Narrando Mitos
Escrito por Javier valladolid (Desconectado Offline), el 08 de abril de 2008
Narrando Mitos
En todo esto quedaba un ratito para que todo estuviera listo y apenas tenía en que pensar aunque sí reflexionaba sobre aquellos cometas que en ocasiones entraban en la atmósfera del planeta cayendo al interior de ésta o metiendose en el circulo interior del sistema solar; por lo menos viajaban hasta donde ningún Joviano había vuelto jamás desde que llegaron allí en colonización, muchos años atrás, sus antepasados aunque los cometas se deshagan al final. Recordó las hermosas auroras boreales que se ven en los polos de Júpiter y los volcanes de Ío junto a otros tantos miles de satélites que serían excesivos en extensión descriptiva dentro de esta explicación para explicar como eran pero sí llamaba la atención Ganímedes.

-Ío, ya es hora de levantarse a comer. Ya sabe que la ingestión de alimentos y líquidos es indispensable para su salud con la aportación de todos esos nutrientes. –Dijo la nave.

-De acuerdo nave. Iré a comer. –Dijo él hambriento.

-¿Puedo contar ya los mitos? –Preguntó Ío impaciente.

-Está bien. ¡Demuéstranos ese enorme conocimiento tuyo de nuestra mitología más ancestral! –Respondieron sus padres a regañadientes.

-El comienzo. Hace muchos millones de años se formó el sistema solar y en un rincón de este surgió la puerta entre los dos mundos. Júpiter se iba a convertir en estrella pero, de la energía de esa formación surgió un saltador que lo interrumpió. Tal ente una puerta reclamaba y con la materia que reconvertir pensaba, un planeta formó. De la fuerza del gas con su etereidad lanzó llamas que contuvieran el viento solar para cerrar el portal. Cuando el magnetismo le impidió cerrar el arcaísmo de su percepción una barrera entre ambos lugares dejó. Uno permanecía ocultó más allá de los transportistas realistas que llevaban la vida en herida o energía querida. Un día uno de ellos cayó con la fuerza de un anticiclón en el lago férreo, duro y con berreo a causa del impacto que en el acto tuvo como consecuencia unas criaturas invisibles perdibles pero nada terribles. Con los vientos se intentaron acabar con esos seres como anémonas; plantitas voladoras como globos aerostaticos que pasan a aspirar el polvo y el metano que no está en un pantano junto al vapor de agua sin el ardor ni tregua, reproduciéndose por esporas en sus vuelos. Tanto poder en aquellos cielos necesitaba un equilibrio nada anfibio y junto a aquel territorio aleatorio surgieron lunas cunas de laboratorio para una vida de los hielos con océanos llenos de vidas ingestas por los saltadores ganadores en la batalla por sobrevivir. Y salir más allá de las conciencias de satélites y asteroides que como entes sin mentes discutieron en la cúspide de poder. Para prevalecer en ese mundo natural le dieron la prevalecida real con unos anillos con muchos brillos en apariencia real y radiación enseñando a los ovoides el poder de su dirección subordinados al gran sol. –Narró Ío.

 

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Escrito por Javier valladolid (Desconectado Offline), el 08 de abril de 2008
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