La Esquina Caliente
Escrito por angelogoz (Desconectado Offline), el 18 de abril de 2008
La Esquina Caliente
Siempre he tenido dudas, es verdad, no se lo que e querido, en mi vida siempre han pasado cosa, sin sentido, y sin importancia, siempre e sido un chico tranquilo, de buena familia, nunca... !Bueno¡, en pocas ocasiones, para ser sincero, me he portado mal. Desde chamo trate de hacer las cosa bien, tratar de ser honesto con migo y con los demás, pero lo que me ocurría ese día fue fatal, cansado de la rutina, del trabajo, y con las ganas de devorarme al mundo, me dirijo a un bar, en la calle Rivas Davila de mi pueblo. Entro sin mirar mucho el lugar, trato de disimular, un poco el ímpetu que sentía, y claro esta, las ganas profundas de tomarme, una de esas bien frías con abundante hielo.

En la entrada un chico de tez clara, bien parecido y de poca estatura, me dirige, a la meza. Yo le explico, que en realidad preferiría, sentarme en la barra, pues lo que realmente quería era tomar un poco, y nada mas, él me ve con cierta malicia, lanza una apagada sonrisa y me señala con el dedo derecho la ubicación de la barra, diciéndome que ese era el mejor lugar del sitio, y los mejores Culos, buscaban sentarse en ese lugar. Yo un poco apenado, me traslado a la barra, me siento en uno de los bancos, el mas escondido a la pista de baile que tiene el lugar, me acomodo un poco pido una bebida con suficiente hielo, veo el reloj, son mas de las nueve me digo a mi mismo, chequeo un poco la barra, !bueno¡ en si no era gran cosa, una meza de ladrillo, con tazas de muchos colores, y copas guindadas boca bajo, como pequeños murciélagos de cristal, pendía en el techo, una pancarta con una morena en pelota, de esas propaganda de aquella bebida, tan codiciada para matar el calor y calmar el sed, el cantinero un hombre alto de contextura frágil, muy delgado, vestido de camisa blanca y pantalón negro, sus zapatos decían mucho de el y de su proceder, se veían muy sucios y descuidados, como si venia de cruzar un río, o algo así. Jajajajajaja, ¿que necio soy? !no¡..., fijándome en esas cosas, como si eso, me importara mucho.

Mientras tanto, mis ánimos se apagan, a consecuencia de lo que he bebido, el cuerpo me pide descaso, ya que rara vez tomo tanto.

Veo mi reloj, un poco perturbado por la hora. Pues nunca pensé que mi aventura duraría tanto, Le hago una señal, al mesero, el voltea acercándose algo macilento, metiendo un poco el pie, izquierdo.

El me pregunta si quería otra cerveza... Yo le respondo que no, que solo quería la cuenta, y era muy tarde y me quería ir del lugar.

De pronto veo en sus ojos, una mirada nerviosa y sin brillo, me anuncian que las cosas no estaba bien. Le replico nuevamente, y el me contesta que lo mejor era, que me quedara hasta mas tarde, las calles estaban solas y las únicas que andaban a esa horas por las equinas eran las puticas de la esquina caliente, y eso no solo era lo único…. De pronto bajo su cabeza, saco un pañito blanco de su bolsillo y se puso a limpiar una jarra de vidrio.

Al ver tanto silencio, le comento de buena manera, !total no siempre un extraño se preocupa por uno¡, le digo que si eso era cierto, es bien sabido que las putas se la pasan, a tardes horas en la calle y eso no me preocupaba, ya que yo quería algo de diversión, me hecho a reír, noto que el chiste no fue de su agrado. Ya serio le digo que cual era el lió, es verdad tengo veintiséis años y nunca me he acostado con una puta, ni mucho menos, pero esa noche era diferente… Total yo estaba de farra y nada cambiaría eso, de repente el cantinero me toma del hombro con mucha fuerza, veo que sus ojos se tornaron de un marrón claro, a un negro plomo apagado, mostrando cierta angustia, desafiante, pero muy temeroso... Tomo su brazo, tratando de mantener la cordura, trato de no pararle mucho al asunto, le vuelvo a pedir la cuenta.

Ahí momentos en que uno, no comprende ciertas cosas y el motivo del comportamiento de la gente, abecés muy extraña, para nuestro entender, ¡si le hubiera hecho caso!... Su voz se torno desesperada e inquieta, las manos le temblaban, e incluso pensé que en cualquier momento se desplomaría, pensé que tipo tan loco, cera que me quiere robar, o peor esta tramando algo peligroso.

Sin embargo, trato de mantenerme lo mas tranquilo que pueda, del cipote se me fueron las cervezas, la copa de ron y los cuatros cachitos que me comí. Veo a mí alrededor y noto que el bar, esta algo solo, la rocola la única reliquia de gran valor de ese lugar, había dejado de tocar la canción de Jaramillo, el cual retumbaba con sonidos melancólicos en las paredes de aquel antro, creando una atmósfera, tranquila, la poca gente que había, estaba disipada por el lugar, solo llegue a distinguir a tres tipos y dos mujeres que se besaban en los rincones de ese antro. Creo que no será al fin y al cabo buena idea irme así tan tarde, le digo al tipo, que evidentemente me quedaría un rato mas, pero no comprendía el motivo de tanto misterio.

De repente el hombre, aprieta mi mano y me brinda, según él, uno de los mejores tragos de esa cantina.

¡Claro esta! no comprendía nada y sentí, como si de repente hubiera entrado a una realidad virtual, no comprendía nada de nada de lo que pasaba. A pesar de que algo en mi interior sabia que todo no terminaría color de rosa, y que algo muy oculto se escondía en ese extraño ser.

pasada ya las tres de la mañana el cantinero y yo eramos los mejores amigo de farra, pues el sabia todo de mi, y para ser sincero yo no sabia mucho del el solo que vivía, muy cerca de la esquina calienta, en un motel de mala muerte, ya que lo poco que ganaba en el bar, no le daba para una mejor vida.

De pronto veo cruzar por el pasillo a una mujer muy alta de cabello negro azabache, su piel morena, como el chocolate, mostraba una luz exquisita en su andar, ese movimiento de cadera, sin igual, único en las mujeres de mi pueblo, decía mucho de ella. No lo puedo negar sentí como si un tren pasaba sobre mi y me cortaba en pedazos.

Al ver tal mujer llamo al mesonero, de forma, discreta para no llamar la atención de esa mujer... El Como siempre desdeñado y arrastrando su caminar, me dice que tenga cuidado de ella, pues la conocía muy bien y sabia que no era nada fácil, venia de vez en cuando a altas horas de la noche y siempre tomaba dos tragos de ginebra con jugo de naranja, no tenia compañero fijo, ya que siempre se le veía, con un tipo diferente, y lo peor era... De repente realizo una pausa, bajo la cara, se acerco a mi oído y me dijo en voz muy callada, casi como un susurro. A esa mujer la ven salir con un tipo, pero ella regresa a este lugar, en cambio el tipo desaparece y nunca lo vuelven a ver...

Chamo déjate de cosas, le replico: dime la verdad, tú la quieres para ti cierto e inventas esas cosas, que peligro puede tener en ese mujerón... Bajo un poco la guardia, pues uno nunca sabe, ahorita este hombre esta enamorado, o peor es su mujer y no es buena idea meterse con alguien que sirve tu copa. A la larga, ya lo veía como un amigo, pero no dejo de pensar en ella.

De repente siento una mirada fija, muy estremecedora corriendo en mi, volteo casi de instantáneo, y esta ella, sacando un billete de su escote, impávido a tal sexy movimiento, le hago una seña discreta, dándole a entender que no pagara la cuenta, por que yo me encargaría de eso, me sonríe, demostrándome aceptar el cumplido, nos sonreímos… Decido que pase lo que pase me tenia que acercar a ella, llamo al cantinero, le pido una copa de vino y una cerveza para mi, llego ante ella, casi temblado tratando de esconder los nervios, le entrego su bebida, le pregunto si podía acércame y ella con un gesto suave, me invita a sentarme.

Sus ojo eran maravillosos, podía sentir su olor, a rosas mezcladas con mastranto, su vestido ceñido al cuerpo era fatal para mis ojos, la sangre corría por mis venas como carros en una pista de carrera, la saliva espesa, y espumosa no me dejaba pronunciar muchas palabras, hago un gesto de brindis, chocamos nuestras copas, cuando siento a alguien de tras de mi, me volteo de forma desafiante, casi con ganas de pelear, cuando frete de mi esta José, el cantinero de aquel bar. Con cara de enojo le digo que sucedía, y por que se atrevía a intervenir en mis asuntos, de un sopetón el hombre me arrincona y me dice que había llegado el momento, yo aun sin comprender lo empujo, y le manifiesto que momento ni que nada. ! Estas Loco, o que coño ¡

De pronto el lugar quedo en total silencio, las bombillas estaban mas opacas, y apenas se podía ver a tientas, en aquel lugar, el silencio era lo que reinaba, en cada banco, en cada mesa, y cada copa de aquel sitio de la esquina caliente. En unos instantes me sentí como perdido, el tiempo era como mas lento y pesado, los minutos se volvían horas, el reloj danzaba al compás del silencio mortuorio de la esquina caliente. La pelea había terminado, y un olor a azufre y a muerte, impregnaba el lugar, las flores expulsaban un hedor a mortecina, las mosca revoloteaban, en millares. No podía aguantar, ni mucho menos comprender lo que ocurría, las cosa estaban de mal en peor, no sabia que hacer, ni como afrontar tal situación, arrodillado y pidiendo a Dios, su ayuda lo único que me dicta mi corazón, es tratar de huir de ese lugar...

Casi inconsciente, y con los rojos de tanto llorar, siento que estoy en la cueva del mismo demonio, a mi lado, esta aquella mujer, que en momentos antes, mostraba una belleza inimaginable, ahora es un estropajo cubierto de sangre, su mirada se había trasformado en un hueco sin fondo, parecido a una fosa de cementerio, sus manos arrugadas, mostraban unos garfios, parecidos a las uñas de un buitre carroñero, su busto que en momentos que sacaba aquel billete, y me daba tanta excitación, era para este momento una especie de bulto arrugado y mal oliente, de sus labios salia una mezcla de espuma con sangre, que minaba el suelo de chorros rojos, parecidos a la sangre que gotea de un decapitado... !No podía comprender como una fiesta, se había transformado en aquella pesadilla!, siento la mirada de aquella piltrafa, clavada en mi cuello, su lengua zigzagueante y ponzoñosa, saboreaba el aire enrarecido, como si oliera mi sangre y mi propio sudor, oliendo el miedo que brotaba por los poros, di un grito de espanto que resonó en las paredes de aquel lugar, casi mudo de tanto temor, veo tirarse aquel espantoso espectro sobre mi, como un lobo sobre su presa. Sentí lo ironía de la vida, cuando la presa se vuelve tu cazador, y tu eres su alimento.

Ya casi sin salida y arrinconado, aquella espantosa alimaña, se lanzaba hacia mi... Una luz, dorada y un olor a incienso y mirra, llego a mi presencia, de un tajo veo desenvainar una espada brillante, como el oro mas costoso y bello que ningún hombre en la tierra podía in maginar, rodeado de esa luz estaba él, era José, mi cantinero. Su espada clavada en el pecho, de aquel abominable, despedazando sus viseras, y acabando con lo peor cosa, que en mi vida, podía imaginar...

De aquel día ya no quisiera recordar nada mas, solo se una cosa y una gran enseñanza me dejo. Todos de alguna forma, bien sea un niño, un viejo o la persona mas extraña en el mudo puede ser ángel, que nos protege de todo mal y nos ayuda en los días mas crueles de nuestra vida. Yo dude de una persona y el prejuicio toco un poco mi mente, gracias a él, le debo mi vida y puedo contar esta historia.

Nota: la Esquina Caliente es una calle de mi ciudad, donde abundan los hoteles y los restaurante de mala muerte, siendo propicios para desempeñar el trabajo mas antiguos del mundo.

Con todo su el respeto, que merecen toda aquellas damas, que dedican su vida a complacer a los hombres, y aquellas personas que se sienten identificadas de alguna manera por este relato, le dedico esta historia.

 

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