Todo era blanco como la nieve
Escrito por Isabel60 (Desconectado Offline), el 19 de julio de 2007
En un país entre montañas cubiertas de nieve, vivían solo niños. No había adultos y ninguno de los niños se extrañaba por ello. Eran unos niños muy cuidadosos y trataban de conservar todo lo que tenía en el lugar. Cada uno sabía el acometido que atesoraba. Todo era de todos, no discutían. No había envidias, tampoco celos, era un país tranquilo y de mucha unión.

Pero claro no podía ser todo perfecto y alguna cosa tendría que faltar. Había mucha alegría en el lugar porque los niños de por sí son alegres, pero faltaba colorido… No había color. El único color que existía por allí eran las caritas alegres y revoltosas de los pequeños.

Los árboles estaban cubiertos de hojas, pero eran blanquecinas, como los cabellos plateados de los abuelos. Los pájaros igual, del color de la nieve, eso sí, sus trinos eran como un coro de Ángeles. Los caballos que galopaban por la montaña se confundían con el manto de la nieve que las cubría. Era un país blanco.

Uno de los niños un día tuvo un sueño de mucho color. Vio como había un lugar donde se veía un lindo arco iris, los árboles con hojas verdes, y los caballos de color pinto, negros y castaños. También vio al sol luciendo un resplandor anaranjado, y a la luna con sombras claras y oscuras, y como las estrellas lucían y brillaban diferentes que allí.
Vio muchas chuchería, golosinas de diferentes colores que solo con verlas ya podía distinguir sus sabores. En el sueño se relamía. Al día siguiente amaneció con los labios irritados y en lugar como en cualquier otro sitio que los niños que se chupan mucho los labios se les queda muy ásperos y de un tono rosado, a él, se le quedaron blanquecinos.

El niño ese día estaba muy pensativo y se fue para hablar con un árbol sabio. Era el árbol más anciano del lugar. Un hermoso Roble de corteza gruesa y rugosa. Con ojos avellanados y cejas espesas, bien pobladas, nariz fina y alargada, orejas de soplillo y profundo agujeros para poder escuchar mejor, y así dar bien los consejos. Tenía unas trenzas enormes que le salían de sus raíces con infinidad de nudos por todas ellas. Mas que nudos yo diría que eran verrugas. Pero las verrugas del anciano árbol eran bellas

- Mire usted señor árbol, ¿nunca vio usted color en este país? - le decía el niño muy cerca del oído como si realmente le estuviera contando su gran secreto…

 

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