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La prueba de fuego
Escrito por Javier valladolid (
![]() sentirse más cerca de los astros con aquella majestuosidad aunque ese cable le encadenara en cierta manera, aun protegiéndole de otras tantas muertes seguras.
Miedo, angustia y emoción perdieron durante unos momentos su sentido para dar paso a un sintentido en que el tiempo desapareció en su percepción. “¿Quien soy?” Es lo que se preguntó nuevamente y descubrió que su respuesta la tenía y la cambiaba con frecuencia. Ante eso de ser escritor, por mucho que estuviera pésimamente considerado en su cultura, se sentía vocacionado con un sentido acerca de quien era completamente nuevo. No era una tontería como la mayoría de la gente pensaba sino una nueva forma de viajar y explorar el universo junto a uno mismo gracias al conocimiento de generaciones junto a la imaginación más la reflexión del individuo. En el fondo esa era su esencia y nada podía quitarle el sentido; ni la parte de sí mismo que opinaba como los demás. No era un rebelde sino una persona fiel a sí misma que hacía lo que quería hacer. Entonces se acordó del pilotaje de la sonda para obtener el vapor de agua. Puso sus manos sobre el controlador de la sonda por control remoto pero... un momento, cualquier error puede destrozar la nave y quizás el ojo del huracán (Una zona con un enorme anticiclón además), conocido como la gran mancha roja, se aproximara demasiado a la mini estación espacial volante, que era nave además, arrasándola en caso de que los cálculos de esta fallaran. ¡Estaría acabado! Entonces hizo volver su imaginación recordando a los míticos saltadores menores y como se sentiría siendo uno de ellos en el exterior del huracán. Su cabeza revoloteaba dando vueltas incesantes al igual que su cuerpo que bien podía acabar despedazado con todo los enormes vientos que volteaban su cuerpecillo apretando sus órganos vegetales bajo la presión aunque no se destrozaban como era de esperar. La humedad se notaba mientras el gas venenoso e inflamable del metano no dejaba de caer en forma de lluvia ácida en una tormenta eléctrica enorme. Los cristales de metano no le afectaban mucho ni tampoco el metano ni la presión. Bajó muchísimo mientras los vientos reducían su movilidad. Invisible ante todo, el polvo atmosférico era su abono mientras se reproducía entre tal caos expandiendo su esencia mientras no lograba saltar. Finalmente bajo a la zona del océano de metal tras saltar a una dimensión nueva donde había más como ella, humanos y muchas cosas más. Una vez de vuelta abajo comenzó a subir por la acción de los vientos y las hojas que utilizaba como alas y hélices. Finalmente se había convertido en un saltador mayor. Una precisión milimétrica fue lo siguiente que empleó para dirigir la sonda y obtener fácilmente el vapor de agua. Con tiempo de sobra para volver fue aclamado y se le consideró un adulto igual que se consideraba él. -¿Qué vas a hacer ahora? –Le preguntaron una vez. -Iré a Ío o a Rea o quizás sea el primer jupiteriano líder de una expedición preparada y decidida en volver a la tierra de visita. –Contestó. Junto a esos planes no cejo en su empeño de ser artista; de esos artistas llamados escritores. Finalmente había comprendido que el ritual de transición no consistía en alcanzar una meta o en el viaje sino en el camino. Escoge el próximo pasaje
Hasta aquí llega lo escrito para esta línea narrativa de la historia. Si lo deseas puedes contribuir escribiendo el próximo pasaje.
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