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III
Escrito por magoomanazr (
![]() Mariana subió los escalones y se sorprendió al encontrar la puerta de la habitación de sus padres abierta, puesto que el papá restringe a todo el mundo el acceso ahí, “es mi espacio de relajación” dijo una vez bastante molesto, ella nunca entendió porque así que prefería no entrar, sólo asomó la vista para ver si había alguien, cerró la puerta para evitarse problemas, la sorpresa creció cuando se dio cuenta que su habitación estaba también abierta por la puerta, creyó que Flavio había estado husmeando y sintió una ligera molestia –"pinche metiche"- pensó para sí. Posó la mochila sobre la cama, se dirigió al tocador y descubrió uno de sus perfumes abiertos, lo olfateó, el carmín era uno de sus olores favoritos, la tapó para que no se fuera a secar, volvió la mirada al espejo y pudo ver sus enormes ojos verdes matizados por un color tenue en sus parpados, vio su espigada nariz sin brillo y agradeció mentalmente el milagro de las lociones astringentes, tomó uno de sus lápices labiales para acabar de matizar sus rosados labios, el rojo le dio un tono diferente a su rostro, -toda una mujer- dijo en voz alta antes de comprimir sus labios contra ellos mismos sin imaginar que Antonio la escuchaba nerviosamente callado para no ser descubierto. Siguió viendo sus ojos profundamente mientras peinaba sus cejas con el meñique, se quitó el suéter de la escuela frente al espejo, posó de perfil para si misma, sumió la panza que no existía, se acaricio el vientre, volvió la espalda y levantó el trasero que se dibujó maravillosamente bajo su falda, acarició sus nalgas como buscando alguna imperfección, no la encontró, otra vez de frente, los ojos, acercó el rostro al espejo y se revisó las mejillas, un mini barro fue extraído, la grasa del mismo se pulverizó entre sus dedos, Antonio podía observar los muslos y el nacimiento de sus nalgas hasta donde asomaban las panties de Mariana debajo de la falda cuando esta se inclinaba, la excitación lo hizo volcar ligeramente su cuerpo sobre la derecha, la cama le impidió un movimiento prolongado así que la presión del pantalón le incomodó un poco pero siguió sin perder detalle, Mariana había recogido ya su pelo, se dirigió al patio y tomó del closet en el pasillo una bata de baño, regresó al cuarto y se paró sobre la cama, los zapatos cayeron apenas a una distancia segura para Antonio, luego vinieron las calcetas blancas del uniforme, un ligero pero molesto olor a piel muerta y caliente llego a la nariz de Antonio que ya estaba molesto por no poder ver nada más, ahora su venganza se había consumado más allá de cualquiera de sus expectativas, llevaba en la mente el olor de Mariana y en sus ojos grabado el placer voyerista de su falda en una vista inusual mostrando sus más estimados secretos, ahora hasta el olor de sus zapatos le pertenecía, sintió ganas de tomar las calcetas e impregnarse hasta la muerte del olor de sus zapatos, morir con el olor, dejar en ese momento el mundo bajo la calidez adolescente del lecho de la persona que más le despreciaba, infinita venganza que trascendería el tiempo, -morir ahora sería perfecto- su voz escapó en un susurro lagrimal de su boca, el tarareo de Mariana no le permitió ser escuchado, la falda formaba parte de la colección de objetos sobre el suelo y en el espejo sólo se alcanzaba a ver la cabeza de la dama, de repente se puso de pie, su vientre desnudo se reflejó para la atónita mirada del intruso después de una fugaz visión de unos senos blancos cubiertos por el blanco del brassiere, colocó su mano sobre el plano vientre de leche de los sueños, lo recorrió repetidamente, la presión del pantalón era más incomoda, -estoy gorda- la voz de Mariana sonó desilusionada, llevó sus manos a la espalda, el brassiere cayó junto a las demás prendas en el suelo, la bata se cerro y desvaneció tras de ella la imagen del vientre primaveral, Mariana se sentó rápidamente sobre la cama, sus pies quedaron al alcance de la mano de Antonio, los observó cariñosamente mientras su corazón se perfilaba desbordado a un barranco de ilusión, eran blancos como el resto del cuerpo, finos, pequeños, sintió ganas de alcanzarlos, de acariciarlos ávidamente, la presión comenzó a desvanecerse, además de los pies no podía ver nada ahora, ella siguió tarareando y los pies comenzaron a mecerse, subió uno casi al compás del otro, las diminutas pantaletas reposaron sobre los tobillos ocupando totalmente los ojos de Antonio que otra vez se incomodó, Mariana sacudió violentamente los pies y en un milagro accidental chocaron contra el rostro del espía, un aroma esplendoroso lo inundó nuevamente, como a algodón de un sexo fresco virginal, a dulce, amargo y a rosas, violenta revancha de la vida, los pies salieron apresuradamente hacia el baño al costado del cuarto del hermano, la puerta se cerró y la regadera inundó con su canto el pasillo de las habitaciones, salir de la cama le tomó solo un momento, de pie frente al espejo se inclinó ligeramente, besó la zona que creyó había reflejado el rostro de Mariana, inhaló nuevamente el olor de las pantys en su mano, cerró los ojos profundamente y se dejó llevar por la imaginación, asomó ligeramente la cabeza al pasillo en ambas direcciones, se dirigió a la escalera lentamente, se detuvó en el primer escalón, -"tal vez…"- pensó, se volvió sobre sí mismo, acercarse al baño le pareció un tramo insalvable, la puerta estaba a unos metros.
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1 Escrito por magoomanazr (
Flavio abrió sigilosamente la puerta principal, la planta baja parecio no existir antes de llegar a la escalera, subió despacio, no quería que Mariana lo viera entrar al cuarto de su padre, ella acostumbraba delatarlo siempre, metió ... Leer mas
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