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Va pasando el día...
Escrito por Piltrafilla (
Tuyita no es como la había imaginado. La cabeza de Tuyita es ocho veces menor que el cuerpo, como debe ser. La he dejado pasar para incorporar personajes y por si puedo acostarme con ella. Lo primero que me ha preguntado es que si estaba solo, después, como si viviera aquí desde hace años, ha ido a la nevera y se ha abierto una cerveza. A mi no me ha parecido ni bien ni mal..
Se ha dejado caer a plomo en el sofá y me ha dicho que le cuente mi vida. -Seré breve – le he dicho. Es una vida muy normal. -La gente que tiene una vida muy normal me da miedo – ha dicho, antes de beber de la lata 17 de los 33 centilitros. Ha lanzado el bolso al otro sofá y ha salido una barra de labios, un monedero, una llave inglesa y una pistola. -¿Para qué llevas una llave inglesa en el bolso? -Viajo mucho. -.Las pistolas las carga el diablo, Tuyita. -Eso dicen, que para cargar pistolas, el diablo es mano de santo. La he besado, más que nada, para que pasara algo en el diario y me ha dejado. Podría contaros cómo alcancé, despacio, sus labios y me entretuve en su lengua, mientras sus párpados se entrecerraron a la vez que su mano se ceñía en mi cintura etc... Después de hacer el amor ella se ha duchado, yo mientras, he metido un vaso con agua en el microondas y lo he dejado varios minutos, hasta que ha hervido y se ha salido a borbotones prácticamente todo. Me encanta lo rápido que hierve el agua en el microondas. En la televisión un policía tortura a un terrorista enseñándole fotos de su álbum de bodas y con un fondo musical de Leonard Cohen. “Y ésta es mi madre, le dice, qué guapa iba. Murió dos años más tarde en plena calle, de muerte natural. La atropelló un coche. -De acuerdo, le diré lo que pienso: Mi País necesita una reforma profunda. -Y mi casa. Mira, ésta es mi suegra. Es feo el vestido, ¿eh?. Cambio de canal. -El gato que está triste y azul nunca olvida que fuiste mía. –canta la televisión. Los gatos azules tienen buena memoria. Tuyita ha salido del baño envuelta en una toalla y con otra más pequeña secándose el pelo. Como salen todas las mujeres del baño. Tuyita nació en una aldea gallega, sus padres se marcharon a Venezuela y ella se crió con la abuela y una muñeca tuerta y desmontable.. Veinte años más tarde una epidemia de acartonamiento invadió la aldea, de un día para otro, y ella salió corriendo cuesta abajo hasta A Coruña.. En la ciudad, perdida, se labró un futuro como prostituta y logró tener de todo...un pantalón de marca, una pistola y una pulsera , finita, de oro. Me lo contó días después de conocernos, pero quería escribirlo ahora para no olvidarlo. Yo no tengo la memoria de los gatos azules. * En el hospital mi padre y mi tío siguen guadianeando. Van al bar y regresan a la habitación. Mi tío con un cigarro menos, mi padre con algunos nervios más. * Ana es hija de una hermana de mi madre y cocainómana. Tiene ese vicio y el de arrancarse las pestañas, también se estrella la cara contra una paleta de colores cada mañana, pero en el fondo, es guapa. La vi el fondo de niño, una vez que se duchó en casa. Se ha ofrecido para llevarme al hospital pero antes ha sacado un sobre minúsculo, ha extendido unas piedrecitas sobre la mesa baja y las ha aplastado sin compasión con una tarjeta de crédito que no me ofrece mucho crédito. Después ha enrollado un billete de 10 euros, sin hacer ostentación, y ha esnifado la rayita. A mi no me ha parecido ni bien ni mal. No me ha parecido ni bien ni mal que lo haga, pero la rayita sí me ha parecido bien, era muy recta, igual de ancha en todo su recorrido. Muy bien. Ha dado un sorbo a la cerveza de Tuyita y ha empezado a hablar de lo humano y lo divino. De lo humano, ha reparado en el bolso de Tuyita y ha hecho una disertación :”Materias primas, estampados y diseño en los bolsos de la mujer actual” . De lo divino ha sido más escueta, sólo ha dicho: -¡Dios, no tengo un duro!, después se ha dejado caer en el sofá ante la indiferencia absoluta de los muelles. Los muelles de los sofás, en general, son muy irascibles y protestan rápido, no aguantan nada. -A ver. Me he estrellado contra esa farola, después he arrastrado el contenedor de basura hasta ahí...Luego, el coche está detrás. Una vez descubierto el escondite del coche y comprobado que todavía arranca nos hemos ido al hospital. El trayecto ha sido dramático, mi prima sabe que la línea recta es el camino más corto entre dos puntos. La habitación está estudiada para no sentir soledad. Los familiares de mi madre, los del otro enfermo y el personal médico. Cuarenta y tres. Alguien ha arrancado un letrerito del metro y lo ha colocado, con sentido del humor, en la puerta: “Antes de entrar, dejen salir” La otra enferma es una mujer de unos 20 ó 60 años, con evidentes síntomas de obesidad mórbida. -Tranquila, Juani... -Como me traigan, otra vez, verdura hervida se la van a meter por donde les quepa. Mi madre me ha sonreído con tristeza de limón ,y, sorteando gente, yo, que no soy muy partidario de los sorteos, he alcanzado su cara y la he besado. Ha sido una estampa muy tierna y muy cinematográfica. La hora de visita se acaba, como se acaban los kikos en una bolsa de diez céntimos, como acaban las cosas buenas, cuando empiezas a disfrutarlas. * -Tenga, la recaudación. -No. Deme 50 euros, con eso me llega. Tuyita tiene mucha personalidad atracando. Ha guardado el billete y la pistola en el bolso, ha sacado la barra de labios y, aprovechando el reflejo del escaparate, se los ha retocado.. -No es normal este calor en este tiempo ¿ verdad?. Será el calentamiento global, ése que dicen. – dice Tuyita. -Yo, desde luego, estoy sudando. – dice la dependienta. -Después de atracarla es normal. Siéntese un ratito. ¿ Le traigo un café? -No, gracias. Tuyita se ha mezclado entre las madres que recogen a sus hijos, a la salida del colegio. -¿ y qué has hecho hoy, cariño? -Yo he pintado un barco y Pancho una casa con un huerto y un perro y un señor que sembraba patatas y una montaña y un sol que hacia sudar al hombre y el perro estaba sentado porque tenía calor. Los niños lo ven. Los adultos decimos que lo vemos. Las películas no imitan la forma de actuar de la policía. La policía imita a las películas. Uno por cada punto cardinal. Rotativos sonando. Frenada y derrape. El coche de Ana quedó acorralado. Dos pistolas por cada ventanilla, ocho más cubriendo la espalda de los primeros y cientos de curiosos cubriendo la espalda de los segundos. Tuyita dentro del coche escuchando a El Fary y mirando atónita la escena..Uno de los policías manda salir a Tuyita , el otro le dice que no es necesario el megáfono, que está muy cerca, el primero lo guarda. El público se ríe. El Fary canta. Tuyita mira la escena desde dentro. Al acercarnos, Ana y yo pensamos que estaban rodando una película. -Qué suerte tiene Tuyita, le han dado un protagonista en una película de acción – dice Ana Un niño come un inmenso cubilete de palomitas de maiz. -¡Alto, policía!- dice uno de los dieciséis policías, el más alto y el más guapo de todos. -Estos son cómplices – dice el niño que come palomitas. -Ésta ya la he visto – el de las palomitas.- Ahora la mujer policía cachea a la chica y el poli esposa al chico, verás... -La mujer cachea a Ana y el policía me esposa. Oiga, déjeme que yo antes de las doce tengo que estar en casa – le digo al guapo. El público ríe. -No te hagas el gracioso – el guapo, otra vez. Los policías nunca se ríen pero encuentran muy gracioso todo. * -Tigretón5 para Donuts8. ¿ Me recibe?. Cambio. -Escucho y a la orden, Tigretón5. Cambio. -Llevamos 3, con un delito 124, para el juez 7. Cambio. En comisaría un hombre me miró y abrió y cerró la boca varias veces, a los pocos segundos, y ya con la boca cerrada, se oyó .-¿ tienes hora? -Las 7 y cuarto – le dije. A los pocos segundos, el mismo hombre se golpeó, con el dedo índice, varias veces la esfera del reloj. - ¿Has visto qué cosa más rara, Ana,? es como si estuviera mal doblado. -Me voy a poner la cocaína antes de que me la encuentren, estos son capaces de quitármela, -dice Ana, claro. Frente a mi una mujer con una inmensa melena roja, pestañas postizas, labios protuberantes, una camiseta ceñida roja que deja adivinar dos hermosos senos, una minifalda de cuadros escoceses, no lleva ropa interior, abre las piernas cuando observa que la miro, deja ver su micropene y me guiña un ojo. Lo típico de una comisaría. Hasta ahí todo normal... Se callen, se sienten, se saquen el carnet y se esperen – dice un guardia civil muy reflexivo. Las siete y media. A esta hora nunca sé si merendar algo o esperar para cenar bien.. Hay tardes que tomo una bolsa de Cheetos al queso y otras, como hoy, que prefiero no tomar nada. Ana sale del baño llorando por un ojo. Es normal que esté medio triste. -Me he puesto todo por el mismo agujero y se me ha quedado el ojo a la virulé. El ojo de Ana llora de felicidad. A mi me gustaría llorar ahora, pero no tengo muchas ganas. El hombre mal doblado ha estado un rato abriendo y cerrando la boca, pasea...Cuando se sienta, se oye: - Voy a estirar las piernas, estos cabrones acaban con la paciencia de cualquiera. Las manos de Tuyita limpiaban la pistola. La cabeza se estaba dando un paseo por la infancia y recordando, sugerido por el brillo de los tricornios, unos zapatos de charol que limpiaba cada domingo. El frontal de los tricornios es un buen sitio para poner publicidad, pensaba yo. Sería una publicidad muy efectiva. Un control en pleno mes de agosto a las 4 de la tarde. Todos los conductores pasando lentamente y fijándose en los policías, en el frontal de sus tricornios “Beba Coca Cola”, por ejemplo. Muy efectiva. Al salir de comisaría el sol boqueaba, a punto estaba ya de despeñarse horizonte abajo, como cada tarde. Tuyita debe renovarse el permiso de armas si no quiere tener problemas. * Mi padre mira a mi madre con tristeza, como cuando se le muere una palabra. Las palabras se mueren de una forma extraña, no es de un día para otro. Las palabras se arrumban en el asilo de las palabras viejas y allí se las deja agonizando, hasta que un día, cuando ya nadie se acuerda de ellas, se produce el fatal desenlace. Que es una pena, dice mi padre, porque ya no se hacen palabras como las de antes, que antes las hacía la gente de forma artesanal y ahora las hacen en laboratorios, con esperma español y óvulos ingleses, dice mi padre. Que antes los Conguitos eran deliciosos o exquisitos y que ahora son superricos y que así no se puede hacer poesía, dice él. * Escoge el próximo pasaje
Hasta aquí llega lo escrito para esta línea narrativa de la historia. Si lo deseas puedes contribuir escribiendo el próximo pasaje.
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