La luna de miel
Escrito por carolina (Desconectado Offline), el 09 de Mayo de 2008
Qué mareo, qué mareo. Yo ya sabía que no era una buena idea irnos de crucero, me parecía una idea de tontos. Pero en alguna cosa tenía que dejar decidir a mi novio, perdón marido.

Menuda luna de miel vamos a pasar en este navío. Si piensa que serán noches románticas está muy equivocado. Pero si soy incapaz de ponerme esta lentilla, todo se mueve, y, ay, ay, se me ha caído, cualquiera se pone a buscarla ahora. Qué ganas de vomitar, que mareo. Al infierno la lentilla, me voy a echar en la cama, y no pienso levantarme hasta mañana.

¿Pero dónde estará este hombre?, ¿pero dónde me he metido?, primero la boda y ahora esto, menuda luna de miel, el barco, la lentilla y mi marido (que mal suena lo de marido, con lo que me gustaba decir mi novio, por lo menos aparentaba más joven, pero claro, mi familia me decía tenía que casarme que ya eran 36 años, y que todavía no tenía hijos; qué horror, me suena a mujer madura. Pero vamos a ser claros, cómo voy a tener hijos si en este monstruo flotando sobre una masa de agua inmensa tienes el estomago y la cabeza de resaca, y además yo sola no me puedo hacer un hijo).

Seguro que mi marido (como me duele decir esta palabra – para los que no entienden este sentimiento es exactamente lo mismo que decir que SI a tu jefe cuando realmente lo que más quieres es decirle NO - , espero que algún día me acostumbre) estará tomándose un ron en la barra, mirando a toda bella camarera. Mañana será nuestra primera bronca de casados, y seguro que tendrá alguna excusa. Listo, es un listo, desaparece, me deja en cama con una sola lentilla, estoy sola en mi habitación con una decoración de los más fashion, las toallas dobladas en forma de cisne encima de la cama, y todo ello rodeado de pétalos de rosas, una cesta de fruta en mesa, y una botella de no se qué alcohol. Qué piensan, que nos vamos a emborrachar con esa botella, están muy equivocados, necesitaríamos alguna más…

Ya han pasado dos horas y todavía no ha regresado, no puedo más, lo iré a buscar y me oirá, él y todos los que estarán a su alrededor.

Me voy a cambiar de ropa, por lo menos parecer un poco decente, que no piensen que soy una loca histérica (las apariencias son muy importantes), además imagínense como caminaré en esos pasillos con una sola lentilla, el barco que se tambalea de un lado a otro.

Bajo las escaleras, como las del Titanic, - es un barco de lujo, y como buenos ciudadanos tendremos que empezar nuestra vida de casado a lo grande y a lo español, pedir una hipoteca que nos dé para el piso, el coche y la luna de miel, a todo tren. Da igual dentro de dos años nos arrepentiremos de haber o no votado a algún partido político, claro está, es mal fácil echar la culpa al que nos gobierna que ver la realidad de nuestra humildad.

Por fin llego, furiosa, y percibo por el único ojo que me permite ver, que la gente se da una media vuelta “discreta” (se dan cuenta de esas miradas estiradas que parecen que no miran pero que te radiografían como si fueran unos RX), todos, absolutamente todos me miran. Ya lo entiendo, es el pelo. Sí, tengo el pelo muy rizo, y no soporto meterme en cama con él sin haberlo peinado. Ahora entiendo esas miradas repugnantes, parezco una escobilla, pero mi furia es tal que soy incapaz de sentir el mínimo ápice de vergüenza.

Hace falta que les grite para que paren de mirarme, o tal vez tendré que gritar para decirles que mi marido está en búsqueda y captura por su recién esposa. A dónde podré dirigirme, a la derecha, a la izquierda. No lo sé, voy a seguir de frente.

No me lo puedo creer, pero este camarero no podría tener un poco más de cuidado, no ve correctamente que vengo de frente. Qué desgracia, me acaba de rociar de Daiquiri, mi camiseta de color crema y súper strech está totalmente empapada y ahora, para colmo, transparente. - Sí, le digo muy interiormente a esta señora que tiene cara de no haberlo hecho desde hace un cuarto de siglo, no he encontrado el sujetador de color visón y he cogido el de color negro, pero hasta la fecha señora, ningún diseñador ha dicho que el negro y el visón no eran unos colores que no se combinasen.

Sigo mi camino muy airosa y orgullosa (mentira) de mi pelo y camiseta. Grito para mis entrañas, pero dónde estarás, cuándo te encuentre te prometo que nuestro matrimonio habrá acabado, y ya no será necesario pedir la nulidad matrimonial ya que no han pasado ni 48 horas desde nuestro enlace.

- Excuse me, es usted la señora de fulanito?
- (Yo no soy la señora de nadie, pero que se habrá pensado que soy unas de esas que hace un cuarto de siglo que…) Sí efectivamente soy yo. ¿Algún problema?
- Venga usted conmigo, tengo algo que comunicarle.

No me lo puedo creer, ¿le habrá pasado algo a mi esposo?, ¿se habrá arrepentido antes que yo?, ¿se habrá tirado por la borda?, Pero cómo he podido pensar que este matrimonio era un error. Pero si le quiero, no hay derecho a que sea una viuda tan joven, y sin hijos. No voy a poder superarlo, creo que me estoy desmayando. Necesito un ron.

- Mire, su marido ha venido a verme hace aproximadamente unas tres horas. La verdad que su comportamiento me ha sorprendido.
- Disculpe pero no le entiendo.
- Su cara angustiada, su voz temblorosa eran suficientes para que me diera cuenta de la gravedad del asunto.
- Yo no puedo perder mi tiempo en que me describa la actitud de mi marido, necesito saber qué le ha pasado.
- No puedo. Algo grave. Me ha prometido no involucrarle en este asunto. Me ha pedido que la vigile, que intente quedarse en su camarote hasta la próxima llegada a puerto.
- No saldré de aquí hasta que usted, o quien sea me explique lo que está pasando.
- Su marido ha sido testigo de algo terrible.
- Qué…
- Tenemos a un asesino a bordo, y un cadáver.
- Pero, ¿qué tiene que ver mi marido con todo esto?, y ¿dónde está el asesino?, y ¿el cadáver?, y ¿mi marido?
- El cadáver en un camarote, el asesino no lo sabemos, y su marido nos está ayudando en encontrarle, pero debemos mantenerle alejada de su esposo por su seguridad.

 

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Escrito por Ewin (Desconectado Offline), el 06 de junio de 2008
· Leído 101 veces · Sin comentarios · Sin pasajes debajo
Creo que ya he acabado el trabajo. En el baño, me miro al espejo y veo mi barba incipiente. debería afeitarme, pero eso puede esperar. Abro mi bolsa de trabajo y acabo con cualquier rastro de mi presencia en el camarote. El reloj ... Leer mas


 
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Comentarios
MJT dijo:
Me gustó muchísimo. Es un pasaje lleno de humor, que me parece lo más difícil de conseguir. El estilo me recuerda a Maruja Torres, te mantiene la sonrisa en los labios.
Escrito: 7 meses atrás
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