El primer día de trabajo
Escrito por Lunuma (Desconectado Offline), el 04 de abril de 2008
Hoy ya es lunes, Fiona se levanta y recuerda que hoy es su primer día de trabajo. La verdad es que tiene poco ánimo y ya no le hace tanta ilusión como antes. Ella se dirige hacia la puerta y se da cuenta de que ayer ella se quedó dormida en el sofá, y hoy se había levantado en la cama. En ese momento vió a Hugo, quien le había preparado un riquísimo desayuno.
- Buenos días Fiona. Te he preparado esto para que comas algo.
- ¡Oh! Muchas gracias. Tiene muy buena pinta, pero no tengo muchas ganas de comer.
- Fiona sabes que debes de comer algo, el desayuno es muy importante.
- Está bien, pero no sé si me lo comeré todo.
Ellos desayunaron juntos y recordaron muchas cosas de cuando ellos eran novios. Al terminar, Fiona se arregló sólo un poco, puesto que ya estaba vestida, y Hugo la llevó a la clínica en su coche.
Mientras iban en el coche, volvieron a nombrar a sus padres en la radio. Esta vez se comunicaba que ya habían averiguado quién fue el que provocó el accidente de ayer. Por lo visto iba borracho, y actualmente se encontraba en la clínica donde ella trabajaba, enfermo por una cirrosis hepática y tenía que ser operado para realizarle un transplante hepático. Estos enfermos si tienen que ser operados, es porque la cirrosis ya es demasiado grave y le quedan menos de dos años de vida.
- Esta es mi oportunidad -pensó Fiona-.
Se bajó del coche y se despidió de Hugo.
- Quiero que sepas que me voy a quedar contigo durante un tiempo. No quiero dejarte sola en esta situación tan delicada -le dijo Hugo antes de que se fuera-.
- Vale.
- Vendré a recogerte luego -Fiona asintió con la cabeza-.
Hugo se fue cuando la vio entrar. Ella se dirigió a recepción, pero era temprano y allí no había nadie. Decidió ir a la sala del personal, situada a su izquierda al fondo según un cartelito. A la mitad del camino, una señora vestida con bata blanca la saludó.
- ¡Hola! debes de ser Fiona ¿no? me pidieron que te entregara esto cuando llegaras.
La señora le entregó una bata blanca igual que la suya, pero un poco más pequeña.
- ¿Me la tengo que poner ya? ¿a dónde tengo que dirigirme ahora?
- ¡Ooh! tranquila, querida, tú pontela y ve a hablar con el jefe, que está allí en esa habitación. Él te dirá qué debes hacer -le dijo con una sonrisa de oreja a oreja-.
La señora se fue, y Fiona caminó hacia el lugar que le había indicado. Llamó a la puerta, y una grave voz le indicó que pasara.
- Hola, siéntate por favor. -Fiona obedeció enseguida, y su jefe continuó- Lo primero de todo es darte la bienvenida. Espero que te encuentres a gusto en este lugar y que des todo lo que puedas de ti. Demuéstrame qué buena estudiante fuiste y verás las recompensas. -era un jefe bastante claro y directo- Lo segundo es explicarte cómo funcionan aquí las cosas.

Al cabo de treinta minutos, su jefe terminó de explicarle el funcionamiento de la clínica y le encargó su primer trabajo: cuidar del nuevo paciente enfermo de cirrosis. Le dijo que si le convencía con este pequeño encargo, quizás sea ella quien se encargue de operarlo, pero mientras debía practicar con maniquís de plástico. Fiona no podía estar más feliz, a pesar de que sus padres hayan muerto, estaba segura de que ellos estarían muy orgullosos de ella. Y más después de realizar la operación.
Estaba deseando dar de sí lo mejor durante los tres ó cuatro días que estaría cuidándolo, sobre todo, para ser ella quien le opere, para demostrar sus conocimientos, para que todos sepan que ella es una chica por la que sentirse orgulloso de trabajar con ella.

Al finalizar su jornada a las seis de la tarde, Hugo la estaba esperando en la puerta sentado en su coche. Realmente se quedaría a cuidarla, y se lo agradecía mucho. No le gustaba estar tan sola en ese sitio que no conocía casi nada.
Mientras se dirigían al piso, Fiona le contó cómo le fue en su primer día de trabajo. Necesitaba contárselo a alguien, y él era el único que estaba cerca.
Hugo no mostró mucho interés, cosa que a ella no le hacía ni pizca de gracia, pero siguió contándoselo emocionadamente. Nadie le quitaría esa gran felicidad interior que abarcaba en ella. Nadie.

Cuando llegaron, se bajaron del coche y subieron de nuevo al piso. Francisca volvió a asomarse por la puerta a cotillear, pero Fiona estaba tan feliz que la ignoraba por completo.
Una vez dentro, se dispusieron a ordenarlo todo. Hacer las camas, fregar los platos, barrer el suelo... etc. Ahora que no vivía sola se terminaba todo más rápido.
Ya eran las ocho de la tarde, y Fiona recordó su joyero al mirar la estantería. Aún no le habían dado nuevas noticias sobre el posible ladrón, y el policía se lo había llevado todo. No tenía joyas, aunque antes tampoco tenía tantas. Sólo el medallón y una cadena de oro que le regaló su abuela cuando ella era una niña. Pero decidió esperar a que la llamaran a ella, no quería resultar pesada; y al fin y al cabo, sólo había transcurrido un día después de la visita del policía.
Fiona y Hugo se sentaron a ver la televisión antes de cenar. En el telediario también estaban hablando de sus padres, y por fín pudo ver las imágenes de los coches destrozados. Notó que Hugo la miraba, y se sonrojó un poco, pero siguió atenta a las imágenes y a cualquier nuevo dato que dijeran. Pero no dijeron nada nuevo, sólo lo mismo contado con otras palabras y las imágenes de lo sucedido. Terminaron de decir la noticia y Hugo se atrevió a decir algo.
- ¿No tienes más familia con la que contactar? Así podrás reunirte con ella, quizás sepan algo más sobre lo sucedido pero no lo quieran decir por televisión.
Hubo un silencio.
- No. Soy hija única, las hermanas de mi madre viven en otro país y no tengo contacto con ellas ni sé nada de su vida, y los hermanos de mi padre ya murieron hace tiempo. Es el más jóven. O mejor dicho, era.
Dicho esto, se levantó y se fue a dormir. No quiso cenar nada, y Hugo estaba muy preocupado por ella.

 

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Escrito por Lunuma (Desconectado Offline), el 05 de abril de 2008
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Ya eran las seis de la mañana cuando Fiona se despertó y adormilada fue al salón, donde Hugo estaba dormido en el sofá. Luego se duchó y desayunó silenciosamente. -Hugo debe estar muy cansado, cuidando de mí -pensó Fiona. Al rato, ... Leer mas


 
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