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¿En qué se parece un deportista de alto rendimiento a un enfermo diagnosticado como trastorno obsesivo compulsivo?
Escrito por Galloleus el Psiquiatra Mexicano (
![]() "He visto como a un intelectual le suelen sugerir que haga ejercicio pero nunca el caso contrario aunque sea igual de obvio, que a los atletas les hace falta leer"
Woddy Allen ¿En qué se parece un deportista de alto rendimiento a un enfermo diagnosticado como trastorno obsesivo compulsivo? En nada diría el sentido común de millones de atletas erróneamente. No se de ningún científico que me esté precediendo en esta declaración que estoy dando, si es así mis más profundos respetos y claro, si hay evidencias de publicación previa extiendo mi reconocimiento, pido perdón anticipado y cedo el pasó a que escuchemos otras versiones del mismo problema que planteo, he buscado afanosamente en Internet y bibliotecas y no he encontrado algo parecido a esto que redacto, información que es completamente original y de ninguna manera una idea plagiada, la vengo cocinando desde 1989 cuando recién cumplí mis 20 años de edad, en aquella ocasión jugué la última ronda de la universiada nacional de ajedrez de mi país en la mesa de honor, desde dos rondas atrás me encontraba situado en la mesa número uno, llevaba medio punto de ventaja sobre mi más cercado adversario, mi rival en turno era el Maestro Internacional Edgardo Pacheco quien era el primer sembrado del torneo pero había perdido un juego previamente, él es un filósofo de Guanajuato a quien le envío mis saludos cordiales mediante este escrito… el caso es que sin el afán de justificarme por perder la partida de ajedrez más importante de mi vida en “el juego de los reyes”, “el deporte ciencia”, confieso que no podía concentrarme, estaba en la jugada número 8, yo con negras en un planteamiento de apertura abierto conocido como “Fregatelo” o “defensa de los dos caballos”, no me podía concentrar en el juego porque había una idea reflexiva que bullía en mi mente: sí, ahí estaba, jugando a mis 20 años la final del campeonato nacional de 28 años, con mi cerebro fresco enfocado a 64 casillas, a los caballitos, los alfiles, los peones y las torres… pero y si… y si cada partida que había jugado… partidas de las cuales ni me acordaba… ¿si cada una de esas partidas… de ésas que se podían contarse por miles… la hubiese dedicado a leer… cuántos libros llevaría?, ¡¿no sería para entonces un hombre de extrema cultura!?... ¿y si la hubiera dedicado a tocar guitarra podría ya estar en condiciones de dar un concierto?... y si la hubiese dedicado a algo burdo, como poner un ladrillo por cada partida… ¿no sería poseedor de un edificio? Pero como seguramente a todos ustedes, mis gentiles lectores, se me vino a la mente esa expresión popular que reza: “el hubiera no existe”, “es tiempo pasado”, “lo que importa es el hoy, el presente”… tenía que hacer 40 jugadas en dos horas, las primeras 8 las había hecho en menos de 2 minutos, era demasiado obvio que tenía que posesionarme de la columna abierta con mi torre, cualquier libro de ajedrez elemental lo explica y no era necesario llegar a recursos más complejos de Nimzowitch, je,je… en mis cavilaciones llevaba consumido una hora con 45 minutos, me levanté al baño y un hombre me hizo señas, se me acercó, era el delegado de nuestro representativo universitario, un anciano peculiar que no se separaba por nada de su puro en la boca y me dijo cuchicheando: “¡mueve cabrón!, me dijeron al principio que estabas pensando muy profundamente, luego que estabas como engarrotado, que la posición no tiene nada que ver con lo de tu parálisis, ¿Qué chingados te pasa?, ¡mueve que vas a perder por tiempo!, ¡deja de estar papando moscas!, ¡deja de chaquteártela con algçunl bizcocho!, ¡te has esforzado mucho para llegar aquí entrenando horas, días, semanas, meses, años completos, es tu momento, aprovéchalo!... vi a ese anciano, un hombre legendario de la enseñanza del ajedrez en Nuevo León, su nombre Febronio Chavarría… entonces pensé en él, la mayor parte de su vida haciéndose pendejo, enfocada a la "difusión del ajedrez", entonces llegó a mi mente un planteamiento similar: ¿cuántas cosas no sabría hacer este hombre si hubiese distribuido todas las miles de horas dedicadas al ajedrez en variadas actividades?, si solo hubiese cedido el 50% de las horas empleadas ¡podría haber caminado de las cataratas del Niágara hasta la Patagonia!, podría ser un bailarín, haber hecho prosperar cualquier negocio… si hubiese invertido el 5% del tiempo empleado en ajedrez a dar masaje a su mujer esta le estaría profundamente agradecida, si hubiese ayudado a cruzar ciegos la calle varias vidas ya habría salvado docenas de vidas… Bueno, nos salimos de ese capítulo y brincamos de episodio hasta una ceremonia de clausura donde el entonces Presidente de la Asociación Mexicana de Ajedrez, Jorge Martín del Campo expresa antes de entregar las medallas: “a mi me gustaría ver mayor convivencia entre los participantes de estos torneos, que se conocieran entre sí, que disfrutaran estas oportunidades de la vida, que no se vean exclusivamente como rivales de juego sino que desarrollen amistad entre ustedes, veo tristemente a los ajedrecistas, que se comportan al terminar el juego igual que durante la partida, en un silencio total, fríos, indiferentes unos con otros… organizamos los torneos a veces en sedes que cuentan con hoteles de cinco estrellas con albercas, canchas de voleibol, áreas de esparcimiento y jamás veo que un grupo de ajedrecistas se metan en grupo a nadar en la alberca, que jueguen una cascarita de futbol entre ustedes… y menos que socialicen con las jugadoras de ajedrez, la timidez y la introversión abundan en nuestros jugadores de ajedrez (cómo no va a abundar la introversión entre jugadores de ajedrez si puede durar horas cada juego y la regla del ajedrez es permanecer silencioso, respetuoso para no interferir en la concentración del adversario), etc”… Una vez más doy un salto en el tiempo y espacio para continuar mi relato en la placita central de la facultad de Medicina de la Universidad de Nuevo León, hay una amiga compañera de mi hermana que van en tercer año, yo soy entonces de nuevo ingreso, ella se llama Rosa Angélica, es hermosa en la representación mental que aún guardo de su persona en mi mente, yo era su admirador secreto, la veía de lejos como quien observa la hermosura y majestuosidad de una montaña cuyo risco además de ser divino a la contemplación es inaccesible… la persigo con la mirada desde donde no puede verme mientras le fabrico uno de mis poemas melosos que jamás recibirá, para no abortar la inspiración necesito una dosis extra de contemplación, veo que se introduce a una de las aulas enormes de esta universidad donde hay gradas, la sigo silente, veo que se sienta en la fila de abajo y quedo en la semipenumbra a 12 metros de ella y de todos los compañeros de su grupo, termino el poema mientras escucho a un maestro que para dar el tema del día lee directamente sin asomo de vergüenza las diapositivas mientras el grupo dormita, expone sobre el Trastorno de Personalidad Obsesiva y sobre el Trastorno Obsesivo compulsivo, lee el cuadro clínico, los criterios diagnósticos, escucho: “el obsesivo cuando tiene este tipo de personalidad llega a tiempo y se angustia con llegar tarde aunque sea a una cita para tomarse un helado, el obsesivo se viste cuidando los detalles, para un obsesivo el mundo es una estructura rígida en la que la creatividad y el afecto solo sirven para generar angustia, donde la espontaneidad no es bien recibida, el obsesivo se ampara en el ritual, en hacer lo mismo, en recorrer la misma vereda una y otra vez y donde salirse de ella representa angustia, el obsesivo quiere, sueña con tenerlo controlado todo como si esto fuese posible, el obsesivo se adhiere a los modales, se deja seducir por los ritos simples y complejos, así sean estos cosas absurdas como terminar todos los libros que empieza o evitar caminar sobre las rayitas de los mosaicos, un obsesivo en crisis pasa las horas haciendo un mismo acto, se le mete una idea en mente que no puede desalojar de sus pensamientos, la idea puede ser incluso absurda, inútil, es paralizante porque le impide hacer otras cosas, porque en las cosas que hace que sean diferentes a la idea que le obsesiona se le resta concentración, algunas veces tiene que hacer un acto de forma impulsiva para disminuir la ansiedad de la idea, lo repite tantas veces cuando está muy enfermo que se usa el término compulsivo para describir el acto de un obsesivo, las compulsiones más comunes son corroborar que está cerrada la puerta, lavarse las manos para tenerlas limpias, limpiar, no es el hecho de que el acto sea bueno o malo lo que lo hace patológico sino cuántas veces lo hace, en la escala de Yale- Brown para obsesivos se mide la severidad del trastorno por el tiempo que le ocupa, así más de dos horas diarias ya tendrían importancia clínica, imagínense cuantas cosas se dejan de hacer en dos horas diarias, quien hiciese un acto obsesivo compulsivo de más de 6 horas diarias ya es clasificado como un trastorno severo”… entonces levanto mi mano y le pregunto al ponente: ¿cuál es la diferencia entre el acto de perfeccionamiento de 8 horas diarias de un clavadista de alto rendimiento con el acto de limpieza de 8 horas de un obsesivo?, me responde: el clavadista se va a ganar una medalla de oro (se escuchan muchas risas) y puede dejar de aventarse clavados en cualquier momento sin que le genere ansiedad, se supone que disfruta los entrenamientos… entonces le increpo: “¿supone Usted especialista en trastornos de la mente que una persona que entrena 8 horas diarias desde los seis años de edad porque disfruta sus clavados y puede a los 25 años dejar de arrojarse de la plataforma sin que esto le genere ansiedad alguna?, ¿cuántas cosas importantes de la vida se dejan de hacer en un entrenamiento así?”… hay un silencio sepulcral, luego dice, “es la una de la tarde, nos vemos a la próxima y tú que llegaste tarde, que ni siquiera eres de este grupo, primero ponte a estudiar y a pasar tus materias de primero y segundo año antes de meterte a una clase de psicopatología”… Dejo este capítulo haciendo una interrogante: ¿cuántas horas tiene que entrenar un campeón de natación? 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1 Escrito por Galloleus el Psiquiatra Mexicano (
Voy a empezar por este deporte que es un orgullo nacional y no por las hermosas chamacas que salen casi en pelotas anunciando el inicio de cada round, lo reconozco, a mi me gusta el boxeo como deporte y reconozco que algunas peleas ... Leer mas
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