad estaba envuelto con una penumbra pastosa. Los cuerpos apilados al centro parecían confundirse con el piso gris. Una pequeña montaña de escombro humano. De nueva cuenta ese sonido como de pájaro. Desde su escondite no lograba ver hacia la azotea. De ahí provenía ese ruido. Se agachó con la espalda pegada al muro en medio de una maraña de cables que agradeció no estuvieran energizados. Ya veía. Unas figuras largas y oscuras estaban paradas en el pretil del techo mirando hacia abajo. Contó cuatro. Escuchó aleteos. De la oscuridad emergieron tres figuras más que se posaron de frente a las que permanecían inmóviles. La luna se escondió en un banco de nubes. Forzó un poco la vista y observó: Piernas flexionadas, en cuclillas; espalda recta, vertical; brazos extendidos aferrando con sus manos el pretil y unas enormes alas plegadas en su espalda. Quiso pararse y correr por el pasillo, pero decidió esperar otro poco al ver que se incorporaban todas al mismo tiempo. Después, lo que vio, no se lo hubiera creído a nadie aunque se lo juraran en el lecho de muerte. Los observó aventarse hacia abajo desplegando sus fibrosas alas hasta posarse encima de los cuerpos desparramados en el patio. Comenzaron a lanzar zarpazos; gruñidos ávidos se escuchaban mientras de forma salvaje embutían en sus enormes bocas pedazos de carne hecha jirones. Uno de ellos, en medio de su euforia, hirió a otro en la espalda y éste se le abalanzó con las garras por delante. Volaron trozos de piel negra y chillidos lobunos mientras se trenzaban en una pelea grotesca. Los otros aprovecharon el momento para engullir más. Ya había visto suficiente. Más de lo que hubiera querido, pensó. Empezó a caminar hacia atrás, agachado, recargando su cuerpo en la pared. Su mano derecha apretaba el escapulario como si fuera el eje central de un mundo que giraba desbocado a su alrededor y si lo soltaba, saldría despedido a quien sabe donde. Avanzó unos metros hasta que su pie chocó con una lata de refresco que algún malintencionado puso en su recorrido. “Crack”, sonó el aluminio y sintió que se le desquebrajó el alma. Volteó hacia abajo y la apartó con cuidado. Cuando volvió a mirar hacia el frente su corazón se detuvo por completo y el cerebro se encogió detrás de sus ojos. Agradeció a la noche no quedarse paralizado. Uno de ellos lo miraba con un trozo de algo chorreante en las fauces. Unos resortes invisibles lo levantaron y apoyándose en la pared, corrió hacia el rectángulo de calle que todavía lo divisaba lejano. Escuchó aleteos detrás de él. No quiso voltear. Correría hasta que sus piernas se desmoronaran en el pavimento. Le azotó una fuerte corriente de aire en la espalda haciéndolo tropezar; su cuerpo se inclinó hacia el frente y vio como el piso se acercaba a su rostro. Extendió los brazos pero no llegó hasta el suelo. Unas agujas enormes y gruesas se le clavaron en los hombros y sintió como sus pies dejaban de tocar la tierra. Quiso gritar; solo emitió gorjeos ahogados. Dejó de ver el techo húmedo; aparecieron las estrellas y mas abajo, la calle silenciosa. Sus piernas oscilaron, creyó estar prendido de un tendedero de ropa. El viento le golpeaba la cara y le hacía entrecerrar los ojos. Con mucho esfuerzo levantó la cabeza y obligó a sus párpados resistir. Un enorme cuerpo translúcido apareció en su campo visual tapando, con unas grandes alas membranosas, el cielo. Pataleó sin éxito. Sentía las garras en sus hombros incrustadas hasta el hueso; por un momento, aseguró que su piel se desgarraría cayendo al pavimento y cuando pretendiera incorporarse, se daría cuenta que sus huesos no estaban con él. Quedaría invertebrado, como un muñeco de trapo observando como su osamenta volaba adherida a aquellas garras sucias. Ahora venía en descenso. Su cuerpo se inclinó hacia atrás, casi paralelo al que lo llevaba. Miró como la entrada de la vecindad se acercaba. Pasó de ser un punto lejano hasta convertirse en un gran agujero rectangular. __ “Si entro, voy a valer”… sonrió ante la certeza de que este pensamiento opacó el dolor. Después, una idea, como una pequeña flama de cerillo, iluminó su mente. No sabía a ciencia cierta si funcionaría, pero era lo último que le quedaba. Con las dos manos agarró el escapulario rogando que no se le escurriera por el aire y con el final de su energía, levantó los brazos por encima de su cabeza. “El gafete de presentación” tocó aquella piel húmeda y borrosa. Escuchó un gritó, mezcla de dolor y furia. Se sintió de nueva cuenta elevado. Después, su cuerpo choco contra algo macizo. Sus hombros se liberaron y cayó de espaldas al suelo. Apareció la negrura de la inconciencia. Lo llevó al recuerdo de una tarde en que competía montado en una moto y en una vuelta forzada, a gran velocidad, había perdido el control estrellándose contra la pared de una casa. Abrió los ojos. Los volvió a cerrar. A sus oídos llegó un murmullo constante y somnoliento. Su mente divagaba en imágenes confusas, llenas de aire y garras. Movió una mano. Acarició una superficie felpada, suave. __“Voy en la limosina del diablo con rumbo al infierno”__ balbuceó. Rió sin ganas. __ Ese mi “chinol”__ escuchó al frente. Trató de incorporarse pero le estalló el cráneo con sendas oleadas de mareo. Emitió un quejido leve y cesó en su intento. __ Ni te muevas, compadre. No falta mucho para llegar al hospital__ Sus párpado se abrieron como persianas y miró a su alrededor. __ Ese mi “chinol”, ¿entiendes lo que te digo?__ __ Si__ eso trató de decir aunque solo emitió un ruido como el de una trompetilla. __ Bienvenido seas, compadre. No te echaré en cara lo que hiciste porque al fin y al cabo, el trabajo estuvo bien ejecutado. Lo “jefes” están contentos y lo mejor de todo, “satisfechos”.__ Juntando toda su energía logró levantarse y quedar sentado en el confortable asiento trasero de la “KingRanch” de “Frías” __ ¿Mi lana?__ se oyó preguntar. El cuerpo le estaba matando. No sabía en que lugar le dolía más. Sus hombros gritaban desaforados. __ ¿Qué cosa?, ¡jajajajaja!... estás “caon”. ¿Como me preguntas eso?__ __ Mi lana__ aseveró. Frías lo volteó a ver con expresión vacilante. __ Ta´ bueno, no te me esponjes “Chinol”__la voz de Frías tomó un matiz de complacencia. __ Tu lana esta bien segura aquí en la guantera__ dio golpecitos en la puerta señalando el lugar. __ Creo que entendiste bien las recomendaciones que te hice. Para la próxima, a lo mejor no esté ahí para recogerte y te lleven por andar de mirón, “caon”__ Frías detuvo el auto y girando la cabeza para ponerse de frente, lo miró serio. __ Te vi salir por el acceso de la vecindad prendido de uno de ellos. Ibas como colgado de un gancho para ropa. Créeme, no cualquiera estaría vivo en estos momentos. Por eso te respeto. Tienes tanto aguante como el tamaño de la estupidez que hiciste.__ __ ¿Quiénes son ellos?__ __ Mmmm, míralo de esta forma. Son los que te van a pagar una lana por cada vez que les concluyas un trabajo de forma satisfactoria. ¿Estamos?... no seas metiche, ni preguntón y mucho menos… mirón__ volvió a encender el motor. __ No seas idiotita. Con una sola vez basta para entender__ empezó a avanzar el auto. Frías empezó a desabotonarse la camisa hasta que de un tirón, descubrió sus hombros. __ Ahí lo tienes mi “chinol”, somos hermanos ahora__ lo dijo casi cantando. Tres surcos mal suturados resplandecían con chipotes de piel lustrosa a la altura de sus omóplatos. Tres de cada lado. __ Creo que es inevitable mirar la primera vez__ Riéndose de buena gana, volvió a recostarse en el asiento trasero y dejó que “frías” condujera. Sin más preguntas, se desmayó. Escoge el próximo pasaje
Hasta aquí llega lo escrito para esta línea narrativa de la historia. Si lo deseas puedes contribuir escribiendo el próximo pasaje.
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